El AVE volaba ¿Y el maquinista? Hablando por teléfono

Por: María Isabel Basteiro M

Corresponsal en Europa

Homicidio por imprudencia es la causa por la cual el juez ha decidido la detención preventiva de Francisco José Garzón, maquinista del “Alvia“ accidentado el pasado 24 de julio, en Santiago de Compostela, y que dejó como resultado setenta y ocho personas fallecidas, (dos menos que las indicadas hasta ahora). Pero… ¿qué importa el número? La muerte dejó su huella en esa curva, la curva de “A Grandeira“ -como se llama el lugar del accidente-.

Trece años de experiencia y uno en la ruta le permitían conocer perfectamente el recorrido. Entonces, ¿qué pasó? Se baraja la posibilidad de que estuviera hablando por el celular, se dice que pudo confundir la curva con una anterior y menos peligrosa y -atención-: ya está comprobado que el European Rail Traffic Management Systen -ERTMS- no estaba operativo. De haberlo estado. Se hubiera parado el tren. ¿Por qué? Es la pregunta. “Da problemas durante la circulación“, afirma el colectivo de maquinistas.

Nada funciona

Hay más. “Los sistemas de señalización, comunicación y seguridad no están completamente operativos, afirma un ingeniero que prefiere mantener el anonimato, y que participó en la construcción del “Alvia“.

Todo apunta a que el maquinista cargará apuestas con setenta y ocho homicidios por imprudencia. Cuatro años por cada homicidio, trescientos doce años en total; condena que se verá rebajada puesto que la ley penal vigente en España dice que jamás se podrá aplicar más del triple de la condena inicial. Leyes como ésa y alguna otra que se me escapa, permitirían cumpliera doce años de cárcel.

El dedo acusador señala muy rápido

El Ministerio de Fomento se lava las manos: “… se llevará a cabo una investigación exhaustiva; pero, en todo caso, los AVE se construyen siguiendo todos los protocolos internacionales de seguridad“. Otro tanto hacen RENFE, empresa española de transporte ferroviario y ADIF, agencia encargada de la construcción y gestión de los ferrocarriles. Todos se exculpan porque ¿cómo quedaría el AVE español, uno de los mejores y más seguros del mundo? Y se agarran con firmeza a las palabras del maquinista: “tenía que ir a ochenta e iba a ciento noventa. La he jodido. Me quiero morir“.

La caja negra no se ha abierto aún; pero ya hay un culpable y una causa. ¿No es un poco apresurado? ¿Y los responsables técnicos, y los responsables políticos y los institucionales? No tan rápido señores. El maquinista erró y gravemente, pero no es el único…

 

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