El Ojo del Halkón: Colombia Polarizada

Por: Rudames.–

BOGOTA, 08 de Septiembre ­_RAM_ Decía mi abuelo, un viejo muy sabio que se fue de este mundo cuando estaba cerca de cumplir cien años, que no había nada más grave que las guerras entre familias, las peleas entre hermanos y la lucha de supervivencia entre perros y gatos.

Lo que se está viviendo en Colombia en los últimos 50 años o más, es una verdadera guerra fratricida y no recuerdo en lo que llevo de existencia haber vivido un día en paz, porque de niño siempre oí hablar de los bandoleros y es así como uno de mis hermanos que acaba de fallecer, le tocó vivir la guerra de colores o de partidos políticos en donde cada quien creía que estaba haciendo las cosas bien al acabar con la vida de sus semejantes; sin importar muchas veces que fueran sus propios vecinos o familiares, porque para ellos era más valioso el famoso trapo rojo o azul.

También recuerdo cuando los chusmeros, luego bandoleros eran el azote en las fincas de nuestros padres y conocidos y en donde la violencia era el pan de cada día, lo que hacía que las mujeres bellas de la tierra donde vivía, el antiguo Caldas, hoy Eje Cafetero no dejaran de lucir los trajes de luto, porque sus almas estaban adoloridas y marchitas por la muerte de alguno de sus familiares, y en esto quiero ser claro, sufren tanto las familias de las víctimas como de los victimarios que al fin y al cabo todos los muertos llevan un apelativo y es el de ser colombianos.

Cuando se creía que estábamos pasando del gran flagelo del narcotráfico y que solo quedaba los malos hechos de las FARC, comenzamos a notar que nos estamos equivocando, porque esta guerra continúa de una o de otra forma y si se dijo que el gobierno de Álvaro Uribe Vélez estaba acabando con la Guerrilla, por una meta personal que se había trazado, parece que el gobierno de Juan Manuel Santos haya sido el resurgimiento de la violencia un poco adormilada por cerca de 8 años.

Los paros nos han hecho pensar en muchas cosas, una de ellas que los campesinos se cansaron de esperar y de ser los olvidados de piedra por parte de los gobiernos central y regional y que ahora están dando el grito de independencia y la solicitud da la solución de los problemas, saliendo a los caminos y veredas al igual que a las calles y avenidas de las grandes ciudades del país; pero lo peor del caso es la infiltración de los sujetos extraños en dichas protestas campesinas y es que de eso se da cuenta hasta el más inocente al ver las armas que utilizan y la manera de actuar, que sin lugar a dudas no es lo que saben hacer nuestros campesinos, aquellos que labran la tierra desde el amanecer hasta la tarde para luego de un tiempo recolectar los productos que son llevados a las grandes urbes para alimentar a millones de habitantes.

Eso de las infiltraciones debe de investigarlo el Gobierno y no es uno quien tenga autoridad para hablar sobre esto, pero si para protestar por lo que está sucediendo, en especial por las víctimas civiles y militares que sigue dejando este problema que parece comienza a solucionarse y del que se espera hayan aprendido tanto los campesinos como el Gobierno, y que este último cumpla con lo prometido para levantar las protestas.

Decía al comienzo que Colombia está polarizada y sí que la está, según encuestas que para algunos son muy serias y para otros manipuladas, el Gobierno del presidente Santos va en picada y posiblemente no vaya a alcanzar a reelección, la que necesita para cumplir con una serie de programas sociales y de orden público, siendo su principal meta alcanzar la paz para los colombianos.

Es poca gente la que cree en la firma de un proceso de paz y se puede decir que tienen la razón, porque después de tantos años de violencia, es muy difícil creer que las FARC vayan a cambiar de un momento a otro, y además porque han hecho una serie de exigencias que todo el pueblo colombiano conoce que no se pueden cumplir, porque quedarían muchos delitos en la impunidad, aunque muchos conocedores del asunto dicen que hay que sacrificarse por ello y abrir espacios para que los alzados en armas al dejar las mismas, vayan a formar parte del Congreso de la República, cosa para la que creo que no está preparado aun el pueblo colombiano.

Mucha es la madera la que se le da al actual mandatario y varios son los candidatos que ofrecen poner las cosas en orden, pero falta saber quiénes de verdad quieran la paz de la manera que se está buscando y quienes la quieren por medio de la guerra.

El gobierno Santos pasará a la historia por este nuevo intento de la búsqueda de la paz y para muchos por los fracasos que ha tenido en asuntos tan delicados como la pérdida de millas en el archipiélago de San Andrés y Providencia, el caos en la salud y la entrega últimamente como dicen algunos de los entendidos de su gobierno, al expresidente Ernesto Samper Pizano, de cuyo gobierno no hay muy buena recordación entre los colombianos.

Esperamos saber quién tiene la razón cuando dicen que en categoría y en calidad el gobierno Santos solo supera en unos puntos muy bajos al de Andrés Pastrana Arango.

Hace unos meses decía desde estas mismas columnas que estábamos a punto de iniciar unos comicios electorales bastante delicados y parece que así va a ser, pero esperamos que haya respeto, que se presenten propuestas para solucionar los problemas del país y que no se haga unas elecciones para Congreso y Presidencia de la República sobre los errores de los contrincantes.

Al comenzar la semana por la paz, los discursos fueron más que un llamado a conseguir esta anhelada paz, un grito a la guerra y a la violencia entre hermanos.

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