Erradicar el trabajo infantil es posible

Día Contra el Trabajo InfantilHoy celebramos el 12 de junio, “Día Mundial Contra el Trabajo Infantil”, una conmemoración que en lo personal siempre me deja un sabor amargo pues en el mejor de los casos, en esta fecha, se hace un recuento de la problemática que no trasciende a la revisión de estadísticas y la tasa de trabajo infantil.  En este día todos parecen coincidir en que la explotación laboral de los niños, niñas y adolescentes es un no tolerable y que se deben orientar recursos y políticas para erradicar el fenómeno.

 

Pero la realidad de los niños y niñas de nuestro país, nos muestra que esta voluntad política que se repite de manera enérgica en este día, se va perdiendo en el tiempo de la mano de los sueños de los niños y de las niñas que se ven condenados a trabajar y entrar en un perverso círculo de pobreza.

 

En estos últimos meses, Colombia ha recibido diferentes postulaciones, hace poco fuimos incluidos dentro del honorífico grupo de las economías con alto potencial o CIVETS, la Red Global de Pobreza Multidimensional también nos hizo una distinción por la efectividad de las políticas sociales, porque hemos sido el país que más ha reducido la pobreza en América Latina junto con Perú, y que más ha logrado reducir las desigualdades, por primera vez en nuestra historia reciente, junto con Ecuador. Y porque somos el país que más empleo ha creado en toda América Latina. Adicional a ello, en el mes de mayo Colombia inició su proceso de ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), lo que puede considerarse como un voto de confianza que nos dan los 34 países con mejores prácticas en sus políticas públicas a nivel mundial.

 

Por eso me atrevo a pensar que como sociedad no podemos seguir permitiendo, que los niños sigan trabajando como lo indica la encuesta DANE 2012. Existen razones legales, morales y éticas, que nos obligan a tomar medidas para erradicar el trabajo infantil, pero también existen razones económicas, e ignorarlas va en contra del objetivo de desarrollo que como país nos hemos fijado; no hay duda que si no reducimos significativamente las tasas de trabajo infantil en el corto plazo, estaremos destruyendo la oportunidad de aprovechar el bono poblacional por el cual atraviesa Colombia, el cual podría prolongarse hasta cerca del año 2020, pero que de no aprovecharse, estaríamos renunciando a que cerca de un millón y medio de personas se califiquen como es debido, para que dejemos de ser una economía extractiva como los señaló recientemente, el profesor James Robinson y podamos convertirnos en un país del conocimiento gracias a nuestro capital humano, como lo han hechos los tigres asiáticos.

 

Países como Brasil, Chile y Ecuador ya lo están logrando alcanzando tasas cercanas al 5%, en el caso de este ultimo la tasa se ha reducido a la mitad en tan solo 5 años del (12,5% al 6,3% en 2012), demostrado que es posible reducir significativamente las tasas de trabajo infantil de manera sistemática. A diferencia de años anteriores, donde la comprensión de este problema aún era difusa, con el aprendizaje de muchos años de experiencia, estoy convencida que tenemos soluciones innovadoras al alcance de nuestra mano, que nos permitirían cambiar esta realidad gracias a un mejor direccionamiento y ampliación las inversiones y a la generación de nuevos liderazgos al interior de la sociedad.

 

Más que un tema de desarrollo normativo que por cierto en nuestro país somos líderes en la adopción de tratados y malos alumnos a la hora de cumplir, necesitamos hacer llamado a nuestro sentido práctico y hacer algunos ajustes que nos permitan mejorar los resultados.  Es imprescindible que el país comience a tomar medidas urgentes y que en el marco de las reflexiones que se vienen generando a partir de la revisión de la Estrategia para la Erradicación del Trabajo Infantil en Colombia, logremos cambios que realmente impacten la tasa del trabajo infantil y logren cambiar la realidad de los niños, niñas y adolescentes víctimas de este fenómeno.

 

La primera invitación que les hago es a que pensemos en los niños y jóvenes trabajadores como sujetos de derechos. A propósito de esto, quisiera invitar a una reflexión sobre lo jóvenes, si los jóvenes! Pues son ellos los que más viven el trabajo infantil. De conformidad con el convenio 138 de la OIT, la edad mínima de admisión al empleo admitida por Colombia es 15 años.

