Boda de taquilla (A propósito del clásico SantaFe-Millonarios)

db5Nací hace 52 años en el corregimiento El Centro (Santander), distrito de Producción de Ecopetrol, a 20 minutos de Barrancabermeja; en medio de iguanas, palos de  mango, patilla, guayaba, animales domésticos; gallinas, loros, pericos, azulejos, cardenales, toches y mariposas amarillas, mejor dicho el “paraíso” de tierra caliente. Mis primeros recuerdos del fútbol se remontan a los siete años, cuando  mi viejo Benjamín me hablaba del estadio Daniel Villa Zapata y de Juventud Oro Negro, por ese entonces muy famoso. Pero había algo guardado para mí…

El periódico (El Tiempo) llegaba todos los días temprano a casa (por cierto grande, de madera, anjeos, ventiladores y aire acondicionado) propia de los antiguos campamentos gringos. Familia numerosa donde nunca faltó el cariño y apoyo paternos, el televisor gigante (en blanco y negro) y una radiola Philips, tremendo mueble de 4 patas, tablero negro, letras y números amarillos, botones blancos. Con estos electrodomésticos disponibles, mi inquieta pasión por escudriñar todo permitió que empezara a leer noticias sobre fútbol. Lo de Millonarios fue amor a primera vista; nombres como Villano, Hernández, Segrera, Segovia, Sekuralac, Subiat, Dallasavia y Senén Mosquera entre otros se volvieron normales en mi conversación, así como escuchar partidos todas las tardes de domingo…claro cuando la radiola no se recalentaba y la antena cogía alguna emisora cuando las condiciones climáticas lo permitían!!. Años más tarde vería jugar a Converti, Irigoyen, Morón, Brand, Funes, Juárez, Vivalda, Biasuto, Willington Ortiz, Juanito Moreno, Barberón, “misionero” López, “gambeta” Estrada, Lunari, Burguez; últimos y verdaderos ídolos dentro y fuera de la cancha.

Una experiencia desagradable me sucedió a los 13 años, cuando en un viaje de vacaciones a Barranquilla, compartiendo con primos y tías, me invitaron a jugar “bola de trapo”, jueguito aquel que por cierto dominan a gusto los costeños. Yo, cachaco (quien no sea de la costa lo es), no pude aguantar el ritmo y recibí mi primera goleada. De ñapa, me invitaron al destartalado Romelio Martínez, adivinen quién jugaba?? tu papá junior con mi glorioso AZUL…resultado final 2-1 en contra y varios totazos (con arroz de lisa) en mi espalda, gracias al jolgorio de los junioristas. Creo que era el único hincha de MILLOS allí.

Tenía catorce años cuando viajé a Bogotá, mi padre acababa de pensionarse tras cumplir 29 años como trabajador petrolero y decidió aventurar en la nevera gélida de la capital. Lo mejor de todo, nuestra casa en el barrio Quinta Mutis quedaba a cuatro cuadras del Nemesio Camacho. Ni corto ni perezoso, con las ganas de conocer el estadio y ver a mi equipo, me instalaba los domingos en la puerta de “gorriones”, cerca a la de maratón, durante 3 horas o más, esperando que algún portero o vigilante de “buen humor” me dejara colar…no siempre lo logré, disfruté partidos así no se viera mucho desde allí por tanto pelao para tan poco espacio. Mi viejo de vez en cuando o cuando podía ahorrar, pagaba boleta de bajas o altas norte, ya ni recuerdo cuánto costaba. Mi familia pagaba los platos rotos cuando Millos perdía o empataba, llegaba de mal humor a casa y ni me podían hablar..digamos hasta que se me pasara la piedra.

Otro recuerdo grato e ingrato, son los primeros clásicos con los cardenales. Acompañado de familiares o amigos, olla de sancocho (papitas chorriadas, mazorcas, huesos de pollo, arroz, juguito de guayaba…por aquello de la generación, etc), el radio (cubierta café y pilas grandes “eveready, las del gato”), los narradores y comentaristas de la época – Carlos Arturo Rueda, “patico” Ríos, Hernán Peláez, “emperador” Marco Antonio Bustos, Pastor Londoño Pasos, Alberto Piedrahíta, las carreras de caballos que interumpían las narraciones con Alberto Díaz Mateus.- y el aguardientico en botas o envase plástico que algún vivo lograba meter. Lo grato, el espectáculo (cuales dos líneas de cuatro? O cinco volantes?), los goles abundaban, la fiesta en la tribuna, compartir en familia, la charla con el hincha adversario, la “tomata” en el palacio del colesterol. Ingrato, la derrota, las filas de cuatro horas o más, llenos hasta los “vomitorios”, sin medidas de protección ni seguridad (no existía DPAE ni el puesto de mando unificado PMU ni reuniones de protocolo??).

En el año 1984, jóvenes universitarios y particulares somos seleccionados para trabajar en el estadio como supervisores (los que menos hacían, solo administración delegada), taquilleros (recepción y conteo de boletas en los torniquetes), porteros (cuidando las puertas de acceso y salida) o controles de tribunas (apoyo a porteros y taquilleros). Segunda oportunidad que tenía para seguir acompañando al equipo, claro, ahora como trabajador temporal; la paga poca y el trabajo mucho, eran 8 horas de pié por doce mil pesos, un platal para la época. No niego que algunas veces participamos del famoso “carrusel”, obteniendo unos pesitos más, que servían para financiar los transportes, fotocopias, comidas y demás en la universidad.  

Un día, otro joven llamado Luis Omar Bernal -que después sería mi cuñado- se acerca y comenta que tenía dos hermanas que desearían inscribirse para trabajar con nosotros, razón por la cual, le hablé a los supervisores encargados para recibir la autorización.   

Una de ellas, llamada Olga Marina, bonita, delgada, corta estatura, pelo corto, de unos 20 años, tímida, que no me daba ni el saludo ni la hora me llamó la atención. Yo, de 23 años, alto, moreno, pelo afro a medio nivel, algo gordito, no aspiraba a que me pararan bolas….El joven moreno insistió, con paciencia, detalles, protección y especial cuidado en el estadio, acompañamiento a casa-en bus por supuesto, con mucho respeto e interés la fui conquistando hasta que la convencí que fuéramos novios. A partir de allí no nos separamos más, exploramos el mundo del amor..para toda la vida!!. Tres años de noviazgo, domingo a domingo, inclusive algunos miércoles, trabajando en El Campín y viviendo especiales momentos de crecimiento y elaboración de sueños y proyectos. En el año 1986 consigo el primer empleo -contractual- en una empresa de desarrollo de software.

Nuestras familias estaban muy complacidas con esta parejita, a pesar de la juventud de cada uno. Mi suegro (qepd) tenía un “pequeño” inconveniente de divisa, era hincha santafereño y logró convencer a gran parte de su familia para seguir esos colores bogotanos. Lo que no impidió que nosotros siguiéramos adelante, a pesar de este problemita…

En Noviembre 14 de 1987, este joven moreno se casó con aquella niña del estadio, recién egresado de la universidad y recién empleado, que riesgo!! a todo o nada, comenzar de ceros, pero qué carajo!! siempre me han gustado los retos.  Gracias al apoyo, la compresión y deseos de formar una verdadera familia, mi esposa Olga Marina, en medio de crisis o buenos momentos ha manejado el hogar, como eje central y guía de las niñas.

De esa maravillosa unión, nacieron María Camila (diciembre de 2008), Luz Angela (abril de 1993) y Olga Liliana (enero de 2000). Pero..mi esposa y Luz Angela equivocaron el camino futbolero, por el equipo vecino?? María Camila y Olga Liliana, están listas para la foto en el próximo titulo albiazul.  Hoy, son veinticinco años de feliz convivencia matrimonial.

En este largo trajinar acompañando a Millonarios, he vivido triunfos fulgurantes y derrotas catastróficas, con técnicos como Gabriel Ochoa, Pedro Dellacha, Luis García, Maturana, el kinder de Cortés, Peluffo, Prince, Miranovic, Lasarte, Osorio, Vanemerak, Quintabani entre otros…pero jamás olvidaré los últimos cuatro títulos obtenidos en 1978, 1987, 1988 y 2012, estando en Bogotá, celebrando como debe ser, en el estadio, en casa o en la tienda con amigos hasta el amanecer; recordando por días, meses y años esas gestas históricas. Esta pasión nunca se acaba, es genético. Por lo anterior, el verdadero seguidor azul -de toda la vida- no acepta a los mercaderes del fútbol, a los jugadores mercenarios, a los comentaristas arrodillados, parcializados o venenosos. Lo real es apoyar la cantera sumada con jugadores experimentados y comprometidos por la camiseta y el respeto a una hinchada masiva y fiel.

Ahora anhelamos un proyecto serio, responsable, transparente, sostenible y real; lograr que Millonarios retorne a los primeros lugares de los torneos, a competir en instancias internacionales, a romper con la historia y la obtención de nuevos títulos; lugar de donde nunca debió salir…..

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ALBERTO DIAZ FLOREZ

Ingeniero de Sistemas. (U. INCCA).

Especialista en Informática para Gerencia de Proyectos (U. Autónoma).

52 años.

Consultor Auditor Informático y de Calidad.

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