Ya no seré Papa sino un simple peregrino: Benedicto XVI

Castelgandolfo, 28 de Febrero ¬_RAM_ “!Gracias!.Estoy feliz acá con ustedes. Ya no seré Papa sino un simple peregrino que se encamina para su última etapa en la tierra”, fueron las palabras de Benedicto XVI, desde un balcón de la residencia de verano de Castelgandolfo, a manera de despedida de sus fieles.

Allí llegó tras un vuelo de 15 minutos en un helicóptero de la Fuerza Aérea Italiana, desde el Vaticano, donde fue objeto de una conmovedora despedida, en medio de un vuelo de campanas.
También en su cuenta en Twitter, Benedicto XVI escribió: “Gracias por vuestro amor y cercanía. Que experimentéis siempre la alegría de tener a Cristo como el centro de vuestra vida”.
En su último discurso, visiblemente emocionado, el pontifice afirmó: “Sigamos todos juntos adelante por el bien de la iglesia. Estoy muy feliz de estar con ustedes”, complementó para advertir que solo seguiría hasta las 8 de la noche como máximo jerarca de la iglesia católica.
Las palabras las pronunció Benedicto XVI desde el balcón central del palacio de Castel Gandolfo, en donde apareció para saludar a las miles de personas reunidas en la plaza, en el último acto público de su pontificado.
Desde primeras horas del día, vecinos de pueblo y fieles venidos de toda Italia y del extranjero aguardaron en la plaza la llegada y saludo del papa, poco después de que dejara el Vaticano en un vuelo de 10 minutos en helicóptero.
Los feligreses lo vivaron y aplaudieron. Igual lo hicieron los que siguieron sus palabras frente a las pantallas gigantes instaladas en la Plaza San Pedro, en el Vaticano.
En la breve intervención, en el balcón de la residencia papal veraniega, Benedicto XVI señaló:
«Queridos amigos, estoy feliz de estar con vosotros, aquí se nota el contacto con la belleza de la Creación, gracias por la amistad y por el afecto. Vuestra simpatía me hace mucha bien. Ya sabéis que este es un saludo distinto a los anteriores ya no soy Pontífice, lo soy hasta las 8 de la tarde. Ahora soy solo un peregrino en la última etapa de su peregrinaje sobre esta Tierra. Adelante por el bien de la Iglesia. Me gustaría, con mi oración y todas mis fuerzas interiores y morales, trabajar por el bien cómún de la Iglesia en el mundo”.
Benedicto cerró su intervención impartiendo la bendición, luego de lo cual concluyó: Gracias y buenas noches.
Previamente en el encuentro de despedida con los cardenales, Ratzinger ofreció al futuro Papa su “incondicional obediencia”.
“Desde hoy prometo al futuro Papa mi incondicional reverencia y obediencia”, dijo Benedicto XVI.
“Que el Colegio de Cardenales sea como una orquesta”, instó el Papa a los purpurados tras recalcar que “la diversidad” debe conducir a la “armonía”, en referencia a la elección de su sucesor.
El pontífice fue despedido en un clima de fuerte emoción en el Patio de San Dámaso por un piquete de la Guardia Suiza y sus colaboradores de la Secretaria de Estado.
Allí, fue en un automóvil, acompañado de su secretario, Georg Ganswein, hasta el helipuerto, construido en un lateral de los Jardines Vaticanos.
Con lágrimas, entre ellas las de su secretario y Prefecto de la Casa Pontificia, Georg Ganswein, despidió este jueves el Vaticano a Benedicto XVI, tres horas antes de que el 265 sucesor de Pedro deje de ser el líder espiritual de 1.200 millones de católicos de todo el mundo.
Desde varias horas antes de que el papa Ratzinger abandonara el Vaticano para trasladarse a Castel Gandolfo, cardenales, arzobispos obispos, sacerdotes, religiosas y numerosos laicos que prestan su servicio en el pequeño estado, con sus hijos y nietos, aguardaron en el patio de San Dámaso para despedirse.
El ambiente era de tristeza y emoción y ni los vistosos colores de la Guardia Suiza, de la que un piquete con bandera rindió honores, alegraron la espera.
Las lágrimas comenzaron a derramarse cuando el papa, apoyado en un bastón, apareció en el patio acompañado del cardenal secretario, Tarcisio Bertone, y sus colaboradores de la Secretaría de Estado.
La emoción era tal que el mismo secretario particular del papa, don Georg, no pudo contener las lágrimas y se le vio visiblemente emocionado.
Mientras tanto en la plaza de San Pedro, a escasos metros del patio de San Dámaso, miles de personas se congregaron ante las pantallas gigantes de televisión ubicada en la Columnata de Bernini, muchas de la cuales tampoco pudieron contener las lágrimas.
Bajo un cielo prácticamente despejado y sobre los adoquines de la plaza, un grupo de jóvenes alemanas sentadas en corro, algunas de ellas vestidas con el traje típico de Baviera, de donde procede Benedicto XVI, dedicaron al Pontífice canciones típicas de su país de despedida.
La melodía acompañada por guitarras tan solo se vio interrumpida por el rezo de un rosario colectivo, al que se unieron fieles de todas partes del mundo.
