¡Qué pasa, ¡señor Alcalde!

Profeso consideración y aprecio personales por Aníbal Gaviria. Sin embargo, no está dejando margen para  permanecer en silencio acerca de algunas ocurrencias de su burgomaestría.

Para mencionar solo dos, por ahí me enviaron documentación suficiente que podría constituir cabeza de proceso: las vigencias futuras tramitadas para pagar deudas de plazo vencido o hechos cumplidos que dirían otros, como sería el caso de la obra del puente de la 4 Sur.

Y no estaría solo, porque en aquella travesura lo acompañaron el secretario de Hacienda y como veintiún concejales. ¡Palabras mayores!

Y a lo que vine. Comienzo por recordarle a la distinguida clientela que, hasta la administración de Luis Pérez Gutiérrez, los propietarios de inmuebles situados en Medellín tenían a su disposición los paz y salvos, dijéramos que desde el 2 de enero de todos los años.

Pero advinieron las administraciones de Sergio Fajardo Valderrama y Alonso Salazar Jaramillo y dispusieron arbitrariamente el alargue de dos meses, con notable perjuicio para el tráfico comercial.

Ahora, con el alcalde Gaviria, la cosa pasó de castaño a oscuro. Apenas ayer día del idioma la alcaldía soltó los dichosos paz y salvos y eso que hay vicealcaldes, líderes de procesos y burocracia a la lata.

La cosa ha sido de una gravedad extrema.

En primer lugar, porque sin el paz y salvo los Notarios no podían autorizar Escrituras Públicas, por ejemplo, de compraventa sobre bienes inmuebles y téngase por seguro que en Medellín abundan las transacciones.

En segundo término, porque podrían caer sobre el Municipio múltiples demandas de personas injustamente perjudicadas con las fallas de la administración, con visos de prosperidad.

Por último, porque afectaron los ingresos del Departamento por causa de los recaudos de Beneficencia, los de Registro, de comisionistas, al igual que a las Notarías con salarios, servicios, seguridad social y arrendamientos a cargo.

Todo apunta a la imprevisión del bacano gobierno municipal frente al manejo racional, previsible, de los efectos varios de la revaluación catastral: millares de impugnaciones que impiden la formación del catastro, que conlleva a la carencia de facturación y, por ahí derecho, al final de la cuerda, a la falta de paz y salvos.

Aparte las consecuencias ya anotadas, podría traerlas de naturaleza disciplinaria para la cadena de burócratas que resultare liada a tamaña negligencia.

Como ciudadano se queda uno como en un reclusorio, sin saber si callar o denunciar, pareciéndome que los intereses del bien común mandan a denunciar.

Cuántos no quisieran hacerle aportes a los gobernantes. Pero imposible, permanecen cuatro años cautivos de una cáfila de aprovechadores, lambones y bailadores de cumbia alrededor del tesoro.

La omisión recurrente de la administración pasa por una solución bastante sencilla, elemental, simple. Solo que los árboles no les dejan ver el bosque, ni al alcalde, ni a los concejales!

Tiro al aire: ”A los alcaldes les ronda la revocatoria y no advierten los zumbidos de los abejorros.” Sansón Carrasco.

 

Por: Francisco Galvis Ramos

En Twitter: @franjagalvis

 

  Share: