Gaitán, el inmortal

“Nada más cruel e inhumano que una guerra. Nada más deseable que la paz. Pero la paz tiene sus causas, es un efecto. El efecto del respeto a los mutuos derechos.” J.E.G

¿Qué se puede decir de Jorge Eliecer Gaitán que no se haya dicho? ‘El caudillo’, ‘el tribuno del pueblo’, ‘el negro’, el fundador de UNIR –Unión Izquierdista Revolucionaria-, el alcalde, el jefe único el Partido Liberal, el político que llamaba a sus seguidores “a la carga” contra la oligarquía y los enemigos del pueblo… Gaitán, simplemente Gaitán.
Sin embargo el legado de Gaitán no es simple. Quizás no se pueda hablar de la historia reciente de Colombia sin comprender el fenómeno que representó su figura y sus discursos. Fue un hombre de ideas y de acciones.
Jorge Eliecer Gaitán nació un 23 de enero de 1898. Era hijo de don Eliecer Gaitán que se desempeñaba como librero y de doña Manuela Ayala, educadora. Vivían en el barrio Las Cruces, que para la época era un sector de clase media en Bogotá. Su familia gozaba de estabilidad económica gracias al oficio y reconocimiento de sus padres. Pese a esto, a Gaitán le gustaba más la imagen de un hombre de origen popular que había logrado sacar adelante sus estudios de bachillerato y de Derecho gracias a grandes esfuerzos familiares.
La realidad, es que a Gaitán le gustaba asistir a buenos restaurantes, la lectura y vestir impecablemente. Jugaba tejo y era un gran escritor de cartas de amor.
Era un hombre académico, un intelectual innegable. Finalizó sus estudios de Derecho en 1925 y partió a Roma, de donde regresó dos años más tarde. Hay quienes afirman que en aquellos años, Gaitán tuvo acercamientos a las ideas fascistas y que sus discursos y pensamiento partieron de esa afinidad. Quizás lo que lo maravilló en realidad fue la disciplina y fue eso lo que quiso aplicar durante toda su vida política. En 1937, siendo alcalde de Bogotá, propuso que los conductores de servicio público llevaran uniforme como una medida de higiene. Se presentaron protestas por parte del sector y renunció a su cargo.
Después de la derrota en las elecciones presidenciales de 1946 y tras ser declarado jefe único del Partido Liberal, su lugar en la presidencia estaba casi asegurado. Gozaba de un inmenso apoyo popular y su empatía con la gente era cada vez mayor. El 18 de julio de 1947, tras haberse iniciado una cruenta persecución en contra de los liberales auspiciada en parte por el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, Gaitán convocó a la “Marcha de las Antorchas” para rechazar la ola de violencia contra los liberales en todo el país.
El 7 de febrero de 1948 convocó a una nueva manifestación. “La marcha del silencio” para protestar por las mismas causas. Cada uno de los manifestantes marchaba en silencio sepulcral, vestidos de negro e izando banderas negras. En un acto cerca al Palacio Presidencial, Jorge Eliecer Gaitán pronunció de manera improvisada su famosa “Oración por la paz”, que se convirtió en el más memorable de sus discursos.

El asesinato
Gaitán fue asesinado a la 1:05 pm del 9 de abril de 1948. El presunto asesino, Juan Roa Sierra, fue linchado por una multitud iracunda e incontrolable. A los testigos del crimen, los seguidores del caudillo de todas las clases sociales, se sumaron campesinos que descendieron de las montañas y de los barrios más alejados de Bogotá, ebrios de chicha y la policía. La cadena de hechos violentos que la historia dio en llamar “el Bogotazo” se extendió por todo el país y aún hoy, encuentra eco en las montañas, selvas, valles y llanos de Colombia.

Foto: Lunga – Luis Alberto Gaitán. Tomada de la página de la Biblioteca Luis Ángel Arango
La historia no ha juzgado –y quizás no lo hará jamás- a los verdaderos asesinos de Jorge Eliecer Gaitán, pero su legado está ahí, colándose entre las grietas la memoria del país, retumbando en la consciencia colectiva y repercutiendo en quienes lo recuerdan y admiran, con la seguridad que da el haberse hecho inmortal. Gaitán, sobre todos después de su muerte, no era un hombre, era un pueblo y el pueblo es superior a sus dirigentes.

La marcha del 9 de abril
La movilización en apoyo a las conversaciones de paz en La Habana ha abierto el debate sobre la manera como los colombianos asumiríamos un eventual fin del conflicto. Sectores de la derecha y el uribismo han rechazado la marcha por considerarla una legitimación del terrorismo. Por el contrario, diversos fracciones sociales se han comprometido a participar en ella como muestra de un compromiso con la paz de Colombia.
Es la diversidad la que construye democracia y ambas posiciones deben tener cabida, sin embargo lo que resulta inaceptable es que una manifestación de este tipo intensifique los odios latentes en el país desde hace tantos años. Esta movilización tiene tanto derecho a existir como la del 4 de febrero en contra del las Farc.
Que salgan quienes quieren apoyar la marcha y quienes no compartan sus motivos que no salgan, pero los ataques deben quedar a un lado. No podemos hablar de paz en medio de un ambiente social tan hostil.
@acastanedamunoz

Puede leer la oración por la paz de Jorge Eliecer Gaitán en esta dirección;http://www.enciclopediacolombiana.com/articulos/historia/republica/personajes/gaitan/oracionPaz.php?id=2
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