Ángela Becerra presentará en el Gimnasio Moderno de Bogotá su novela “memorias de un sinvergüenza de siete suelas”

MEMORIAS DE UN SINVERGUENZABOGOTA, 23 de Abril ­_RAM_ El evento se llevará a cabo en el Gimnasio Moderno (Calle 74 # 9-24) el jueves 25 de abril, a las 7:30 p.m. Entrada libre.

Esta novela es un trío de pasiones llevado al límite. Un matrimonio que se odia y debe convivir con la permanente sombra del primer amor del protagonista.

Tres voces con identidades muy marcadas y singulares narran en primera persona, bajo el influjo de sus propios sentimientos y emociones, una misma historia: la historia de este ilustrísimo Sinvergüenza. Esto responde a la realidad de la vida misma. La de que un mismo hecho vivido puede llegar a ser interpretado, de forma bien distinta -según le ha afectado-, por cada uno de los personajes.

Francisco Valiente es el gran protagonista. Un casanova del siglo XXI: el refinado villano, el sublime farsante capaz de deslumbrar a los eruditos, seducir a las mujeres, saquear a los ricos, engañar a los listos, corromper a políticos… todo en su propio beneficio. Y, sin embargo, a pesar de conseguirlo, continúa insatisfecho pues lo único que verdaderamente le importa, no lo tiene: su primer y único amor. El que, paradójicamente se convierte en su leitmotiv y lo lleva a su descomposición moral; a vivir sin escrúpulos de ninguna índole e ir pisoteando y mancillando a quien se encuentra a su paso.

Su ego es tan desorbitado que termina convirtiéndose en un auténtico pavo real; la misma ave de la que posee centenares que se pasean por sus impresionantes jardines y son el recuerdo de cada una de las mujeres que ha desvirgado.

 

La historia antes de la historia

 

“Quizás una de las cosas más excitantes, cuando todavía no tienes una historia que contar, es ir en su búsqueda; búsqueda que a veces se convierte en todo lo contrario, pues hay historias que son ellas quienes terminan por encontrarte. Ese estado levitacional y vagabundo te lleva a agudizar los sentidos, a mantenerte alerta, y todo lo que te llega se convierte en algo susceptible de convertirse en novela. Un gesto aparentemente trivial, una palabra, una fisonomía peculiar, una noticia, un comportamiento, una vivencia, una sombra…

El embrión de Memorias de un sinvergüenza de siete suelas nació en una maravillosa fiesta a la que tuve la oportunidad de asistir en el Carnaval de Venecia de 1998. Compartía mesa con unas personas que, disfrazadas, habían perdido por completo su identidad y vivían y representaban la que en esos momentos vestían. A mi lado estaba un Giacomo Casanova -ese año, el tema del Carnaval giraba alrededor del legendario veneciano-, que además de llevar un suntuoso disfraz, interpretaba magistralmente su papel. Sus ademanes de seductor, su erudición y brillantez, su voz y elegancia, todo su influjo nos llevó a quienes estábamos a su lado a rendirnos a su encanto. Aquel personaje, del que no supimos nada más que lo que quiso interpretar y enseñarnos (y del que conservo alguna fotografía), me recordó a un hombre que hacía años había conocido: un soberano sinvergüenza al que, una vez descubierta la dimensión de su descaro y comportamiento, bauticé un “sinvergüenza de siete suelas”.

Buscando en los archivos de la memoria y en mis pequeñas libretas, donde suelo anotar todo aquello que me impresiona, me encontré con los dos. Con el falso Casanova del Carnaval y con el verdadero Sinvergüenza, y decidí unirlos. ¿Sería posible que esos dos seres, por obra y arte de la ficción, se convirtieran en un Casanova del siglo XXI? ¿Podría hacer el ejercicio de llevar a los extremos los sentimientos más representativos del ser humano en una novela? De llevarlos a sus máximos, ¿cómo se comportarían?

La historia empezó a armarse en mi cabeza. Cuanto más investigaba y me adentraba en Casanova, más coincidencias veía con el Sinvergüenza que había conocido.

Decidí contactarlo y, después de mucho insistir, me regaló en confidencia algunas de las artimañas de las que se valía para seducir a las mujeres y por qué lo hacía. Fue casi como una confesión en la consulta de un psicólogo. Un monólogo que, imagino, le sirvió a él para adentrarse en sus profundidades y mirarse en su espejo interior.

Me dijo que esa compulsiva necesidad de satisfacer su sed de conquistas efímeras, además de servirle para alimentar su ego, lo llevaba a olvidar su soledad y a rellenar sus tedios y vacíos. Pero mientras que su carrera de seductor crecía, la repugnancia hacia sí mismo también aumentaba; era una espiral de la que no conseguía salir. Aquel sentimiento de rechazo era incapaz de llevarlo absolutamente a la conciencia por miedo a quedar perdido en una nada sin ser.

A esto, que sólo cubre una faceta del “sinvergüenza de siete suelas” que quería plasmar en la novela, le fui sumando la figura del tramposo estafador – investigando a grandes tramposos extranjeros y autóctonos de la historia actual-, la del vividor, la del villano, la del inteligente, el políglota… y en bandeja me aparecieron -desfilando en las noticias- los últimos desmadres y vergüenzas de muchos de nuestros políticos actuales. Ya tenía el perfil del personaje.

