Proceso de Paz, el antídoto de Pablo Catatumbo

Los rumores se confirmaron. Alias “Pablo Catatumbo” salió de las montañas del Valle del Cauca para unirse al equipo negociador de las Farc en La Habana. Rumores iban y venían. Incluso, dentro de esos rumores se dice que alias “Fabián Ramírez” tiene una silla reservada en La Habana y que próximamente la ocupará.

Los medios de comunicación registraron la noticia, dando importancia a la novedad, a la trayectoria del líder terrorista que comanda el Bloque Occidental de las Farc, pero hubo ausente análisis de las implicaciones y los costos que le representó al país toda la logística en el desplazamiento del cabecilla criminal.

Pablo Catatumbo tiene influencia criminal en el occidente de Colombia, principalmente  en el  Sur del Tolima, Noroccidente del Huila,  Valle y Cauca. Precisamente en el Valle del Cauca, se encuentran los municipios de Florida y Pradera, cuyo despeje era exigido por las Farc para el denominado “acuerdo humanitario”. Es una zona bastante estratégica, con variación geográfica, valle y selva la caracterizan, lo que a su vez es útil como corredor estratégico del narcotráfico. Era importante desmilitarizar esta zona para reducir la presión de las tropas en contra del cabecilla del secretariado de las Farc.

Durante no pocos años, en esta zona de influencia de las Farc, de Pablo Catatumbo, los policías y soldados de Colombia han hecho presencia por restaurar el orden, de luchar contra la criminalidad y perseguir un objetivo de alto valor llamado Pablo Catatumbo. No han sido pocos los soldados y policías que han muerto en el marco de estas operaciones, así como lo heridos y amputados por mina anti persona sembradas por las Farc. Perseguir y acorralar a Pablo Catatumbo, le ha costado sudor, hambre, sed, cansancio y sangre a nuestros uniformados.

Resulta ahora indignante e inaudito que el Presidente de la República le salve la vida ordenando a las tropas cesar operaciones,  a alguien que lo único que ha hecho es matar y sembrar terror en los colombianos. Es extraña esa filosofía que ha adoptado Juan Manuel Santos: por un lado descuida la seguridad de los colombianos, abandonando el mandato que lo eligió Presidente de la República, y por otro lado protegiendo y salvaguardando a los mayores verdugos que hemos tenido los colombianos.

Juan Manuel Santos pareciera no entender que las Farc y sus estructuras de mando son los enemigos del pueblo, que son el grupo terrorista que más daño le ha hecho a la humanidad si medimos espacio y prolongación en el tiempo. Es inaudito ver que el Jefe de Estado expresó en Kansas, en su alma mater, que le daba nostalgia recordar a Alfonso Cano y la decisión de tener que darlo de baja, cuando fue con el extinto terrorista con quien comenzaron los primeros acercamientos con el actual gobierno con el ánimo de iniciar el actual proceso de paz.

Igualmente, es reprochable que el Comité Internacional de la Cruz Roja se prestara para esta operación de desplazamiento del líder criminal. ¿Qué de humanitario tenía esa operación?

Antes de iniciar el proceso en La Habana y sus anuncios en Noruega, ocurrió una operación semejante para sacar de las selvas del Meta a quien sucedió al Mono Jojoy en el Bloque Oriental y miembro del Secretariado. Hablamos de alias “Mauricio Jaramillo” o “El médico”, quien salió de la zona de combate en vuelo de la Fuerza Aérea Colombiana, en flota expropiada al narcotráfico, rumbo a La Habana.

Tristemente, Juan Manuel Santos ha cambiado la misión de nuestras Fuerzas Militares y de Policía, quien al tenor de la constitución tienen la misión y exhortos para defender a los colombianos. Ahora la misión de nuestra Fuerza Pública es proteger objetivos de alto valor, sin importar que el pueblo de Colombia cargue la cruz de las inclemencias del descuido de la seguridad.

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