Indignados –perro que ladra no muerde-

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

Dice Oscar Wilde en una frase, que la moda es una forma de fealdad tan intolerable que es necesario cambiarla cada seis meses. Pero la moda no es solamente ropa, tendencias, telas, contrastes, pasarelas inimaginablemente odiosas donde se venden deidades humanas como modelos frenéticos a seguir y cambiar cada seis meses. La moda también abarca la tecnología, las formas de comunicación, los modismos, los lenguajes variables que tienden a globalizarse e incluso, las formas de percibir el mundo. Los pensamientos, esos que algunos entienden como ideología, claro está, siempre cambiante. Digamos, cada seis meses.

Y ahora está de moda indignarse. Es lo último, algo muy actual, muy chic. Grecia, Egipto, Siria, Estados Unidos, Brasil. El mundo entero se está indignando. Y Colombia, claro, no puede quedarse atrás.

La diferencia radica en un asunto bastante simple: en estos países, los indignados han buscado un cambio estructural de la sociedad, del Estado y la forma de gobierno. En Grecia por ejemplo, las protestas por la crisis económica se agudizaron tras el asesinato a manos de la policía de Alexandros Grigoropulos, un joven anarquista de 16 años. La voz de inconformismo hizo eco internacionalmente y las manifestaciones de replicaron en varias partes de Europa.

En Brasil, una clase media políticamente empoderada salió a las calles a manifestarse en contra del despilfarro de recursos públicos invertidos en la organización de la Copa Confederaciones y el Mundial de Fútbol que se realizará el próximo año.

Pero en Colombia la cosa es bien distinta. Acá, los indignados expresan su furia en 140 caracteres durante dos o tres días. Máximo. Nada más. Somos una clase de indignados muy convenientes para cualquier gobierno, ¿Chévere no? Sólo hacen ruido los gamines esos”. Perro que ladra no muerde, dice el refrán.

Y así hablamos de indignarnos como lo hacen en Brasil, en Egipto, como lo hicieron en Grecia. Y vamos dejando pasar el tiempo y el olvido va sepultando todo, incluso nuestra oportunidad de sacudirnos, de hacernos sentir, de hacerle saber al gobierno que existimos, que somos una masa que piensa y siente, que somos más que un amasijo hecho de cuerdas y tendones o un revoltijo de carne con madera. Sin embargo, preferimos seguir contra las cuerdas y dormir eternamente en la madera.

El artículo 3 de la Constitución Política dice que: “la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público”. El problema es que hablar de soberanía es para izquierdistas, mamertos, socialistas. Acá la voluntad popular sólo ha servido para que los gobernantes de turno se limpien eso mismo que usted está pensado al leer esto, y eso pasa porque no tenemos conciencia de clase, porque parece que finalmente no nos duele, que aprendimos a vivir con la corrupción, viendo cómo hacen puentes donde no hay ríos, en el hipotético caso de que terminen de construirlos.

Hemos tenidos cientos de oportunidades para indignarnos: el pésimo sistema de salud, en Colombia la gente se muere esperando atención médica en las filas de los hospitales, las mega pensiones, el carrusel de la contratación, la interceptación de comunicaciones ilegal, los falsos positivos. Las tenemos casi a diario, con el uso desproporcionado de la fuerza por parte de la policía, con la corrupción de funcionarios públicos, con los miles de ancianos que esperan desde hace años su pensión. Pero nada pasa, siempre esperamos a que alguien más lo haga, mientras tanto nos indignamos con 140 caracteres.

Acá los indignados no salimos a la calle, no nos tomamos una plaza pública. Quizás por miedo, no solo a la acción violenta de agentes del Estado para reprimir las manifestaciones o a la estigmatización del gobierno y de los medios de comunicación, sino a la mirada acusadora de la gente en la calle, a la doble moral de Colombia.

Tenemos razones para indignarnos. Muchas. Pero no podemos hacerlo simplemente porque pasó en Brasil, nuestra indignación debe pasar de ser una simple réplica. Nos falta conciencia de clase, sentido de pertenencia, uno que vaya mucho más allá del patriotismo (que siempre es peligroso) rampante. Nos falta algo que nos haga estallar, un golpe quizás, que nos haga dejar de ser la masa para convertirnos en la maza.
Comentario 1: Hablando de cosas indignantes, el ex senador conservador Pablo Victoria fungió como orador principal en el lanzamiento de la Alianza Nacionalista por la Libertad, un proyecto político neonazi.

Comentario 2: Carlos Ardila Y Gonzalo Ruiz se convirtieron en la primera pareja del mismo sexo legalmente casa en Colombia. Un buen punto de partida para la modernización de la legislación colombiana en materia de Derechos Humanos

Comentario 3: El próximo martes 30 de julio se realizará en el Congreso de la República el foro sobre la población carcelaria femenina “Mujeres tras las rejas… ¿mujeres sin derechos?

@acastanedamunoz

  Share: