Misoginia

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

Pocas cosas están tan equitativamente repartidas en Colombia como la misoginia. Somos una sociedad tangencialmente más machista cada vez que se justifica de alguna u otra forma una violación. Legitimar la violencia de género bajo cualquier excusa raya en los límites del cinismo y de la insensatez.

Este martes se conoció la denuncia de una joven universitaria de 19 años que asegura haber sido víctima de una violación en la madrugada del sábado en el parqueadero interno del restaurante Andrés Carne de Res ubicado en Chía, municipio aledaño a Bogotá. Según versiones de la policía, la joven llegó al establecimiento en compañía de un grupo de amigas y allí conoció a dos hombres con quienes departieron hasta altas horas de la madrugada. Uno de ellos abusó de la joven en el parqueadero.

Las declaraciones de Andrés Jaramillo, propietario del restaurante, sorprenden por su frivolidad. El primer lugar, manifiesta su molestia, su profunda incomodidad por el hecho de que el nombre del establecimiento sea utilizado. Al señor Jaramillo le preocupa más el prestigio de su restaurante que la integridad de una mujer. Agrega en sus declaraciones que “las noticias en Colombia tienen estrato social”. Claro que las tienen… si el escenario hubiera sido un bar de mala muerte en el sur de Bogotá, otra sería la historia. Pero como sucedió en un restaurante que ha querido vender siempre una imagen estilizada, elegante, sofisticada, la absurda lógica del señor Jaramillo dice que la historia no se puede contar y que el nombre de su restaurante es lo más importante.

Inclusive va más allá. Afirma tener testigos de que la relación fue consentida: “Entre 3:08 y 3:50 a.m. sucede que hay una relación entre esa pareja. Tenemos un empleado que fue testigo de esa relación consentida por esta niña. Otro vigilante observa la situación y a las 3:50 este vigilante reporta que la chica ha sido abandonada en el autoparque”. ¿Puede deducirse de esto entonces que en los estacionamientos de Andrés Carne de Res se puede tener sexo? ¿Si un empleado sorprende a una pareja teniendo relaciones sexuales al interior del restaurante –porque el parqueadero hace parte del restaurante- no puede pedirles que se retiren del establecimiento? ¿Cómo supo el empleado que la relación fue consentida? ¿O será más bien que Andrés Jaramillo cree que somos idiotas?

Sin embargo, lo más sorprendente, lo más indígnate es la justificación de Jaramillo: “Llega vestida con un sobretodo y debajo tiene una minifalda, pues ¿a qué está jugando?”. Para no ir demasiado lejos: quién la manda. Como si usar minifalda justificara una violación. Aunque para el misógino dueño de Andrés Carne de Res esa lógica ridícula sea aplicable, habría que recordarle que mucha sangre ha corrido en el mundo para que las mujeres tengan plena libertad de usar cualquier ropa sin que ello represente un peligro para su integridad física.

En Colombia la violencia de género puede palparse en cualquier escenario. Laboral, social y familiarmente las mujeres son sometidas a todo tipo de maltratos. Los machos imperantes, en una extralimitación de funciones (porque lo único que pueden hacer, y con bastante esfuerzo, los “machos-machos” es eyacular) levantan la mano y la voz con fuerza porque en sus pobres egos atiborrados de sudor y semen -y en el caso de Jaramillo, de carne- encuentran en la violencia una sensación de poder inexplicable.

En el 2012, 1.146 mujeres fueron asesinadas en Colombia. Un promedio de 4 al día. Durante los seis primeros meses de 2013, 514 mujeres fueron víctimas de homicidio en todo el territorio nacional, según cifras de Medicina Legal. El mayor número de víctimas se encuentran en el rango de los 20 a los 34 años. En el mismo periodo de tiempo se registraron 15.640 casos de lesiones no fatales. La mayoría de estas mujeres (12.048), fueron víctimas de maltrato por parte de sus parejas. Según el Instituto de Medicina Legal, la mayor parte de los casos de violencia de este tipo de presenta en mujeres entre los 20 y los 24 años de edad.

Las mujeres en Colombia padecen una sociedad retrógrada que las educa para ser “buenas mujeres”, lo cual se traduce en ser “buenas esposas” y sobre todo, en desgarrarse el vientre para tener hijos y satisfacer así al “hombre de la casa”. Colombia educa mujeres esclavas y eso es inaceptable. La familia –esa que defienden con intransigente vehemencia la Iglesia y políticos de quinta- aparece como la primera generadora de desigualdad y violencia en Colombia.

Urge hacer transformaciones de fondo. Se necesitan espacios reales de participación política y social de las mujeres. La falocracia ha desencadenado grandes tragedias, las cifras hablan por sí solas. Todo tipo de violencia de género, lo cual incluye la justificación y el silencio, es inaceptable

Andrés Jaramillo, propietario de Andrés Carne de Res (es la cuarta vez que menciono el nombre del lugar, para que no quede duda) le debe una disculpa por su lenguaje a la joven que hizo la denuncia. A ella y a todas las mujeres. Y debe entender de paso que la integridad de cualquier persona es mucho más importante que el good will de su restaurante.
NOTA: Los 15 puntos sobre participación en política pactados en La Habana entre el Gobierno y las Farc no tienen mucho de revolucionario, es indudable que la palúdica democracia colombiana necesita una ampliación. Me llama poderosamente la atención que el último punto: la aplicación de los acuerdos se hará con “enfoque de género y asegurando la participación de la mujer”. Este es, a mi juicio, uno de los puntos más importantes, es una deuda histórica de Colombia frente a la equidad de género.

@acastanedamunoz 

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