Carta abierta al Concejal de Bogotá Marco Fidel Ramírez

Respetado Concejal:

Debo admitir que había retrasado en un par de ocasiones este texto y lo hacía por razones personales que no vienen al caso y también por respeto a usted y a su libertad individual de pensar y opinar lo que mejor le parezca. Lo hacía también, honorable Concejal, pese a que el respeto no es una de sus cualidades.

Usted se ha permitido iniciar una feroz e irrespetuosa campaña en contra de los miembros de la comunidad LGBTI en Colombia. Se ha declarado cristiano, dice que “vale la pena servir al Señor”, se considera -como muchos otros que comparten sus creencias religiosas- un ciudadano de bien. Como si bastara con ser católico o cristiano para ser un “ciudadano de bien”, o como si un judío a un ateo no pudieran serlo.

Pero no Concejal, no estoy atacando sus principios religiosos, yo no soy como usted. De hecho, no lo estoy atacando.

Tampoco cuestiono su capacidad intelectual. Su registro académico es admirable y quizás es usted uno de los Concejales con mayor formación profesional en Bogotá. Desafortunadamente para usted, la academia no forja mejores personas. No puedo formarme un juicio como persona de usted porque no lo conozco, pero sí uno como político, y a todas luces usted no es un político correcto.

Se ha declarado en abierta oposición a la aprobación del matrimonio igualitario, argumentando sin rubor alguno que no es “normal”, que no es “como Dios manda”. Reitero su libertad para profesar la religión que desee y de regir su vida según los pasajes de la Biblia si esa es su voluntad, pero el Estado no se rige por principios religiosos sino por principios políticos y un Estado Social de Derecho debe garantizar el bienestar y los derechos de cada uno de sus ciudadanos sin distinción alguna.

Argumenta también sin ningún tipo de vergüenza que la unión entre parejas del mismo sexo es “anti-natural”. Como si el amor fuera antinatural, como si no fuera un mandato de ese Dios en el que usted tanto cree o como si la Iglesia no hubiera rechazado por tanto tiempo el concepto de “natural”. ¿Quiere saber qué es antinatural? Desde el simple acto de vestirnos, o de comer animales hasta la ganadería extensiva y la contaminación ambiental. Todo eso es antinatural.

Su lenguaje es grosero, irrespetuoso, agresivo. El simple hecho de que emita muchos de sus trinos en mayúscula ya dice mucho de su personalidad. Usted y las personas que piensan y sienten como usted se sienten superiores, fieles representantes de una clase digna de poder y respeto, enarbolan las banderas de lo que llaman “las buenas costumbres”, hablan de la “moral”, de “Dios” con alguna extraña costumbre de usar su nombre para todo. Usted irrespeta incluso al Dios que dice amar y defender. “No jurar su Santo nombre en vano” dice un mandamiento, usted debe saberlo mejor que yo.

Y ha organizado un plantón para pedir al Congreso que no apruebe el matrimonio igualitario usando como siempre la bandera intangible de la moral propia del siglo XIX y de manera cobarde al invisible Dios como su trinchera. ¡Y afirma respetar a la comunidad LGBTI!

¿Acaso le gustaría a usted que se organizara una marcha en contra de los cristianos y católicos? Seguramente no. Pese a que en nombre de Dios el cristianismo asesinó a millones de personas durante las cruzadas y la Inquisición. Sin embargo no le gustaría que marcharan en contra de sus creencias, se sentiría perseguido. Junto a usted mostrarían su indignación personas como Roberto Gerlein o Claudia Wilches, quienes han afirmado que defenderán la “familia” y a la “mayoría de colombianos” que no son “amigos del matrimonio gay”. Lo que no han comprendido es que la democracia no se trata solo de obedecer la voluntad de la mayoría sino también de garantizar los derechos de las minorías.

¿En qué cree usted que le afectaría que la unión de una pareja del mismo sexo esté amparada por la ley? ¿Acaso se contempla la posibilidad de prohibir el matrimonio heterosexual? ¿O quizá cree usted que la homosexualidad es contagiosa? Si es así, queda demostrado que de poco le ha servido su formación académica.

Debo hacer una salvedad, lo cual lamento infinitamente: no soy homosexual. Si lo fuera, lo aceptaría y sería feliz con mi condición. Lo que quiero decirle es que no necesito ser homosexual para defender los derechos de la comunidad LGBTI así como no necesito ser afro descendiente o indígena para defender los derechos de las minorías étnicas.

Lo hago porque creo que una sociedad democrática se debe sustentar bajo los principios de la soberanía, la justicia social, la libertad y el respeto. Algo que usted no practica porque hace mucho tiempo perdió la atura en el debate. Su discurso se fundamenta solamente en el sectarismo y el odio: usted desprecia la diversidad.

Ojalá entienda que su manera de actuar no le hace bien a la ciudad, que su proceder solamente acentúa el desprecio hacia la diversidad y eso no lo sirve a la democracia y también, respetado, honorable, dignísimo, excelentísimo Concejal Marco Fidel que usted no es juez de nadie. Bienvenido al siglo XXI.

Andrés Castañeda
@acastanedamunoz

 

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