Las ciudades inteligentes no son tan maravillosas como creemos

Cuando en 1961 cobró auge la construcción de la ciudad pensando en las necesidades del futuro, similar a lo que hoy se hace con los ciudades inteligentes, quedaron vacíos importantes. “Sin poder darse el lujo de vivir en el centro de la ciudad, las clases trabajadoras fueron expulsadas a la periferia”, redactó Belinda Lanks, editora de Co. Design. Lo mismo se plantea para Chandigarh. Con un grupo de urbanistas y arquitectos como Le Corbusier, la ciudad fue creada para autos. En la actualidad, es la ciudad con más vehículos en las calles de India, 82 por cada mil habitantes, arriba de Delhi que cuenta con 54 por cada millar.

“Los programas de ciudades inteligentes sería el camino de una especie de futuro urbano que no todo el mundo piensa que es ideal”, comentó en su artículo “The too-smart city”, Courtney Humphries. En su texto en el Boston Globe, cita a Anthony Townsend, investigador de planificación urbana en la Universidad de Nueva York. “Hemos tenido un muy buen debate en la comunidad tecnológica y empresarial acerca de los beneficios, pero muy poca evaluación de los riesgos”.

¿Nos harán ciudadanos tontos?

Ni más listos ni más tontos. Brian David Johnson, futurista de Intel, platicó con Grupo Imagen Multimedia acerca de este tema. “Los humanos nos adaptamos. Pienso en ciudad inteligente en términos de estar saludables, conectados y felices. Si pensamos en inteligentes o tontos, yo te diría que nos adaptamos”, agregó.

De acuerdo al futurista, hay tres elementos que son importantes definir a la hora de hablar de ciudades inteligentes.

Educación. “Nuestro sistema de educación está todavía basado en la revolución industrial, no en el internet. El sistema de educación tiene que actualizarse. Pensamos en educación como un título sin actualizaciones. Eso ya no funciona”.

Partícipe e incluyente. “Veo innovación de lugares donde antes no. En Estados Unidos tenemos mucha, pero la innovación en otros lados como Brasil o India tiene otro ADN. Más de inclusión, no de un negocio. Y eso es bueno”.

Ver el impacto negativo. “Lo que hacemos es ver la tecnología y ver el impacto que vamos a tener. El impacto que tendrá en lo cultural, en lo legal. Creo que es importante ver lo negativo. Si este es el futuro que queremos, qué hay del que queremos evitar. Entender lo que queremos y cambiarlo. Ver lo negativo y entonces pensar en lo que vamos a hacer. El futuro se hace día a día con las acciones de la gente. La tecnología no decide, nosotros decidimos. Tenemos que aceptar las responsabilidades de la tecnología que estamos creando”.

La seducción tecnológica

Genevieve Bell, directora de Investigación en Interacción y Experiencia de Intel Labs en Intel, afirmó que es muy fácil que quienes desarrollan tecnología sean “seducidos” por la idea de que todos tienen acceso a ella. “Tenemos que detenernos y pensar de forma integral. Asimismo, generar tecnología que escale, que sea más robusta y que sea compartida”, mencionó.

De acuerdo a Albert Camus en “La peste”, el modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere. Eso en el presente, cuando se crea un futuro, los especialistas plantean el impacto que tendrá en generaciones siguientes, no solo a nivel local, sino en un mundo más interconectado, es importante pensar con una visión integral. “Diferentes formas de aplicar la tecnología crearían ciudades muy diferentes y no todos ellos lugares deseables para vivir”, sentenció Humphries.

Vía: elmundoalinstante.com

 

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