Violencia sin fecha de caducidad

Por: Gustavo Gómez Córdoba.–

Bogotá, 26 de Septiembre ­_RAM_.- El proceso de paz se aleja cada vez más de ese moderado optimismo en el que la propaganda oficial ha insistido en encapsularlo desde que comenzó. Proceso que, dicho sea de paso, permanece, por motivos de seguridad pública y de reelección, en una especie de dimensión desconocida cuyo argumento no conocemos los simples mortales.

La Silla Vacía planteaba en un muy lúcido análisis que los obstáculos son fundamentalmente de tres órdenes: tiempos políticos, representatividad y justicia. Un proceso de paz ajustado a tiempos definitivamente estrechos, que pretende comprimir en un año el remedio a 50 de sangre y muerte, permeado por las apetencias políticas de tirios y troyanos, torpedeado por la cabeza dura de la derecha y la terquedad enfermiza de la propia guerrilla, es un proceso que no tiene por qué caminar bien.

Súmesele a ello un gobierno que hace el mejor de los esfuerzos en La Habana pero no convence del todo aquí y una guerrilla que no mata, que no roba, que no secuestra, que no narcotrafica, mientras mata, roba, secuestra y narcotrafica. Recuerden el artículo que comentamos de Diana Calderón en El País de España, con ese peligroso paralelismo de lo que pasa hoy en Cuba con lo que vivimos hace diez años en esa otra isla que fue el Caguán, rodeada de impunidad por todas partes. Y aquella advertencia contundente de la columna: “La próxima ronda de negociación que empieza el 3 de octubre debe dar pasos firmes, porque de lo contrario, el otro proceso, el de la reelección de Santos, empezaría sin su principal activo”.

Mientras, los voceros de las Farc, cansados de cumplir su palabra, se han entregado al deporte de saltarse el compromiso de hablar a una sola voz y todos los días opinan, cuestionan, señalan y amenazan. Y dispone ahora el estado mayor de las Farc que se elabore un informe público para los colombianos, decisión que le amarra al proceso una tonelada de hierro en su camino hacia el lecho marino.

Redondeando: para llegar a un referendo en marzo, tendría que lograrse un acuerdo a mediados de octubre y como están las cosas puede ser más fácil que se dé primero la designación de Ordóñez como director de la revista SoHo. Y vienen las elecciones… y quién dialoga y logra resultados en medio de un periodo que en Colombia revela siempre lo más ruin y mezquino de nuestra clase dirigente, lo más deprimente de nuestros ambiciosos y enmermelados políticos y, obvio, lo más cruel y despiadado de los guerrilleros que protegen al pueblo ahorcándolo.

Pobre Colombia, atrapada entre el apetito voraz de su clase dirigente y las sandeces de una guerrilla con apetitos de impunidad total, que quiere pasearse por nuestras “de las calles Lombana” sacando pecho, como quien no tiene un récord Guinness de la iniquidad entre ceja y ceja.

Pobre proceso. Pobre país. Pobre republiqueta de leyes que se deslíen al cambio de clima de los acontecimientos. Pobre presidente penando por su entronización como Roosevelt bananero. Pobre Uribe, tratando de resucitar para aguar la fiesta y no dejar quebrar unos huevitos que hace rato están “pasados”. Pobre guerrilla que hace rato se quedó sin argumentos, una guerrilla a la que solo le quedan cartuchos y una maldad permanentemente pulida y brillada con sangre ajena. Pobrecitos todos. Pobrecitos todos nosotros, condenados a una violencia sin fecha de caducidad.

 

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