Oración por la Paz

Sin padrino para la reeleccionjpg compQue cese el llanto de los deudos sobre los ataúdes que, amortajan los cadáveres de sus seres queridos, víctimas de esta guerra atroz que a todos nos oprime, que destruye las riquezas de la Patria, y siembra sus lares de tumbas y calvarios.

Que los hijos de las madres de la guerra, nacidos en medio de las balas; logren un hogar digno, que les permita crecer sin odios y sin llanto, para borrar las secuelas del dolor que meció su cuna, del hambre y la miseria que se cosió en su alma.

Que se silencien los fusiles, y los campos se surquen de amor, de esperanza y productividad, para que los Pueblos, aldeas y veredas, vuelvan a ser los remansos de paz, y con las brisas frescas de un nuevo día, el presagio de un bello amanecer.

Que los atardeceres continúen siendo el escenario de bellas historias, y el canto de coplas en honor a nuestros antepasados que, murieron víctimas de una guerra cruel e inhumana, de la cual no fueron, ni sus autores, ni sus artífices.

Que se escuche el dolor y el llanto por los que murieron, y dejaron en sus herederos las cicatrices ocultas en lo profundo de su alma, por las duras faenas que soportaron en medio de una confrontación, sin razones justas, y de ideologías inocuas.

Que los campesinos desplazados, regresen a sus parcelas, sin odios, sin rencores y sin retaliaciones. Con la garantía del Estado que, está en la obligación de apoyarlos y proveerlos; para que  empiecen a producir el néctar de la vida, para quienes habitan en las áreas urbanas.

Que las viudas víctimas de la violencia y del conflicto, sean resarcidas en sus daños morales y materiales. Quizás en el silencio profundo de su alma, guarden con dolor y amargura el viacrucis de la violencia sexual,  presenciada por sus hijos adolescentes.

Que los niños secuestrados, -con engaños y mentiras-, para ser llevados a los campos de concentración y de combate; regresen a sus hogares: a reencontrase con sus familias, a retomar sus juegos infantiles, y a soñar con un mejor mañana.

Que los desaparecidos bajo el silencio de la noche, o los horrores inclementes de la guerra, que crean en sus familias la zozobra, y en la sociedad la angustia de la espera; sean ubicados, en sus fosas comunes, para darles cristiana, sepultura.

Que a los soldados y policías caídos en combate, defendiendo la grandeza de Colombia, se les reconozca como héroes de la Patria.  A sus familias, se les indemnice, porque forman parte del dolor y la violencia, y se les ubique en los panteones de los héroes sacrificados.

Que a los huérfanos y mutilados del conflicto, que añoran el cese de los combates, para abrir nuevamente los caminos, otrora senderos de progreso y de bonanza; se les escuche el mensaje de paz, de amor, de esperanza y reconciliación.

Que a los secuestrados por manos criminales, que lloran su injusta prisión en tensa calma, se les abra nuevamente las  esperanzas de libertad, regresen al seno de sus hogares, y reinicien una nueva vida, con el resarcimiento de los daños y perjuicios causados.

Que los postulados de: verdad, justicia y reparación, sean verdadera prenda de garantía para continuar adelante con los diálogos de Paz. Que sus actores, tanto del Gobierno como de las FARC, no se llamen a engaños, ya la comunidad Nacional e Internacional, tienen plenamente identificados los desaciertos que empiezan a cometerse. Corregirlos no cuesta mucho, pero, continuar en el error costará demasiado. Sería como firmar la paz de los sepulcros.

Que el proceso de paz que se está construyendo, con la anuencia y el aplauso de la comunidad Nacional e Internacional, sea un modelo de verdad, con la sinceridad de parte de los subversivos que, tanto dolor, muerte y desolación, han causado a nuestro País.

Que a los corruptos y delincuentes de cuello blanco, incrustados en las altas esferas del Estado, se les asimile como verdaderos terroristas. A quienes se han robado los dineros de la salud, se les procese como cómplices de las miles de muertes causadas por su culpa.

Que los planes y programas de desarrollo que se estructuran, para resarcir los daños causados a sus  víctimas, se cumplan a cabalidad, para que nuestros campesinos regresen a sus parcelas con la certeza de que el Estado les garantizará los derechos vulnerados.

Si todos estos propósitos se cumplen, nos podemos dar el abrazo de hermanos colombianos, identificándonos con una misma razón, con un mismo propósito y con unos mismos objetivos: trabajar por esta Patria: Sufrida, martirizada, ensangrentada y enlutecida.

 

Por: Uriel Ortiz Soto (*)

 

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