Lo que se necesita para ser de derecha.

No es nada difícil. De hecho, ser de derecha es facilísimo: solo hay que pedir que todo se quede tal cual está, porque las cosas tal cual están funcionan bien, funcionan al derecho para ustedes… los colombianos de bien. Como debe ser. Eso de las igualdades y demás vicios de la democracia liberal –que usted considera un legado terrorista de la Revolución Francesa- es para izquierdistas y demás vestigios del comunismo.

Recalco algo importante: usted, conservador convencido, se define a sí mismo como “colombiano de bien”. Esto significa que usted es católico, apostólico y romano, sin olvidarse nunca de pertenecer al glorioso Partido Conservador… si aún guarda el carnet que daban en antaño para identificar a los suyos y matar a los liberales terroristas, mucho mejor.

Es también importante insistir en el tema de su catolicismo. Godo que se respete, carajo, va a la iglesia cuando menos una vez al día. Y asiste todos los domingos, día del Señor a misa porque esa es la que se vale. Cuando su sudor comience a oler a incienso, usted sabrá que es un católico consagrado. Puede ser lefevrista si lo desea, así como Alejandrito Ordóñez ala, ese magno hombre que representa a toda la fiel godarria de este país.

Para efectos sociales usted solo se relacionará con los de su clase (esto es, con otros colombianos de bien) y despreciará profundamente a la indiada, a la guachamenta, al populacho.

Usted es de esas personas que confunden el Antiguo Testamento con la Constitución. Es más, a usted le parece que la Constitución Política de 1991 es un tratado comunista digno de ser rechazado. “¿Cómo se les ocurre darles derechos a los indios y a los negros? ¡Y a las mujeres!” enuncie con aristocrática displicencia, con su tono de voz más clerical. La Constitución que se vale es la del 86… ¿o no?

Convencido plenamente de la supremacía de lo privado –porque todo lo privado funciona bien, ¿o no? La educación, la salud… ¡menudo negocio!-usted debe expresar su descontento con la existencia de lo público. Sin embargo habrá de encontrar siempre la forma de vivir agarrado de la teta pública durante decenios (para más información, póngase en contacto con Roberto Gerlein) como un lamia que desangra sin piedad alguna las arcas de la nación. No importa esa dicotomía, la gente no nota esas cosas.

Enarbole los estandartes impolutos y brillantes de la moral y las buenas costumbres. Para ello, será necesario defender tres pilares fundamentales: familia, propiedad y tradición. Finalmente, la que a usted más le importa es la propiedad… ¡que se jodan los otros! Usted tiene lo suyo y va por más, mucho más.

A usted le gustan los radicalismos porque la diversidad es siempre una amenaza. Y en la historia encontrará personajes que despiertan en usted una admiración impetuosa que le hincharán el pecho de patria y valor. Usted admira en secreto a Hitler, a Mussolini, a Franco, a Pinochet… todos esos valientes y patriotas hombres, símbolos todos de la supremacía de la raza aristocrática a la cual usted pertenece.

Es más: considera sus métodos excepcionales y la idea de la aplicación de estos en esta patria le producen una excitación solo comparable con el íntimo contacto con la lectura bíblica y sacramental… Si Hitler eyaculaba durante sus discursos, ¿por qué usted no puede tener una erección, una preciosa acumulación de sangre en su miembro viril, en su exquisito falo, al pensar en la erradicación del liberalismo? En el fondo todo godo, todo colombiano de bien es un admirador del fascismo europeo y esa erección es la que sustenta su poder, la que fundamenta nuestra falocracia.

Afortunadamente para usted, esas ideas encontraron buen nido en Colombia. ¿Se acuerda de Los Pájaros? Sí, esa suerte de paramilitares que iniciaron su redentor accionar bélico exterminando a tanto rojo que había suelto. ¡Ah! Y Marianito… hombre visionario, Mariano Ospina Pérez; sin olvidar a Laureano Gómez… esos dos manantiales de los cuales emana casi toda la sangre que ha corrido en este país. Guarde un poco de gloria también para Guillermo León Valencia, ese pacificador de plomo y bombas que quiso acabar de una buena vez con el socialismo.

Junto a los cuadros que celosamente atesora en su estudio de Hitler, Franco y Pinochet, estarán siempre las fotos de estos iluminados personajes de la historia colombiana.

Pese a que usted anhela profundamente el exterminio de la izquierda, no se manche las manos de sangre nunca. Para ese supremo fin existen los escuderos de lo tradicional, los intelectuales hechos a pulso, los comandantes.

No importa que muchos de ellos ya no estén, su memoria le da fuerza a la causa. ¡Ah, tiempos aquellos! Con qué beneplácito atesora esas memorias. ¿Recuerda cómo celebraron cuando mataron a Bernardo Jaramillo? ¿O a Pizarro? ¿Cuántas botellas de whisky bebieron?

De manera afortunada para usted, la mayoría de colombianos, por lo menos de colombianos de bien que son los que cuentan, llevan un paraquito en su corazón y las ideas que usted escupe en cada una de sus declaraciones encontrarán siempre ocasión en esa población tiernamente subyugada.

Esos mismos son los que lo pondrán a usted en el poder. No se preocupe, jamás se enterarán que trabajan para beneficio suyo. En todo caso, usted lo hace por su familia, su propiedad y su tradición.

@acastanedamunoz

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