¿Por qué perdió Colombia si jugó bien?

Por: Gabriel Romero Campos

Terminó el juego Uruguay-Colombia en Montevideo y la diferencia pareció una exageración. El colombiano medio se fue a casa pensando en que, de todos modos, el equipo de Pékerman había jugado bien. Había dominado la mayor parte del juego y merecía mejor suerte.

¿Qué hace que un equipo como el de Colombia, que posee una gran riqueza técnica, resulte inferior a Uruguay, que todavía tiene comprometida su clasificación al Mundial de Brasil?

Durante75 minutos, Colombia fue superior a su rival en Montevideo. El primer tiempo vimos a los pelados de Pékerman tocar y tocar, hicieron circular el balón, generaron oportunidades de gol, no muchas, y el estadio vivió largos silencios. Veían jugar a esta Colombia, que avanza en la búsqueda de nuevos caminos. Casi siempre, las selecciones Colombia han ido al Centenario a ocultarse, a agrupar gente atrás, a defenderse con uñas y dientes y a mirar el reloj, o mejor, a no mirarlo para que el tiempo pase vertiginosamente.

Pero ahora, con Pékerman, Colombia trabaja en el logro de una nueva mentalidad. Solo sirve el triunfo. Solo sirve ser primero. En las últimas horas, Pékerman les fijó el derrotero a sus dirigidos: la clasificación a Brasil, pero por encima de Argentina y nadie, absolutamente ningún jugador, tiene asegurado el puesto en el Mundial.

La Colombia que enfrentó a Uruguay encaró el juego de una forma distinta. Se hizo a la pelota y a las posibilidades, como ocurrió en Santiago contra Chile y como les ha ocurrido a casi todos los que han osado visitar Barranquilla y han pretendido sacar puntos.

La mayor parte del trabajo se cumplió, pero llegar a los niveles de mentalidad que poseen los uruguayos es todavía difícil. Hubo un duelo que no fue comentado. Dos jóvenes zagueros entraron en la lucha. Steffan Medina y José María Giménez. El primero debía cuidar los movimientos de Suárez, de Cavani o González. El segundo tenía que vérselas con Falcao, Teo o algún volante de armado que llegara por su zona. Medina, una excelente promesa, recibió una tarjeta amarilla y desde ese momento se desdibujó. Quizás se llenó de temores y fue inferior a su reto. Giménez, lo comentó Tabárez en la rueda de prensa, no solo cumplió, sino que fue más allá. Debió soportar los continuos ataques de Colombia y sorteó con acierto las dificultades.

Medina es un reflejo de las selecciones Colombia a través de su historia. Giménez nos mostró la garra charrúa, nos dejó ver que Uruguay no se da por vencida, que Uruguay no se siente disminuida cuando su rival muestra grandes atributos técnicos.

Pero el rendimiento de Giménez no lo es todo. Uruguay tenía que ganar o ganar y quizás lo lógico es que hubiese salido a arrollar a su rival. Sin embargo, aguantó la presión y el paso del tiempo. Con paciencia, dejó que su rival se desgastara y en los minutos finales asestó dos golpes mortales. El primero, cabezazo letal de Cavani; el segundo, remate de Stuani, que engaña, que pasa inadvertido y en el momento menos esperado, dispara y acierta.

La diferencia de Colombia y Uruguay consistió en que al equipo de Pékerman su mentalidad ganadora le duró 75 minutos, mientras que su rival la mantuvo hasta el final del juego. Así ha ocurrido a lo largo de la historia y por eso los charrúas siguen levantando copas y celebrando triunfos.

La Colombia de Pékerman, que está virtualmente clasificada al Mundial, avanza para que su espíritu ganador vaya más allá de los 90 minutos. En eso anda Pékerman, que a través de videos, alienta a sus muchachos y busca persuadirlos de que es mejor ser primeros y que del segundo nadie se acuerda.

A menos de un año del Mundial, esta derrota contribuirá a que Colombia llegue a la competencia convencida de sus capacidades, convencida de que puede mirar a sus adversarios de igual a igual. En esto consisten los desvelos de Pékerman.

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