Venezuela – Colombia, crisis de intereses creados

Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, es quien inicia la escalada de ataques contra Colombia y el presidente, Juan Manuel Santos como represalia por haber recibido a Henrique Capriles en la Casa de Nariño.

¿Por qué Cabello y no Nicolás Maduro? Porque Santos había llamado a Maduro para comunicarle su intención de recibir a Capriles. Intención que, según Santos no le molestó al presidente venezolano al entender que Colombia y su gobierno son libres de recibir a quien les parezca.

¿Por qué Nicolás Maduro la emprende contra Colombia días después? Por temor a que Diosdado Cabello termine convertido en el “gran defensor” de “las instituciones” venezolanas ante la amenaza de “una conspiración que se cocina desde Bogotá” para derribar del poder a los “herederos” de Hugo Chávez y su Socialismo del Siglo XXI.

Es conocido, adentro y afuera, que el poder real en Venezuela lo ejerce Diosdado Cabello. En él confían los militares; maneja la Asamblea Nacional a su antojo con una eficaz receta de mitad zanahoria, mitad garrote. Y es Cabello quien tiene los amigos y la plata para comprar medios de comunicación.

La compra y no el cierre o la expropiación le dan un aire de transparencia al proceso de hacerse al control de poderosos medios antes bajo el dominio de la oposición. En los dos últimos meses han pasado a poder suyo, a través de testaferros, una cadena radial y un canal de TV.

Ante semejante poder Maduro es consciente de que no puede dar ventaja o Diosdado terminará por derrocarlo, vía golpe militar o revocatoria alegando que a Nicolás le quedó grande la Presidencia y le faltan pantalones e inteligencia  para defender a de los herederos de Hugo Chávez de la agresión externa que se prepara desde Estados Unidos y Colombia.

¿Por qué Juan Manuel Santos decide recibir a Henrique Capriles a sabiendas de que esa decisión no iba a caer bien en Caracas y podría entorpecer el proceso de paz?

Porque en plena campaña de reelección y en la mitad de un proceso de paz no podía enviar la señal de que sus decisiones son influidas por Cuba, Venezuela y las Farc. Santos tenía que demostrar que Colombia es un país soberano y que es capaz de poner por encima de sus intereses personales los de la Nación y de paso avisar a las Farc que el proceso de paz no puede depender de Venezuela.

No le ayudó a Santos que el Gobierno Maduro hubiera dicho horas antes de la llegada de Capriles a Bogotá que no vería con buenos ojos una eventual acogida del Gobierno colombiano a líder de la oposición si pensó en algún momento cancelar la reunión con Capriles.

Tampoco le resultaba oportuno queriendo entrar a la OCDE, el Club de los países ricos y con un influyente grupo de empresarios colombianos presionando porque Venezuela no les paga sus exportaciones hacerle un desplante a un posible próximo Presidente de Venezuela más afín a sus intereses.

¿Qué puede pasar? Con Nicolás Maduro al mando no es fácil hacer vaticinios. Un día insulta y al siguiente se disculpa. Un día amenaza con la guerra y al otro envía gestos de paz. Maduro no tiene la inteligencia, olfato y sagacidad política de Hugo Chávez quien era experto en crear crisis, amenazar e insultar en público, mientras negociaba en privado. Chávez era un líder sólido en el poder, con respaldo popular casi unánime y lleno de dólares para repartir.

Maduro tiene un país dividido en dos mitades, a una de las cuales calificó de asesina. Maduro es un Presidente débil. No ha podido demostrar que ganó limpiamente las elecciones. Ha demostrado su incapacidad, por falta de ingenio, dólares y torpeza negociadora, para enfrentar el desabastecimiento de los productos básicos. Maduro tiene a Diosdado y los militares respirándole en la nuca. Maduro inseguro es capaz de cualquier cosa.

El Presidente Santos debería ir pensando en una fórmula mágica que permita trasladar el proceso de paz de La Habana hacia un país más lejano y menos susceptible a las presiones de Caracas. Convencer a las Farc de abandonar su zona de confort no será fácil, pero si de verdad quieren la paz Gobierno y guerrilla tienen que aceptar que no pueden someter ese proceso a los avatares y afanes de la política doméstica diaria en Venezuela. Noruega sería una buena alternativa.

¿A todas estas, a qué vendría de verdad, verdad el vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden?

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