Hombre con hombre, mujer con mujer…

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

Y de igual manera en sentido contrario. Esas fueron, grosso modo, las palabras con las que la señorita Antioquia, Verónica Velásquez, respondió a la sonsa pregunta: “¿Usted cree que la mujer es el complemento del hombre?”. Vale recordar la diatriba, la burla, la ofensa, el escarnio al que fue sometida la señorita Velásquez por haber respondido de esa forma en un entorno y en un país donde se esperan respuestas prefabricadas a preguntas prefabricadas.

Lo paradójico de la polémica respuesta es que es cierta. El problema es haber pronunciado esas palabras en el entorno machista de un concurso de belleza donde las mujeres son tratadas como objetos, como carne que es observada, deseada, calificada. Es decir, ¿Por qué un hombre no puede hallar complemento en otro hombre? ¿O una mujer encontrar la felicidad al lado de otra mujer? ¿Por qué el hombre no puede complementar al hombre y la mujer a la mujer?

Como si el amor fuera una institución o una ecuación matemática. Como si se resumiera en una simple conexión genital.

Hace un par de semanas, en fallo de una acción de tutela, el juez 39 Civil del Circuito de Bogotá ordenó al Juez 48 Civil Municipal de la misma ciudad anular el matrimonio realizado por este juzgado entre dos personas del mismo sexo.

La Procuraduría General de la Nación, que interpuso la acción de tutela por medio del Delegado para Asuntos Civiles, argumentó una violación al debido proceso. Se le olvidó a esta entidad que tiene el deber constitucional de velar por los derechos de todos los ciudadanos –y no solo de unos cuantos inquisidores quemadores de incienso- y quiere hacernos creer mediante argumentos falaces que destruir la felicidad de dos seres humanos es un derecho fundamental.

Rezanderos y moralistas pretenden disfrazar su desprecio hacia la población homosexual escudándose en el artículo 42 de la Constitución Política que define que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer. Intentan dar argumentación jurídica a su odio pero ignoran alegremente que por encima de la Constitución Política de Colombia se encuentran los tratados y normas internacionales, entre ellas la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Dicha Declaración en su artículo 2 expresa: “Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Por consiguiente, aún cuando el artículo 42 de la Constitución Política de Colombia defina el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, no puede este principio servir como base para vulnerar los derechos de la población LGBTI, protegidos por los Derechos Humanos.

En ese sentido, el artículo 93 de la Constitución Política de Colombia establece que “Los tratados y convenios internacionales ratificados por el Congreso, que reconocen los derechos humanos y que prohíben su limitación en los estados de excepción, prevalecen en el orden interno” y que “Los derechos y deberes consagrados en esta Carta, se interpretarán de conformidad con los tratados internacionales sobre derechos humanos ratificados por Colombia.”

De igual forma, el artículo 94 de la CP expresa que La enunciación de los derechos y garantías contenidos en la Constitución y en los convenios internacionales vigentes, no debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no figuren expresamente en ellos”.  Por consiguiente, la definición que la Constitución y el Código Civil hace de matrimonio no puede interpretarse como la negación del derecho que tiene la comunidad LGBTI a contraer matrimonio en idénticas condiciones civiles y con la misma protección y amparo de la ley.

Finalmente, si el problema de forma es el artículo 42 de la Constitución, entonces la respuesta es que este debe ser modificado para dar cabida al matrimonio igualitario.

Carece de todo sentido afirmar –como lo hace la godarria impulsada por el odio y el fundamentalismo religioso- que el matrimonio entre parejas del mismo sexo conllevaría a la destrucción de las uniones heterosexuales o de la sociedad. No podemos seguir creyendo que hay quienes tienen más derecho que otros ni creer que las minorías, por ser minorías, son menos ciudadanos que los demás.

Es inaceptable que en pleno siglo XXI aún se debata aún la igualdad de derechos, la sociedad arcaica que anhela esa enfermiza derecha recalcitrante no puede ser impuesta como obligación constitucional y así como nadie tiene derecho a meterse en sus altares, ellos no tienen derecho a meterse en la cama de nadie.

@acastanedamunoz

 

 

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