Desespero en La Habana

Por: Ricardo Galán.–

El presidente, Juan Manuel Santos viene advirtiendo en las últimas semanas que si las Farc no permiten avances significativos en la negociación de La Habana a los colombianos se les agotará la paciencia y terminarán en contra del proceso de paz. Lo que el Presidente no admite es que al primero que se le está agotando la paciencia es a su Gobierno porque se le está agotando el tiempo.

Muestra de que al Gobierno se le acabó la paciencia es la errática declaración del jefe negociador, Humberto de la Calle este fin de semana en la cual, al tiempo que culpa a las Farc de la demora en el proceso de paz, les concede una gran ventaja pues les puso en la mesa el talón de Aquiles del Gobierno.

Y es que, a pesar de que desde el primer día se le advirtió que sus tiempos no coinciden con los de las Farc, el Gobierno viene haciendo las cuentas de la lechera creyendo que las Farc les iban a firmar gratis y en tiempo record un acuerdo que le permitiera apalancar su reelección.

Santos y su equipo pasaron por alto lo ocurrido en El Caguán descalificando a quienes se atrevieron a señalar el error graduándolos de enemigos de la paz y ahogando sus voces. Ahora empiezan a pagar el precio. Las Farc le devolvieron la acusación diciendo que la negociación no avanza porque el Gobierno no ha aprobado una sola de sus propuestas por temor a la censura de la opinión pública.

Y para colmo, como en una negociación las formas también importan al jefe de la delegación del gobierno colombiano le respondió un segundón de las Farc lo cual demuestra quien tiene la iniciativa en la mesa.

¿Cómo salir del enredo? Juan Manuel Santos debería demostrarle a las Farc y al país que su política de paz es una política de Estado y no una mera estrategia electoral. Es cierto, los colombianos queremos la paz, pero nos importa poco el apellido del Presidente que la logre.

La paz es un anhelo de todos. Las Farc, en plan de guerra o en plan de paz, han sido el factor decisivo en las últimas 4 elecciones. Es tiempo de que se acomoden a los intereses de la Nación y no la Nación a los intereses de las Farc.

Les corresponde a los negociadores oficiales entender que defienden en la mesa los intereses de todos los colombianos y no los de una persona, partido político o grupo de interés por poderosos que sean.

Nos corresponde a los colombianos hacerles entender a los guerrilleros y a quienes elegimos para representarnos que no queremos mas violencia. Que la paz es un objetivo nacional por el que estamos dispuestos a entender, aceptar y perdonar, pero que demandamos prontitud, compromiso, sinceridad y seriedad de ambas partes para que tengamos una paz duradera y no un tregua temporal por pura conveniencia electoral.

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