La historia me llegaría después, cuando leía desprevenida un diario colombiano. Entre muchas noticias de la sección “regional” aparecía, en un pequeño recuadro sin importancia, un hallazgo que había hecho la policía: en la sala de la casa de un pueblo, el cuerpo de una mujer permanecía embalsamado en una silla mecedora mientras sus familiares y amigos la visitaban cada domingo como si aún estuviera viva.

La novela cubriría el velatorio de este hombre, un solo día, y quienes lo visitaran lo harían para adularlo o reprocharle lo que había hecho en vida.

Los otros dos personajes importantes de mi novela, dos mujeres completamente opuestas entre sí, Alma y Morgana, acompañarían al sinvergüenza durante la historia, abriendo un abanico de sentimientos contrarios que estarían al servicio de llevar al límite las pasiones humanas.

Así el odio, el amor, la venganza, la ira, el erotismo, la frustración, la vergüenza, el ego… y tantas emociones y sentimientos iban a desfilar en la novela vistiendo sus máximos. Denunciando entre otros hechos, la doble moral y la falta de escrúpulos que imperan en muchos círculos de la sociedad.

La historia necesitaba un momento que sirviera al protagonista para mirarse a sí mismo y reflexionar sobre su vida, y ese momento iba a ser su último día entre los vivos.

Tal como imaginaba, los tres grandes protagonistas de la historia, las dos mujeres, Alma y Morgana, y el sinvergüenza Francisco Valiente, cada uno con su respectiva fuerza, lucharían a lo largo de la novela por ganar el pulso de llevar su verdad hasta el final y demostrar que sus emociones y sentimientos eran los válidos. En el caso de Morgana serían el odio y la venganza en todas sus facetas, y en el caso de Alma serían el amor y la comprensión en todas sus vertientes. Todos hacia un mismo ser: Francisco.

El escenario ideal era Sevilla. Una ciudad partida en dos por el Guadalquivir. Dos Sevillas, la de los que tienen y la de los que no tienen. Una ciudad imponente, llena de magia, historia y tradiciones. De ritos, pasiones y arte en todas sus expresiones. La Semana Santa con su bulla semanasantera que esconde sensualidad, misterio, contradicciones, cantos, dolor, cirios y flores. La feria de abril con sus casetas, carrozas y jolgorios… Las romerías al Rocío con el polvo del camino, los llantos, las risas, sus saetas, sus trajes y sus fiestas. La pasión y amor por sus vírgenes y cristos. La Maestranza y su fiesta taurina, los Cortijos… Todos los sentidos potenciados. Azahares, inciensos, música, flamenco… belleza.

Sólo en un escenario tan lujurioso podría darse esta historia. Allí podrían sobrevolar miles de pavos reales (los que Francisco iría coleccionando cada vez que conquistara a una mujer virgen). Allí también podría ocurrir que a las dos y treinta de una tarde, tras la muerte de Francisco Valiente, el cielo se vistiera de luto y acabara convertido en noche cerrada. Entre sus callejuelas, cargadas de contrastes, podría deambular el protagonista en su niñez miserable y en su opulenta adultez”.     Ángela Becerra

 

La historia

 

Francisco Valiente, el polémico ilustre conocido en todo Sevilla, ha muerto en forma extrañamente repentina. Yace en su féretro, en uno de los salones de su mansión, mientras todo Sevilla desfila ante su cuerpo para rendirle su último adiós. Para sorpresa del numeroso público asistente al velatorio, que lo amó y odió a partes iguales, aparece Alma, su cuñada, quien indiferente a las miradas de todos -incluida la de su propio marido-, le dedica una apasionada despedida que la delata, de manera inequívoca, como su amante.

Este gesto impredecible desencadena una serie de reacciones en los que tuvieron la ocasión de conocer al difunto que van desvelando pasiones, recuerdos y secretos de toda una vida: la de este héroe-sinvergüenza.

Así el lector se adentra en el apasionante relato del humildísimo origen de Francisco Valiente, en su vertiginosa ascensión social, su condición de vividor, su genio transgresor de sibarita de la vida y devorador de instantes irredento, y en una más que disipada vida sexual que paradójicamente tiene como origen su amor imposible por Alma, una pasión inextinguible surgida cuando los caminos de una pobre niña rica y un listísimo niño pobre se cruzaron por azar.

 

La autora

 

Ángela Becerra nació en Cali, Colombia, donde estudió Comunicación. En el año 2000, cuando era vicepresidenta creativa de una de las agencias más relevantes de España, abandonó su exitosa carrera para dedicarse por entero a su gran pasión: la literatura.

Su primera obra fue Alma abierta (2001), un bello poemario que aborda los conflictos del ser humano en la madurez, De los amores negados (2003), su primera novela, obtuvo el Latin Literary Award 2004 de la prestigiosa Feria del Libro de Chicago, y una calurosa acogida de la crítica y lectores de España y Latinoamérica. El penúltimo sueño (2005) la consagró como gran novelista. Con ella obtuvo el Premio Azorín de Novela 2005, el Premio al Mejor Libro Colombiano de Ficción 2005 y de nuevo el Latin Literary Award 2006.

En 2007, Lo que le falta al tiempo también fue reconocida con el Latin Literary Award como mejor novela de misterio y de sentimientos. Y en 2009 obtuvo el Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica por la obra Ella, que todo lo tuvo.

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