Los gorilas chavistas

En los 70 la izquierda le decía así a los militares abusivos de su poder y sobretodo de la impunidad. Hoy se ajusta a los dirigentes chavistas venezolanos que abusan, roban, asaltan y golpean a la oposición, con total tranquilidad.Lo sucedido en la Asamblea venezolana es una vergüenza. Y más vergonzosa es la reacción de los líderes continentales cuyo silencio acepta coartar la libertad de una democracia que se marchita a gran velocidad. La oposición venezolana está sola, lo que desdice de nuestras sociedades y democracias.

Particular vergüenza de patria causa la reacción del presidente Juan Manuel Santos y su canciller María Ángela Holguín. Varios días después del acto brutal de los gorilas (y que me perdonen la ofensa a los homininae Gorillini Gorilla) chavistas, tanto Santos como Holguín expresaron profunda preocupación. No hubo rechazo ni expresión de indignación o condena.

Hay profunda preocupación, que es la que expresa un padre al hijo con varias materias perdidas en el colegio. O cuando sube la tasa de interés en un punto. Sin duda es el término más diplomático, léase pusilánime, que podían utilizar en este caso. Se compara solo con el verbo propender, que quiere decir: tratar si se puede y de pronto, que algo suceda.

Recuerdo a mi padre contarme cómo mi tío abuelo, el expresidente Eduardo Santos, el de fe y dignidad (valdría la pena recordarle Juan Manuel Santos), le dio nacionalidad colombiana a los españoles que querían refugiarse aquí durante la guerra civil y la dictadura. Su solidaridad democrática con un sector de la población de un país apabullada por una dictadura era un ejemplo que al parecer no pegó con su sobrino nieto.

¿Qué falta para que la indignación democrática acabe con esta patria boba latinoamericana? Aislaron a Paraguay por una transición dentro de su legislación interna. Lo mismo hicieron con Honduras, donde se violentó en algo el orden constitucional. Pero en Venezuela se roban descaradamente unas elecciones y el mundo aplaude. Si el robo fuera de un candidato de centro o de derecha, otro sería el cantar. Pero como es el matón, o gorila, de Maduro y su petróleo, la mamertería continental permite todo. Qué triste.

Falta lo peor. Después de la golpiza, ¿la cárcel? Ya una ministra condenó a Capriles sin juicio. Expresarán entonces los líderes latinoamericanos ¿su profunda preocupación? ¿O se necesitarán muertos para que Santos, Holguín y compañía despierten y entiendan que los valores democráticos no se negocian? Especialmente con esos gorilas chavistas que hoy se hacen llamar demócratas pero que no dejan de ser matones corruptos disfrazados de políticos.

Venezuela está a una bala de una guerra civil. Los que guardaron silencio cómplice o expresaron su honda preocupación, ojalá no tengan que tragarse sus palabras.

Por: Francisco Santos Calderón.–

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