¡Maldita democracia!

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

“Cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es el pueblo y no una multitud anónima de siervos” Jorge Eliecer Gaitán

Si hay algo que ha quedado claro en las últimas semanas en el país, es que hay un creciente número de ciudadanos que no se sienten representados por los partidos, ni por los políticos, ni por los Congresistas ni mucho menos por el gobierno y aunque sumidos aún en el letargo de la afanosa pero confortable cotidianidad, el fenómeno ha ido tomando fuerza. El Estado ya no representa a la gente. Es más: el Estado nunca ha representado a la gente.

El Estado se convirtió en una maraña burocrática y caprichosa que hace todo lo posible por mantener el Statu quo aun a costa de la voluntad popular. La paciente y silenciosa Vox Populi ha obedecido en una enferma mansedumbre causada quizás por el miedo o por el hambre. Bien dicen que un pueblo con hambre es fácil de dominar.

Si bien el imperio de los sordos reina campante todavía, esa aglomeración de personas que se quiere hacer escuchar existe. Pero como la inconformidad llega hasta donde la comodidad y la moda dictaminan, quizás la pequeña llama se apague. Es lo más probable.

Es en ese ambiente lúgubre donde nuestra primitiva democracia entra en juego. Es que como a nosotros nos gustan las cuentas claras y el chocolate espeso, entonces acá o es lo uno o es lo otro.

Por eso nos encanta dividirnos: conservadores o liberales, católicos o ateos, blancos o negros, los que les gusta y no les gusta el fútbol. Y para bien supremo de la patria, hemos regresado al bipartidismo, ahora la cosa es uribismo y santismo. Como si el país se mereciera estar dividido por culpa de ellos dos. O quizás sí, no sé. La otra opción es una tercería que no pinta nada bien, una coalición entre Enrique Peñalosa y Antonio Navarro, unión poco conveniente y contradictoria por principio.

Colombia necesita un cambio, pero ninguno de ellos representa uno tangible, real. Seguridad, paz, alternativa. Palabras, todas fáciles de pronunciar. Y luego todos invitarán a votar. Como si con votos se arreglara el país. Como si los sueños y el progreso cupieran de verdad en las urnas.

Pero somos complacientes y conformistas. Creemos que la acción de la democracia es deber de cada cuatro años. Después, que cada quien vea cómo hace, y mientras por un lado se reparten el país, por el otro se busca cómo sobrevivir.

¿Cuándo vamos a comprender que la democracia se construye con el Poder Popular y no con ídolos y votos? ¿Estamos dispuestos a seguir contemplando batallas de egos y alentando cultos a la personalidad de políticos egoístas? ¿De verdad vamos a seguir mirando al gobierno hacia arriba, con miedo, como si fuéramos súbditos que deben obediencia? ¿Seguiremos rindiendo pleitesía y homenaje a los que no merecen respeto?

Si esa es la democracia que nos tocó vivir, la de la imprudencia, las promesas rotas, el plomo, el odio, la burla, la diatriba, la puja hambrienta por el poder, la burocracia y la indiferencia, si de verdad la única manera de ejercerla es por medio del voto -ahora que quizás sea delito manifestarse-, entonces esa democracia nos dijo mentiras y no nos sirve.

@acastanedamunoz

 

 

 

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