 

Jóvenes

No obstante, en nuestro país obtener un permiso de trabajo es casi una utopía, aunque 1 de cada 4 jóvenes entre 15 y 17 años trabaja, es decir cerca de 650 mil personas, durante el 2012 solo se otorgaron 5.415 permisos de trabajo.

 

¿Por qué tan pocos?

Porque la realidad obliga a muchos a ingresar al mercado laboral tempranamente en condiciones de informalidad. Muchos de estos jóvenes no cuentan con el apoyo de un padre que vele por sus necesidades mínimas, por el contrario, son cabezas de familia, tienen que procurarse sus propios medios de subsistencia.  En muy pocos casos son objetos de un permiso de trabajo al no cumplir los requisitos legales, pues o no estudian “algo de lo que no tienen la culpa”, o no tienen un empleo que encuadre dentro de la lista de las más de 100 actividades prohibidas de acuerdo a la Resolución 01677 de 2008 del Ministerio del Trabajo.

 

¿Qué consecuencias genera?

Muchos de ellos al no tener ninguna oportunidad laboral son arrojados a las peores formas del trabajo infantil como son la explotación sexual comercial o el reclutamiento de menores. La falta de comprensión de la realidad de los jóvenes ha significado el desarrollo de políticas públicas y programas que ignoran sus necesidades y que dejan a muchos de ellos por fuera de la oferta institucional.  En la mayoría de los casos, los jóvenes no pueden recibir ayudas directas del Estado y no pueden acceder a la justicia porque no tienen representación legal.

 

¿Qué hacer?

Debemos pensar en nuestros jóvenes como sujetos de derechos y de desarrollo.  En este sentido, debemos reconocer su derecho al trabajo garantizado por el Código de Infancia y Adolescencia, Ley 1098 del 2006 y trabajar para que aquellos que así lo escojan, puedan acceder a empleos dignos  y recibir apoyo en su proceso de desarrollo personal y laboral.  Vale la pena resaltar que esta decisión de ingresar al mundo laboral no debe ser producto de la exclusión y de la pobreza, sino de políticas que garanticen su derecho a la educación y al desarrollo.

 

Como ejemplo de esto, el gobierno chileno ha sustituido los permisos de trabajo por un registro de empleo que facilita la inclusión laboral de los jóvenes, en este sentido, el conocer las tasas de ocupación juvenil, permite conocer la situación de empleo de los jóvenes para generar una mayor protección en lugar de combatir el fenómeno eliminando el derecho al trabajo y victimizando desde todo punto de vista a los jóvenes al obligar a las autoridades a perseguir su actividad.

 

En los Estados Unidos por su parte se protege a los jóvenes trabajadores a través de medidas que promueven el trabajo seguro, es así como tiene dispositivos especiales que controlan los horarios de trabajo y se exige que los menores de edad trabajadores, usen un uniforme de color diferente al de los demás que permite a cualquiera diferenciarlos y reportar cualquier ciudadano situación de riesgo; se tiene un lista corta de trabajos prohibidos y muchas listas detalladas de trabajos permitidos como es el caso del trabajo en los supermercados y tiendas, el trabajo en agricultura, la entrega de periódicos o el cuidado de niños que permiten hacer seguimiento a la actividad laboral de los jóvenes, en especial en períodos estacionarios.

 

En el frente educativo también hay muchas oportunidades de contribución. En Colombia la mayor parte de los jóvenes finalizan su bachillerato antes de la mayoría de edad, en ese sentido, al terminar los estudios, muchos de los que no tienen la oportunidad de acceder a la educación superior, se ven abocados a trabajar en la informalidad hasta tanto completar la mayoría de edad. Qué tal si como lo aconsejó la OEA en el taller hemisférico contra el trabajo infantil recientemente realizado en Costa Rica, se homogeniza la edad de finalización del bachillerato con la edad de admisión al empleo? Sería una medida más barata sin duda que la adopción de la jornada escolar completa y en la que muchos gobiernos locales ya están haciendo importantes inversiones, pues se enfocaría tan solo en una tercera parte de los estudiantes del sistema educativo que son los jóvenes que desertan de él.

 

Por otra parte,  la cobertura de la educación media en Colombia es del 75% es decir más 350 mil jóvenes que deberían cursar los últimos grados de colegio, están por fuera del sistema educativo, frente a la meta de 90% planteada en el plan de desarrollo. Según el DANE, el 35% de los encuestados dice trabajar por el deseo de tener su propio dinero, lo cual implicaría que para los mayores, la estrategia debe tener un componente monetario, no obstante, las medidas de subsidios condicionados entregadas a las familias de la Red Unidos para premiar la asistencia al colegio, resultan insuficientes porque los beneficiarios finales del subsidio son de los padres, no de sus hijos. Consecuencia de esto no disminuimos la tasa de trabajo infantil. Qué tal si invertimos los fondos disponibles de otra manera? Un caso de esto es el gobierno de Minas Gerais en Brasil quién reformó completamente la educación media por una formación vocacional y entrega directamente los estímulos a los jóvenes en calidad de ahorro para sus estudios futuros.  En conclusión, Brasil logra una tasa de deserción en la media (9,10 y11 grado) del 9,5% frente al 25% de nuestro país.

En el frente de empresas hay también mucho que decir, dado que el 83 % del trabajo infantil en nuestro país es informal,  la actividad de identificación de trabajo infantil se parece a la de búsqueda de una aguja en un pajar. Las empresas han limitado sus esfuerzos a prohibir la contratación de menores de edad y por su parte, los inspectores de trabajo tienen una jurisdicción limitada a las empresas formales que evita de hecho llegar al mundo de la informalidad.

 

¿Qué pasaría si enfocáramos a nuestros empresarios y e inspectores a promover actividades de debida diligencia para identificar el trabajo infantil en los proveedores y distribuidores de las grandes empresas? Han pensado si una empresa productora de lácteos asegura que todos sus agricultores y hatos de leche enviaran a sus niños a la escuela? Cual podría ser la incidencia que podría tener una sola empresa en la reducción de la tasa de trabajo infantil de su zona de influencia? Ecuador ya lo ha demostrado ha declarado libres todos sus basurales de trabajo infantil y más de 177 mataderos municipales.

 

Propuestas como estas hacen parte de la Resolución 17/4, de 16 de junio de 2011 sobre empresa y Derechos Humanos de las Naciones Unidas y ya existen iniciativas de redes de empresas contra el trabajo infantil en Argentina, Chile, Brasil, Ecuador, Panamá y recientemente Colombia. Esta manera de  combatir el trabajo infantil desde sus causas podría ser mucho más sostenible así como estratégica, en la medida en que asegura beneficios directos a la empresa como la entrada de sus productos a los mercados internacionales ya que este es un requerimiento de todos los tratados de libre comercio que ha suscrito nuestro país.

 

Por último y no menor, creo profundamente en la concepción de que los niños y jóvenes son un patrimonio social, nuestra Constitución en el art 44 y el Código de infancia y adolescencia  así nos lo indican:

 

…La corresponsabilidad es una verdadera obligación jurídica en cabeza de la familia, la sociedad y el Estado: (…) La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de asistir y proteger al niño para garantizar su desarrollo armónico e integral y el ejercicio pleno de sus derechos…

 

Cómo ciudadanos tenemos el deber de reportar toda violación a los derechos de los niños, en especial de los más pequeños es decir aquellos menores de 15 años para quienes sin excepción se prohíbe cualquier forma de trabajo, no basta decir no el trabajo infantil, la explotación de niños, niñas y adolescente es un delito, debemos reportar toda violación a través de los muchos canales de denuncia como son www.yodigoaquiestoy.com o descargando el app aquí estoy en tú teléfono inteligente o marcando *147# desde su movistar o a través de la línea  018000 91 80 80 del ICBF para hacer una sociedad donde todos sin excepción, velemos por nuestro mayor patrimonio, la niñez!

 

Por: Claudia Aparicio

Directora de Gestión Social y Fundación Telefónica

Telefónica Colombia

 

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