Las latas de sardinas

Viendo esa foto del señor presidente en Valledupar, trajeado, si en pijama o calzoncillos, los expertos tipo Hernán Zajar no se han puesto de acuerdo, he entrado en profunda meditación acerca de la capacidad de albergue de una de esas que el gobierno llama casas, de 49 metros cuadrados y de los males que de ahí se derivan.

Si una familia beneficiaria la componen cuatro miembros, que es de dudarlo dada la capacidad reproductiva que distingue a aquel estrato, le vienen a corresponder 12.25 metros cuadrados a cada uno y si es de seis, imagínense la cosa tan grave, 8.16. Y sí son más, que no es improbable, ni hablar del peluquín. ¡Cojan calculadora y echen para abajo!

Eso será vivienda nueva, pero jamás vivienda digna. Y no es vivienda digna por los males que arrastra, como dijese el hacinamiento que es  madre de incestos y degradantes endogamias. Son de tal naturaleza graves los daños morales, que no me explico cómo jerarcas católicos y cristianos no han considerado el asunto, digno de protesta unánime y categórica.

Tengamos en cuenta que estándares internacionales mandan que un domicilio deba tener, como mínimo, algo así como 73 metros cuadrados y eso ya sería otro cantar. Como se ve, la codicia electorera del presidente Santos nos ha puesto lejos de allí, al conjuro afanoso de una pretendida reelección.

Ante un hecho como este que, en mi opinión, en poco más que nada ayuda a promover los valores en las familias humildes, viene a mi memoria la vivienda popular que construyó la administración Betancur que, si bien fué entrega en obra negra, eran y son dignas del género humano, habitables, espaciosas, hasta con solar para la cría de aves de corral.

Las latas de sardinas serán buenas para abrirlas y comerlas con arroz, como a mí me gustan, sí mejor entomatadas, pero no para destinarlas a viviendas del prójimo necesitado. Esto es de una vergüenza superlativa que deberá corregir el Congreso entrante, mediante la expedición de una ley que regule las condiciones mínimas para la vivienda del pueblo.

Convendría que el gobierno dotara a cada una de aquellas aglomeraciones de doulas y comadronas, cargándoselas al inefable e inútil ICBF.

Tiro al aire: Gracias a las redes sociales nos divorciarnos de la opinión de la prensa. Ahora las redes son el verdadero cuarto poder.” Sansón Carrasco.

 

Por: Francisco Galvis Ramos/ En Twitter @franjagalvis

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