Los ventrílocuos

Aunque el DRAE  los define como aquellas personas que tienen el arte de modificar su voz de manera que parezca venir de lejos, los hay en abundancia que son la personificación misma de aquellos que, en otro sentido, multiplican las voces ajenas y adulan. Esos son los ventrílocuos de hoy.

Se trata de personajes un tanto distintos a los censores de prensa de las dictaduras, como dijésemos Mosquera Garcés o el más reciente don Juan Mesa, pero son algo de lo mismo. Ahora los gobiernos no se desgastan con censores y dan paso a esa nueva profesión de turiferarios que ejercen la más desvergonzada censura por cuenta ajena.

Se han despastado ahora mismo casos de cierto periodismo, que pasarán a ser emblemáticos de lo que pasa en la Latinoamérica de estos tiempos convulsos, sea bajo el gobierno de la señora viuda del preclaro tuerto cabeciduro, o del de opereta que legara el pajarito encarnado entre las ingles del presidente Jirafales.

De pronto salta a la escena el poseso Mario Silva García coronado con los emblemas de cuanta pudrición representa el sectarismo chavista y acto seguido lo hace en la nación austral otro de su especie, Víctor Hugo Morales, ambos conductores de radio y televisión al servicio de mezquinos regímenes.

No es sino haberlos visto en los medios defendiendo lo indefensable, para saber por el lenguaje de sus cuerpos que lo que se dice de ellos es cierto, más patético el argentino puesto en sus cueros por el hábil reportero Ismael Cala.

Y ni para qué hacernos bendiciones por lo que a otros sucede, si aquí no más asistimos de día y de noche a la vida, pasión y muerte de la independencia periodística, que ahora se debe ejercer en las redes sociales, junto a la libertad de expresión.

Para nada es grato registrar que la autonomía de cierta afamada “enviada especial” quede atornillada a las sillas del avión presidencial; o la obsecuencia del “golfista” para interrogar al entorno presidencial; o la agresividad con que así mismo pregunta y contrapuntea al opositor; o las excursiones de ‘don Juan el hermoso’ por las direcciones de la gran prensa cobrando cabezas de columnistas adversos; etc., etc.

El poder presidencial se ha metido en los bolsillos de los medios.

Editorialistas y tituladores forman coro alrededor de los intereses del régimen, de los grupos de interés, de la ávida cáfila de aprovechadores el erario, llámense burócratas o contratistas. La oficina de prensa de Palacio arraiga tentáculos en las redacciones de la prensa, la radio y la televisión.

Al restarle oxígeno a la información, la democracia decae y puede expirar.

Prueba al canto el descaro con que se sofocan los escándalos que tienen por protagonistas a los validos no más despuntan en el horizonte, como sea el affaire Roy-Supersalud o las compras en el sector defensa, y la manera como se magnifica al unísono cualquier insignificancia con tal que venga del contrario. Y de esto sí que pululan ejemplos, algunas veces en abierto contubernio con fiscales y  jueces comunistas.

Como se ve, la lucha en que estamos comprometidos los opositores es pareja pero en mucho desigual. No importa, como tantas otras veces la voluntad popular superará la adversa fortuna y con entereza heroica y resuelta concurrirá a las urnas en 2014, no a derrotar a Santos, que es un accidente mortal, y sí a reconquistar todo lo que fue objeto de traición: el poder para el pueblo, la seguridad democrática, la cohesión social, la confianza inversionista.

Tiro al aire: que nada nos distraiga, que nada nos estorbe. Es el poder, camaradas uribistas. 

Por: Francisco Galvis Ramos / @franjagalvis

 

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