Violencia y fútbol, no mas paños de agua tibia

Por: Ricardo Galán.–

Apoyo la decisión del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro de cancelar el partido Millonarios-Nacional ante la ola de violencia que ha cobrado la vida de cuatro hinchas en poco más de 48 horas.

Pero esa decisión no solucionará el problema. Como tampoco lo solucionó la prohibición a los hinchas de los equipos visitantes de portar su camiseta cuando van al estadio. O el cierre de carreteras y tribunas a los hinchas de otras ciudades. O los partidos a puerta cerrada, pero con transmisión por radio y televisión. Ninguna de esas acciones ha funcionado, entre otras cosas porque están diseñadas para prevenir o reprimir la violencia en los estadios y hace rato que las muertes de hinchas ocurren a kilómetros de ellos.

Lo único que ha funcionado, por lo menos en Inglaterra de donde vino el mal ejemplo de los Hooligans, fue una acción coordinada del Estado (Gobierno, Congreso y Justicia) para expedir y hacer cumplir leyes severas que facilitaron el hallazgo y castigo de esos asesinos que disfrazados de hinchas andaban sembrando muerte a nombre del fútbol.

Acción coordinada a la que nos debemos sumar los equipos de fútbol, los medios de comunicación, los patrocinadores y los hinchas seamos o no padres de familia. El problema no es de los hinchas de uno u otro equipo, ni siquiera de los aficionados al fútbol. Es de toda la sociedad, empezando en la familia.

De nada sirve cerrar estadios, cancelar partidos, vetar hinchas si la policía y la justicia no son capaces de identificar, capturar y llevar a la cárcel a esos hinchas, por fortuna aún en minoría, que creen que si no golpean a alguien yendo o viniendo del estadio la tarde de fútbol quedó incompleta.

De nada sirve la represión si no somos capaces de educar a nuestros hijos para discutir con argumentos, para tolerar a los demás aunque sean hinchas del rival de patio o lleven una camiseta de otro color. Si no somos capaces de hacerles entender que en el estadio cabemos todos.

Es hora de que en Colombia dejemos a un lado los pañitos de agua tibia con los que estamos tratando la violencia generada por el fútbol. Es hora de aplicar mano dura, muy dura, a esos violentos que quieren acabar con su conducta con uno de los espectáculos más bellos del mundo. ¿Seremos capaces de ponernos de acuerdo en eso? 

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