El ocaso

Se ha dicho a lo largo de la historia que cuando una institución que representa al pueblo atenta contra los intereses de los representados o se convierte en un obstáculo para el desarrollo de éstos, o peor aún en su enemiga, el pueblo tiene el legítimo derecho a reformarla. El paro cafetero, con cientos de miles de productores de café, agolpados en las carreteras mientras los burócratas de la Federación de Cafeteros en Bogotá les voltearon la cara, demuestra que el momento de su reforma le llegó a esta institución.
Mientras cientos de miles de productores salen de sus fincas a protestar por la miseria en que viven y el olvido gubernamental y gremial, el gerente de la Federación, Luis Genaro Muñoz, los llamó facinerosos. Como si no fueran ellos quienes intentando sobrevivir en medio de las importaciones del grano que este personaje permite, y que con el sudor de su frente, con los créditos de los bancos que los ahogan, pagan una onerosa contribución de donde sale el sueldo y las prebendas de las que disfruta el señor gerente. Sus palabras no merecen otra cosa que el repudio de los productores.
Pero también es el momento de pasar al tablero de las cuentas a los representantes al Comité Nacional de Cafeteros. Estos distinguidos personajes, que en muchos casos llevan décadas en sus sillas aplaudiendo las nefastas decisiones que, de consuno con los gobiernos, nos han sumido en crisis, viajaron a Bogotá a levantar un paro que no convocaron. Se arrodillaron ante la propuesta del Gobierno, de generar el odio de clases entre pequeños, medianos y grandes caficultores, que por décadas han dado ejemplo al país de democratización de la tierra e ingresos, de convivencia y ayuda mutua, por eso en las manifestaciones escuchamos el rechazo a estas propuestas, al unísono de ‘lo que juntos empezamos, juntos lo terminamos’.
Entendemos, “representantes” del Comité, que además de sembrar el odio lo único que ustedes buscaban era legitimar el uso indebido de la fuerza contra sus otrora representados agolpados en la vías. ¡Qué caro les va salir esto! Porque si ustedes aún conocen la vergüenza, no tendrán cara para mostrar cuando regresen a sus regiones, a sus veredas, a sus fincas, a decir que fueron sus acciones las que llamaron al uso de la fuerza contra el derecho legítimo de la protesta justa. Llegó la hora de pensar en cambios estructurales en el modelo cafetero, y esos cambios deben empezar por negarles a ustedes el voto y la representación.
El paro cafetero representa un quiebre histórico. Demuestra la grandeza de unos campesinos, pacíficos pero no arrodillados, virtudes que lastimosamente sus “representantes institucionales” nunca aprendieron.

Alexánder García Peláez. cafetero en Palestina, Caldas

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