Entre la tristeza y la gloria

La Final de Champions League es un evento que nadie debe perderse. Es la conjugación de sentimientos tan extraños y diferentes para los equipos en contienda que fácilmente se puede pasar de la euforia al llanto en menos de un segundo. La final 2013 trajo un verdadero duelo de grandes arqueros y la disputa leal donde la experiencia le ganó a la juventud y las ganas.

Como seguidor del fútbol lírico, estos partidos son de aprendizaje directo. Implica considerar temas como jamás darse por vencido, pelear cada balón hasta el último minuto, sudar la camiseta como lo hace el hincha en la tribuna y dar ejemplo en la cancha de honestidad y entrega, como lo hicieron estos gladiadores alemanes.

En el fútbol nuestro, desorganizado y mercantilista, abundan los presidentes de clubes que se creen gamonales de pueblo, dueños de los jugadores como si fuera trata de blancas, técnicos que no hacen respetar sus decisiones, jugadores asustadizos a los que les da temor enfrentar a los directivos con argumentos legales para defender sus derechos, patrocinadores e inversionistas de papel que no apuestan por la cantera, filosofías deportivas a corto plazo que no arriesgan por procesos verdaderos, planeación de objetivos sin sustento real ni estratégico.

Que el fútbol es un negocio es innegable. Pero que en ese negocio el único que debe “sacrificar” el bolsillo sea el aficionado, pues suena a inequidad. Los verdaderos equipos de fútbol europeos y algunos de esta zona del continente, son lo que son, por su visión clara de empresa, por sus accionistas, porque los directivos saben y viven el fútbol, porque los entrenadores son eje de las contrataciones (las respaldan y sustentan) y defienden su módulo táctico, porque entre ellos y los administradores se fijan metas como “ganarlo todo”, porque en su plantilla técnica hay psicólogos, médicos deportólogos, dietistas, fisioterapeutas y otras especialidades para formación y recuperación integral del ser humano.    

Es lamentable observar en la cancha la actitud de cualquier jugador que no se esfuerce por recuperar balones, por respaldar a su compañero de puesto, por dejar de intentarlo una vez más. Los “entendidos” dirán que es cuestión de mentalidad criolla???, no lo creo, es cuestión de liderazgo, de continuidad y perseverancia, de formación desde la base en las divisiones inferiores, de buscar talentos más allá de las narices y formarlos hacia el futuro. Pero con la visión miope y paquidérmica de directivos de pacotilla en los altos tribunales y clubes deportivos del país, esto no ocurrirá fácilmente. Por ahora, nos consuela la camada de jugadores nuevos que nos representan de excelente forma en el mundo como Falcao, James, Jackson, Guarín, Zuñiga, Armero, Ospina, Bacca, entre otros, que tuvieron que emigrar a otras tierras para conseguir la gloria!

Saludos.      

Alberto Díaz

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