Seguridad, tema aplazado

Mando al chorizo temas como la elección del Papa, que me interesa, la momificación de Chávez, por ser propia de tanatólogos y de eso no sé, y la inutilidad de sus serenas majestades el Presidente y el Congreso, a los que les sobran escribanos y fariseos, porque hay que volver sobre el tema de la inseguridad que satura cementerios y plaga salas de urgencia donde yo vivo.

El pasado 24 de julio me ocupé de ello bajo el título “No envolvamos las cifras en huevo”, para desnudar el hecho inaudito de cómo las autoridades suelen maquillar las cifras de homicidios y asuntos afines a la inseguridad que vivimos en campos y poblados, casi sin excepción.

Sigo descreyendo de la capacidad, cuando no del compromiso, de los responsables del orden público para neutralizar efectivamente a los bandidos, cualquier sea su denominación, y ni me pregunten por qué, porque los hechos son tozudos y notorios. El último fin de semana hubo 35 muertes y si quieren réstenle 3 reconocidos extorsionistas y el guarismo sigue siendo alto.

Ni las fórmulas matemáticas del gobernador Fajardo, ni las súplicas por la vida del alcalde Gaviria han servido para forro.

Indican los resultados, que uno y otro carecen de planes, estrategias y tácticas para atender el deplorable caos. No hay una política de seguridad para AntioquiaMedellín e, incluso, se habla de los escasos recursos destinados a tal menester, contrastando con administraciones precedentes, como quien sospechara del rigor con que fueran administrados por la Fuerza Pública.

Cuidar el erario no pasa por no invertir, por no gastar en la tranquilidad de la comunidad. Obrar bajo semejante bobalicona premisa es poner a la gente a merced del hampa.

Insistir sobre Antioquia sería llover sobre mojado. El gobernante ni ve, ni oye, ni entiende, encerrado como está en alcázar de vanas pretensiones y repelente suficiencia. Fajardo está de tal manera ensimismado en el delirio, que no lo despertaría ni su mentor el doctor Vélez Argos.

Como lo ha registró El Colombiano, hace 100 años la gente en Medellín también se moría, pero de tifo. Hoy sigue muriendo, pero de ‘plomonía’. La diferencia está en que el tifo fue un problema sanitario a la larga superado, mientras que la epidemia del plomo sigue sin recibir respuesta oficial adecuada.

Todos tenemos que morir, pero no de la manera que está sucediendo. ¡Una vergüenza!

Estamos asediados por extorsionistas, homicidas, violadores, atracadores, secuestradores, expendedores de narcóticos, etc., y esto no parece concernirle más que a las propias víctimas. Ninguna autoridad responde con contundencia, estamos a merced de los Ángeles de la Guarda y los boletines oficiales que reproducen los medios, plagados de mentiras: no hay que creer en el decremento de la criminalidad que pregona la burocracia roncera, ni en las cifras del gasto en seguridad del profesor Carrillo Flórez.

Aquí lo que hay es ausencia de denuncias bajo el predicado de que la Policía Judicial y lo que hay de ahí para adelante no sirven para pudre. Las partidas sí que quiere llegan, si es que llegan, disminuidas por efecto del centralismo y la corrupción.

A eso sumémosle altas tasas de desempleo, servicios públicos costosos e impuestos tasados sobre bases tributarias y tarifas impagables y todo estaría dado para revocarle el mandato al Alcalde, más interesado en la contratación que en la ley y el orden en las calles.

Medellín se equivocó al elegir a este mandatario por algunas razones ilegítimo, puesto allí por descarada intervención en política y el buen señor don dinero de la burguesía local. Faltó rigor, porque en buen romance debieron poner allí a Juan Esteban Álvarez, el regidor verdadero y evitar lo que sucede: que este manda desde el reclusorio y el otro devenga. ¡Una farsa!

Tiro al aire: dijo Lope de Vega en La inocente Laura: “Aunque yo ignorante sea, sé de los sabios que trato, conocer un mentecato, a mil pasos que le vea.”

 

Por: Francisco Galvis Ramos

En Twitter @franjagalvis

contrapuntomedellin.worldpress.com

 

  Share: