Los tres caínes

Caín, lo dice el Génesis, fue hermano de Abel, hijos de Adán y Eva. Caín asesinó a Abel con la quijada de un burro. El primer crimen conocido.

No será del caso referirme al novelón de RCN, rico en pauta publicitaria, a costa de la salud mental de los colombianos. Felicitaciones, doctor Ardila, de eso llevará al cielo.

El propósito va dirigido a rendirle “sentido homenaje” a un estelar trío de maravilla que, sin dársele nada, le hace daño superlativo a la Patria: Caín Santos, Caín Samper, Caín Timochenko.

El primero, desde los albores de la administración, no suelta de la temblona mano la quijada y golpea sin cesar la Constitución, las Leyes, a Uribe, al electorado que le confío mandato inequívoco.

Santos traía fama de ladino y nadie creyó, huyendo como salimos del impredecible Mockus, como si se tratase de la peste negra que, al decir de Antoni Virgili de la Universidad Autónoma de Barcelona, asoló a Europa hacia 1348, epidemia terrible que en pocos años diezmó la población del continente.

Por eso estamos como estamos y a la apatía de las mayorías  timoratas que omiten pronunciarse con vigor, siguiendo las voces de las conciencias.

Él no ha olvidado nada, solo que artero ocultó las intenciones de llevarnos al despeñadero histórico inminente en que nos encontramos y al borde mismo de la mayor tragedia nacional, dando pasos de gigante a la destrucción del Estado democrático para dar paso a sistemas superados por los demás mortales, menos en Corea del Norte, Cuba y Venezuela.

Y salta al ruedo el segundo, el impresentable señor Samper, sujeto impúdico en inútil trance de recuperar vocería, luego de haberse zambullido aquel lodazal hediondo del 8.000, para formar con Santos el dueto miseria de la política nacional. Dan grima, dan pena, dan rabia en el alma colectiva, salvo en los conjurados con sus felonías. La historia les tiene un lugar, el candente averno del desprecio colectivo.

El tercero, Timochenko en representación de las genocidas guerrillas de las FARC, por toda la “sangre, sudor y lágrimas” extraídas a la población civil, a los soldados y policías de la Patria, sembradoras de coca, minas y ruina.

A esa “paz” mentirosa de La Habana, a esa marcha del 9 de abril, a la intentona de reducir el país a una piara de abyectos, desde ya le estamos contestando con aquella expresión tremenda de Margaret Thatcher en la Cámara de los Comunes: “no, no y no”.

El dueto deviene en “trío calavera”.

Con Álvaro Uribe Vélez al frente, tocamos a somatén, las campanas suenan al vuelo, arrebatas, convocando al pueblo a la epopeya memorable por la salvación de la Patria mancillada y retomar el rumbo de la seguridad democrática, la cohesión social y la confianza inversionista.

Tiro al aire: mamerto, es un aquella rara solo existente en Colombia, inoculada por Gilberto Vieira y propagada por Kike Santos e Iván Cepeda.

 

Por: Francisco Galvis Ramos/@franjagalvis

contrapuntomedellin.worldpress.com

 

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