Furibistas

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

Resulta apenas natural que las ideas tengan seguidores, partidarios, defensores. Es natural que generen pasiones. También lo es que se contrapongan a otras ideas, que se diferencien, que coexistan, que se enfrenten, que se contradigan entre sí. Las ideas existen porque tienen quién las alimente, quien las enarbole; pocos o muchos, estas encontrarán partidarios siempre. Esto explica porque algunos –pocos, por fortuna- justifican las acciones violentas de las Farc, por ejemplo.

Uribe es un líder político innegable y es natural que tenga seguidores. Es decir, “ser uribista no es que sea pecado”. No, faltaba más. Ser furibista sí. No pecado, pero sí intransigencia: los furibistas no son partidarios, son fanáticos y los fanatismos son siempre peligrosos.

Los furibistas cierran los ojos y la razón para obedecer sin titubeos la voz engrandecida de su líder. Los furibistas padecen de una preocupante personalización del poder, atribuyendo toda bondad, todo triunfo, toda facultad, toda divinidad a la figura del ex presidente y lo siguen, lo bañan de gloria, lo idolatran, lo evocan, le prenden velas, todo con un fervor casi religioso malsano. irracional, pintoresco. Terminan por convertirse en caricaturas, en bocas delirantes que repiten y señalan, que condenan y hasta asesinan en una pálida y triste emulación de su líder, cuyo imaginario reposa en un altar cimentado en un fetichismo mesiánico.

Para los furibistas no hay nada que no abarque Uribe: todo está contenido dentro de él. No hay nada afuera, todo está adentro y ahí, justo en frente, habita su más grande fijación, su más poderoso enemigo, su perfecto –por demencial en intransigente- némesis: las Farc. Así, tiene libre entonces el camino el furibismo para declarar a las Farc, no solo el mayor, sino el único problema del país. Uribe es el universo entero donde converge todo lo digno y honorífico y lo que hay afuera es la inmundicia, lo pueril, lo macabro. Aparece entonces su lenguaje: “narcoterrorista”, “guerrillero”, “mamerto”. Los furibistas arrojan al vacío palabras y odio, improperios y juicios.

No hay nada superior en bondad y magnificencia a Uribe y nada peor, nada más bajo y ruin que las Farc. Eso dice su lógica. No puede la indignación del país ocuparse de asuntos distintos a los actos cometidos por las Farc. No, hacerlo es “doble moral”. Los furibistas creen que todo acto violento en el país que no sea cometido por las Farc tiene menos importancia y es menos indignante porque no pueden sus pequeñas mentes furibistas concebir nada distinto a un país sin las Farc.

Los furibistas alardean, se imponen, gritan, insultan, levantan el puño, todo con una intransigencia propia solamente de ellos, que les dice que son dueños absolutos de la verdad que salvará al país, que es hora de “retomar el rumbo” porque Uribe es la verdad y el camino. Los furibistas quieren un país sin las Farc pero anhelan construir ese escenario sobre la derrota militar absoluta con todo lo que implica. Quieren levantar su triunfo sobre la sangre y la muerte de sus enemigos en quien depositan todo su odio. Los furibistas matan con el pensamiemnto y la palabra al tiempo que se proclaman “colombianos de bien”.

Para los furibistas no hubo nada ni habrá nada después de Uribe. Le atribuyen a su líder las más altas cualidades, revistiéndolo de un manto de divinidad, admirando con profundo fervor su imagen… el furibismo no es un movimiento político: es una religión.

Así lo ven en el logo del UCD, presentado en días pasados, con una foto de Uribe en el centro sobre los colores –levemente modificados, vale aclarar- de la bandera nacional y con la sutileza de una aureola tras la cabeza del ex presidente, en quien ven a su salvador, a su mesías, a su único y definitivo líder. El furibismo es un culto a la personalidad y sus tintes de fanatismo exacerbado lo han tornado incluso amenazante.

Y ahora que el Consejo Nacional Electoral ha dicho que no pueden usar la imagen ni el apellido del ex presidente para identificar su partido, los pobres furibistas se sienten perseguidos, acechados. Vaya ironía. Pero, que se los permitan, ¿por qué no? Que el CNE y la Registraduría les permitan usar la imagen del ex presidente como logo y su apellido para nombrar a su partido. No sería la primera (ni será la última) vez que acomoden la ley a su antojo. Además, la democracia debe tener un lugar también para el fanatismo.

Finalmente, no me corresponde a mí juzgar a los furibistas por su fervor religioso y mal haría en atacarlos. Ya lo dijo Ricardo Silva Romero: en Colombia hay libertad de cultos.

 

@acastanedamunoz

 

 

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