“El presupuesto no volverá a ser el ponqué de un club de contratistas” Gustavo Petro

BOGOTA, 06 de Julio ­_RAM_ El alcalde mayor de Bogotá Gustavo Petro afirmó que detrás de la oposición a sus políticas y los intentos de destruir a su gobierno, por cualquier vía — léase revocatoria–, están los contratistas a los cuales les quitó “el erario público que ellos siempre han visto como un ponqué para repartírselo”.

Al efecto, el mandatario distrital garantizó que el presupuesto de Bogotá no volverá a ser la torta de “un club de contratistas”.

Las precisiones las hizo Petro en una entrevista al Periódico Humanidad, en la cual, al hacer un balance de 18 meses de gestión, afirmó que “el permanente acoso que hemos vivido como ningún otro gobierno, todos los días, solo se puede resistir con la población en las calles, deliberante, tomando decisiones, adueñándose del poder y de la ciudad”.

Y agregó: “Hay un sector de la ciudadanía, fundamentalmente de clase media alta, que no comparte mi visión de la ciudad, es decir, el que se privilegie la educación pública y el que se dirijan los recursos hacia los grupos poblacionales más débiles de la sociedad bogotana. Ese sector forma la base social de una oposición que es genuina, legítima y que respeto. Solo que les diría que nosotros ganamos las elecciones. Pero detrás de esa inquietud ciudadana se mueve otro tipo de intereses y que pueden resultar oscuros”.

¿Cómo defenderse en este momento ante el proceso en la Procuraduría y la amenaza de la revocatoria?, le preguntó el periodista.

“Mi defensa es el pueblo, respondió. Procesos jurídicos, procesos políticos, el permanente acoso que hemos vivido como ningún otro gobierno todos los días, solo se pueden resistir a partir de la población en las calles, deliberante, tomando decisiones, adueñándose del poder y de la ciudad. Así que nuestra defensa ante la arbitrariedad, ya lo habíamos dicho, son las multitudes.

De otro lado, respecto a su balance, el alcalde Petro afirmó que, en cumplimiento de su Plan de Desarrollo, en muy poco tiempo ha dejado una profunda huella en la ciudad con medidas como la reducción de homicidios (gracias, entre otros, al desarme), la baja en las tarifas de Transmilenio, el suministro de agua gratis a sectores de poca capacidad de pago, el histórico aumento de un billón de pesos en el presupuesto de educación, la humanización en el trato a personas adictas a las drogas y muchas otras realizaciones que también han tenido un alto impacto social.

Otros apartes del reportaje a Petro, son los siguientes:

Medidas como la baja en la tarifa de Transmilenio generaron críticas relacionadas con posibles problemas financieros. ¿Ha pasado realmente algo así?

Las tarifas siguen en proceso de formación porque hasta ahora se está implementando el Sistema Integrado. Pero podemos decir que el transporte en Bogotá puede ser mucho más barato de lo que fue en el pasado y trabajamos para ello, no solamente con la baja para las troncales de Transmilenio que está ahora completamente financiada sino que vamos a subsidiar a toda persona que pertenezca al Sisben, en aproximadamente 400 pesos por pasaje.

 

¿Qué le deja haber intervenido el “Bronx” y la experiencia novedosa de los Centros de Atención Móvil a Drogodependientes (Camad)?

Aprendimos que el drogadicto no es un criminal sino un ciudadano, generalmente joven, y que la relación del Estado con esa persona no puede ser de bolillo y calabozo. Consiste en el respeto de sus derechos y en la mano tendida del Estado para recuperarlo. Allí hemos sembrado dignidad donde solo se había sembrado podredumbre y creo que es el ejemplo más bonito, un símbolo de lo que significa Bogotá Humana.

Para usted, la educación siempre ha sido una determinante de cualquier política social. Con el aumento de un billón de pesos en el presupuesto distrital de este sector ¿qué se ha hecho?

Casi cien mil muchachos y muchachas estudian hoy ocho horas diarias cuando antes solo estudiaban cinco horas. Eso significa más saber de las personas. Queremos llegar a 250 mil estudiantes con esa jornada y también deseamos atender a toda la población infantil, ya sea en su casa, en jardines o preescolares. Y no solo con saber y juegos sino con nutrición. Vamos a acabar con la desnutrición infantil en Bogotá. Soñamos con llevar el presupuesto educativo a cuatro billones de pesos, de tal manera que le podamos decir, al final del gobierno, a la sociedad bogotana que literalmente duplicamos los recursos destinados a la educación.

 

El mundo reconoce los logros del desarme y de la baja histórica de homicidios en Bogotá. ¿Es hora de ampliar la medida al resto del país?

Está claro que el caso de Bogotá es exitoso. En 1993 era una de las ciudades más violentas del mundo, casi que moría una persona por cada mil habitantes. Hoy es una de las capitales donde menos se mata en América, con una tasa de homicidios que tiene que bajar más. Nuestra experiencia es significativa y deja grandes lecciones al país. Se incluyó socialmente a la población pobre, la desigualdad disminuyó, el trabajo digno y de calidad aumentó y nos desarmamos. El desarme debe ser una ley nacional. Bogotá demuestra que al desarmarnos físicamente también desarmamos los espíritus y construimos una cultura de paz que se refleja en nuestras cifras.