“Estamos tristes, pero es un signo de humildad”, dijo a Efe una de las jóvenes alemanas, que subrayó su admiración hacia su compatriota.
La monja mexicana Margarita Trujillo, de las Misioneras Ecuménicas, admitió que estaba “contenta” porque la decisión de Benedicto XVI ha sido tomada “libremente por el bien de la Iglesia”.
“Se experimentan sentimientos contrapuestos. Pero esta decisión es buena para su salud”, agregó la religiosa.
La emoción, la tristeza y el respeto se podía leer en el rostro de los fieles cuando apareció el papa en el patio de San Dámaso, momento que quisieron inmortalizar a través de cámaras de fotos, teléfonos móviles y otros dispositivos tecnológicos.
“Estamos muy conmocionados, nos hará falta su presencia. Pero como él mismo dijo, estará con nosotros a través de su oración”, explicó afligido y sin dejar de mirar las imágenes el sacerdote romano don Graziano, que llevaba una pancarta en la que se leía: “El papa es el corazón de esta ciudad”.
Con una bandera de Puerto Rico en la mano, el sacerdote Danilo Martínez Duarte expresó su cariño al papa, pero precisó que a la “Iglesia la guía el Señor y no hay nadie indispensable”.
“Siento tristeza y esperanza. Con su decisión, Benedicto XVI nos enseña que el mañana siempre será mejor y que la barca la guía el Señor”, resaltó el puertorriqueño.
En el momento en el que el helicóptero en el que viaja Benedicto XVI, de casi 86 años, despegó del helipuerto del Vaticano a las 17.07 horas local (16.07 gmt), los congregados en la plaza, mirando al cielo esperando ver el aparato, se despidieron de él con un efusivo adiós, entre lágrimas, y con pañuelos blancos en sus manos.
Muchos fieles se congregaron en las azoteas de los edificios cercanos al Vaticano para ver como se alejaba de la colina vaticana el helicóptero que llevaba al papa Rastzinger y en las barandillas colgaron pancartas, una en español, en la estaba escrito: “Benedicto gracias por vivir de la fe en verdad y amor”.
Una bandera mexicana acompañaba la pancarta, al igual que otra alemana junto a la palabra “danke”, gracias.
Las campanas de Roma, entre ellas las del ayuntamiento y la grande de la basílica de San Pedro, acompañaron con sus sonidos la marcha del papa Ratzinger, que a partir de ahora, como dijo en su último discurso público, será “un simple peregrino, que inicia la última etapa de su peregrinación en esta tierra”.
Benedicto XVI, 265 sucesor del apóstol san Pedro al frente de la Iglesia católica, dejó de ser hoy papa, tras un pontificado que comenzó el 19 de abril de 2005, cuando fue elegido sucesor de Juan Pablo II en el primer cónclave de este tercer milenio.
A las ocho de la tarde de hoy -como decidió él mismo cuando el pasado 11 de febrero anunció que renunciaba al papado porque, debido a su avanzada edad, ya no tiene “fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”- dejó de ser el líder espiritual de los más de 1.200 millones de católicos del mundo.
No ha habido ceremonia especial, ya que como establece el Código de Derecho Canónico lo único que hace falta es que el papa renuncie en plenas facultades mentales y lo haga presente ante los cardenales, lo que había hecho ya el pasado 11 de febrero.
La única señal visible que anunció que Benedicto XVI ya no era papa fue el momento en el que se escuchó en el reloj de palacio las campanadas de las ocho de la tarde e inmediatamente la Guardia Suiza cerró la puerta del palacio de Castel Gandolfo, dando por concluido su servicio al papa Ratzinger y abandonando el lugar.
A partir de ese momento, la seguridad de Ratzinger está garantizada por la Gendarmería Vaticana.
Inmediatamente ha dado comienzo la Sede Vacante, el interregno que va desde que fallece o renuncia un papa y se elige el sucesor.
El papa Ratzinger abandonó hoy el Vaticano tres horas antes de dejar de ser pontífice y se trasladó a la residencia de verano de Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros al sur de Roma.
Benedicto XVI permanecerá en Castel Gandolfo hasta que estén acabadas las obras de restauración del convento de monjas de clausura existente dentro del Vaticano, donde vivirá.
Le acompañan en su nueva residencia sus dos secretarios -el prefecto de la Casa Pontificia, el arzobispo Georg Ganswein, y Alfred Xuereb- y las cuatro seglares consagradas que le ayudan, la llamada “familia pontificia”.
Ratzinger se ha llevado a Castel Gandolfo documentos y apuntes privados, mientras que los del pontificado y los de la época en que fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe quedarán en el Vaticano para ser archivados.
Benedicto XVI seguirá llamándose Su Santidad y tendrá el título de “papa emérito” o “Romano Pontífice emérito”, vestirá sotana blanca, sin esclavina, y calzará zapatos marrones.

 

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