Las caras de Colombia

En pocos días, vimos dos caras de Colombia. La de Barranquilla, su tarde cálida y de fútbol estético, eficiente, lleno de oportunidades y los goles que aparecieron pronto. La fiesta del fútbol en toda su extensión. Pero, a diferencia de otros tiempos, la Colombia de Pékerman insistió en ir adelante, en martillar, buscar la puerta boliviana hasta el último minuto. Y fue un 5-0 inobjetable.

Luego vino el juego con Venezuela, que había perdido 3-0 con Argentina en su visita a Buenos Aires, pero no siempre los resultados nos cuentan la verdad. La Venezuela de Farías es un equipo sólido, con amplias posibilidades de ir a Brasil. Muchos pensaron que el juego favorecería a Colombia en Puerto Ordaz y que el fútbol de la gente de Pékerman se terminaría imponiendo. No se gana en el terreno de las suposiciones.

Esta vez, los goles no llegaron, pese a las oportunidades generadas. El equipo se llenó de ansiedad. Acostumbrado a golear y a someter a sus rivales desde los primeros minutos, vio cómo transcurría el tiempo y la bola no entraba. Nadie puede dudar de los esfuerzos de Pékerman para buscar fórmulas de gol. Terminó con tres delanteros y el equipo jamás renunció a atacar e ir adelante.

En medio del dominio de Colombia, los venezolanos provocaron opciones más claras de gol, fueron más cautelosos y leyeron con acierto las debilidades del rival. Vimos la otra cara de Colombia, la de la derrota, la de Falcao descompuesto, la de Cuadrado ansioso, la de Macnelly, alejado de la serenidad que le caracteriza. Inclusive, al mismo Pékerman, un hombre tranquilo, se le alcanzó a ver salido de casillas cuando recibió un balón en la raya y se le vio forcejeando con un jugador venezolano.

Y es bueno que esto suceda cuando Colombia acumula buen puntaje en la eliminatoria y cuando el mundo futbolístico, una vez más, voltea los ojos hacia el país y se llena de elogios por el fútbol que se muestra en cada partido. Es positivo que la caída ocurra cuando el equipo empieza a alzar vuelo y a demostrar que no solo tiene con qué ir al Mundial, sino que tiene demasiadas cualidades para ser protagonista del mismo. Se aprende más de la derrota que del éxito.

Venezuela le ha ganado a una Colombia diferente. A una Colombia que, como pide Pékerman, respeta al rival. A una Colombia que tiene claro un patrón de juego: hacerse a la pelota, sin importar si se es visitante o local. A una Colombia que ha hecho que cada vez más jugadores utilicen la pelota para crear, para tocar, para generar espacios y oportunidades de gol.

Venezuela ha derrotado a una Colombia más madura. Con jugadores que comprenden la importancia de representar a un país, con jugadores que lo dejan todo hasta el último minuto. En la Colombia de hoy, los jugadores se alimentan pensando en las consecuencias que su nutrición tendrá para su rendimiento. La Colombia de hoy se ve más unida. Tiene más claro el objetivo, y en su mentalidad se nota que mira a la distancia, se nota que de ella está lejos el débil y poco ambicioso discurso de que llegamos al mundial solamente a participar.

Colombia, en pocos días, ha vivido las caras del triunfo holgado y la derrota. Pero mantiene su idea del fútbol generoso y bien jugado, la cual se consolida con las adversidades y con las inolvidables exhibiciones. Y no parece que este tropiezo haga perder el rumbo. Desde ya, el mundo del fútbol se frota las manos con el juego Argentina-Colombia. Será allí donde la gente de Pékerman, como dicen en el mundo de los toros, tome la alternativa.

Por: Gabriel Romero Campos.–

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