Lo que se necesita para ser de centro

¡Democracia, democracia! Repita mucho esa palabra. Haga uso de ella hasta la saciedad, hasta convertirla en una muletilla. Habrá quien le crea. Lo mejor del caso es que usted trabaja básicamente cada cuatro años, o cada vez que haya elecciones. Es usted un ser perspicaz y estará con el seguro ganador desde el inicio, hurgando, untando todo con su saliva, actuando siempre en nombre de la democracia.

Pero no es que usted sea un lambón. No, de ninguna manera. Lo que sucede es que usted es… digamos, versátil y precisamente por lo mismo le es muy fácil acomodarse a las circunstancias, finalmente su posición es bastante fácil: está de acuerdo con todo, pero parcialmente, le da la razón a uno y otro para dársela finalmente al que vaya ganando. Es cuestión de estrategia. La mejor parte es que normalmente nadie le consulta a usted nada y si llega a suceder, escúdese en alguien más. No se ponga a pensar, eso puede resultar peligroso, uno nunca sabe.

Usted cree, al igual que Aristóteles (¿o Sócrates? ¿Arquímedes? En fin… ¡un griego de esos!) que el hombre es un Zoon politikon, o sea, un animal político y se define a sí mismo como tal. Porque ante todo usted es eso, un animal político… específicamente un camaleón: uno dispuesto a mimetizarse con el medio para ser parte del nicho, de la guarida. Observe atentamente los gestos de su jefe y empiece a imitarlos y a citarlo en todas las reuniones, exprésele su admiración constantemente. Dígale “doctor” siempre, que eso les gusta mucho.

Una vez dentro de la rosca, puede deslizarse fácilmente haciendo uso de su piel y de paso despojarse de toda vergüenza; ya puede empezar a pedir cositas. Para efectos prácticos, usted creerá que la política es como montar en Transmilenio: se hace cualquier cosa por un puesto. Una vez en su silla, puede iniciar la labor de buscar puesticos para sus amigos, sus familiares… usted sabe mejor que nadie cómo es la cosa.

No faltará el columnista criticón que lo acuse de ser codicioso o en el peor de los casos de lagarto. Si se llega a presentar el caso, lo más conveniente es esconder bien la cola entre el traje de paño o cortársela, en todo caso vuelve a crecer, y simular hábilmente una piel humana, así como hace Roy Barreras. No haga caso a críticas, recuerde que usted es también un político en estado gaseoso: se acomoda fácilmente a cualquier entorno pero busca siempre estar arriba. ¿Me hago entender? ¿No? ¡Ah caray! ¿Cómo hiciera para explicarle?

¡Ya sé! Vea: para usted, la política es como el fútbol. Se está adelante y atrás, se puede jugar por derecha y por izquierda –según le convenga- porque lo importante es avanzar. Se amaga, se gambetea… y lo más bonito de todo es que al final de cada temporada se puede cambiar de camiseta. Un valioso ejemplo es Lucho Garzón.

Para finalizar, un consejo: como las ideas no son lo suyo, habrá quien le diga que usted no sirve ni para calentar el puesto. Ante esto, debe responder que al ser de centro, se encuentra en la posición de mayor tibieza política y que se siente perfectamente capacitado para calentar cualquier puesto. Y de paso pregunte si tiene uno para un amigo suyo.

Por: @acastanedamunoz

 

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