 

¿Con la ayuda, por supuesto, de la Policía y el Ejército?

Es indudable, el Ejército nos ha ayudado firmando las resoluciones del desarme y la Policía ha adquirido una organización gerencial de muchísimo más calidad y profesionalismo. En todos los terrenos hay que seguir avanzando.

 

¿Cómo se siente con la labor del Concejo, especialmente en este último período? ¿Por qué cree que la oposición allí es tan implacable?

Creo que el Concejo ha venido transformando su realidad política. Estaba dominado por los carteles de la contratación y ahora va pasando, un poco lentamente para mi gusto, hacia un Concejo que debate ideas, que va arrinconando el sectarismo, el dogmatismo y la corrupción y que transita a lo que debe ser el debate político, el argumento entre posiciones diferentes. En ?n, que construye salidas sobre esas diferencias en beneficio del interés general.

Con el avance del cupo de endeudamiento y su posible aprobación en plenaria, ¿definitivamente se abre paso a las megaobras que necesita la ciudad?

Claro, pero son megaobras concentradas en el transporte público colectivo, que me parece importante. Los cables, el Transmilenio de la Boyacá, el gran metro que está en proceso, las avenidas de las localidades del occidente que necesitan desembotellarse. Pero estas obras no son suficientes, tenemos que agregar iniciativas privadas en temas de tranvías, y ese es un compromiso ineludible para mi administración, porque usando los corredores férreos podemos agregarle a la infraestructura vial. Con lo que estamos decidiendo, el transporte público colectivo de Bogotá presenta una revolución. Lo único que aconsejaría es usar menos el carro porque es el gran responsable del trancón.

 

¿Se siente tranquilo y con el deber cumplido al poner en funcionamiento el nuevo modelo de aseo?

Falta más. Tenemos que pasar a otras etapas. Aunque pesa sobre mí una destitución porque les quité el negocio a cuatro contratistas privados, que se habían vuelto dueños de la contratación de Bogotá y del país, ya podemos demostrar que gracias a eso bajamos las tarifas 11 por ciento promedio este año, que hicimos saltar tecnológicamente los instrumentos del aseo (la flota más moderna entre barredoras y compactadoras que se tenga en el país está en nuestro operador público), y que fuimos capaces de incluir a la población recicladora como nos lo ordena la Corte Constitucional (en este momento miles de recicladores reciben remuneración por su trabajo). Lo cierto es que nos quedan retos por delante y el primero y más grande de todos es la industrialización del reciclaje.

Hay un proceso en curso en la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), de montar una gran fábrica de transformación de los residuos orgánicos en biodiésel para transporte público colectivo. Si alcanzamos ese punto podré decir, con mucho orgullo, que en materia de aseo y de Basura Cero, lo logramos.

 

¿Qué hay detrás de la revocatoria y del pliego de cargos que le formuló la Procuraduría?

Hay un sector de la ciudadanía, fundamentalmente de clase media alta, que no comparte mi visión de la ciudad, es decir, el que se privilegie la educación pública y el que se dirijan los recursos hacia los grupos poblacionales más débiles de la sociedad bogotana. Ese sector forma la base social de una oposición que es genuina, legítima y que respeto. Solo que les diría que nosotros ganamos las elecciones. Pero detrás de esa inquietud ciudadana se mueve otro tipo de intereses y que pueden resultar oscuros.

Estoy absolutamente convencido de que en el intento de destruir el gobierno de Bogotá Humana, por cualquier vía, están los contratistas a los cuales les quitamos el erario público que ellos han visto siempre como un ponqué para repartírselo. El presupuesto de la ciudad no puede ser más el ponqué de un club de contratistas.

 

¿Cómo defenderse en este momento ante el proceso en la Procuraduría y la amenaza de la revocatoria?

Mi defensa es el pueblo. Procesos jurídicos, procesos políticos, el permanente acoso que hemos vivido como ningún otro gobierno todos los días, solo se pueden resistir a partir de la población en las calles, deliberante, tomando decisiones, adueñándose del poder y de la ciudad. Así que nuestra defensa ante la arbitrariedad, ya lo habíamos dicho, son las multitudes.

 

¿En qué ha cambiado la ciudad que usted recibió, 18 meses después de su posesión?

Es una ciudad más humana. Miramos de manera diferente a los niños y niñas, al habitante de la calle, al pobre, a la mujer, al que tiene o a la que tiene una opción sexual diferente, profundizamos el tema de la diversidad, hoy más que nunca la cultura pulula por las calles. Tenemos la gente estudiando más tiempo, las inversiones en infraestructura permitirán que Bogotá sea una de las mejores ciudades de América y eso les traerá prosperidad a sus habitantes. Pero una prosperidad medida no solamente en dinero en el bolsillo sino en términos de cultura en cada corazón.

 

¿Cuál puede ser el aporte de Bogotá al proceso de paz?

Que el campesinado esté en la extrema pobreza porque no tiene tierra o crédito es la causa de la guerra. Así que aquí podemos ayudar a la paz a partir de un sistema de abastecimiento alimentario que privilegie la producción de los campesinos.

En mi opinión, la capital debe ser protagonista en todo el proceso de paz. Si queremos una reforma agraria, eso no se hará sin reformar el sistema de abastecimiento alimentario de Bogotá

 

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