Pais injusto, atrasado e inseguro

El presidente Santos, quién lo creyera, es un fenómeno. Si fuera escritor sería más exitoso que Dan Brown y Gabo juntos y los tendría reducidos al papel de patihinchados.

Por poco cumple tres años al mando y apenas le alcanzó para soñar con un país “justo, moderno y seguro”, lo que en buen romance quiere decir que perdió el tiempo deshojando margaritas. A un Presidente le está prohibido soñar porque es elegido para hacer, todo el tiempo. Los sueños están reservados a candidatos, poetas, amantes, enamorados.

A Santos se le fueron los días en recitar aquellos versos de don Pedro Calderón de la Barca en su comedia cumbre LA VIDA ES SUEÑO: “…yo sueño que estoy aquí destas prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son…”

Y así será que el doctor Santos sueña, porque lo vivido con él ha resultado para el resto de espantados ciudadanos una amarga y oprobiosa pesadilla, de la que es preciso despertar a como dé lugar.

¿Acaso será justo un país con altos índices de miseria, con un gobierno que da pescado pero no enseña a pescar?

¿Será moderno este país asistencialista que, al mejor estilo chavista, pretende controlar toda esa masa maleable de electores sin esperanza?

¿Será seguro un país en el que, para recorrer calles, campos, carreteras sea menester estar en gracia de Dios, en previsión de atentados, atracos, balaceras?

Y, ¿podrá ser justo un Estado que permite la existencia de raleas que así mismas se privilegian ingresos y pensiones?

Y, ¿podrá ser moderno un Estado que celebra Tratados de Libre Comercio a porillo, mientras que carece de capacidad instalada eficiente e infraestructura, que le eviten perecer en el intento?

Y, ¿podrá ser seguro un Estado en trance de declinar soberanía sobre grandes porciones del territorio, en favor de hordas asesinas?

Y, ¿sería justa una Nación que aligera las cargas a los pudientes, para compensarlas con gravámenes abusivos a los asalariados?

Y, ¿sería moderna una Nación que flaquea en construir las grandes autopistas que requiere el desarrollo, a cambio de abrir las carreteritas de siempre?

Y, ¿sería segura una Nación en manos de extorsionistas que, a diario, exaccionan por igual a comerciantes formales e informales?

¿También será justo un país en manos de una justicia morosa, cuando no cooptada por toda suerte de mamertos?

Además, ¿será moderno un país con un aparato industrial trabajando por debajo de la capacidad instalada, porque la economía va mal?

Por lo demás, ¿será seguro un país en el que el ahorro público se esfuma por arte de birlibirloque en alcantarillas como Interbolsa y Factoring Group, sin que pase nada?

O será justo, ¿que el 15% del erario comprometido en la contratación pública sea presa de lobistas y funcionarios corruptos?

O en adición, ¿será este un país tan moderno que resista treinta y tantas reformas constitucionales, en 23 años?

Al mismo tiempo, ¿podrá decirse que somos tan seguros que, al igual, se tolere el sainete montado en La Habana y el asesinato de compatriotas inermes?

De aquí en adelante agreguen lo que se les ocurra y posiblemente estemos de acuerdo en que padecemos un país injusto, atrasado e inseguro.

No soy de izquierda, Dios me libre y favorezca y abrevo, sí, en la Doctrina Social de la Iglesia y para nada me chocaría una implosión que se ponga del lado de los pobres, encausada por líderes responsables.

Tiro al aire: Santos busca contaminar al Papa Francisco con las elecciones y lo invita a visitarnos este año. ¡Irrespetuoso, ventajista!

 

Por: Francisco Galvis Ramos

En Twitter @franjagalvis

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