La noticia está triste. Su novio ya no está.

Por: Ricardo Galán.–

imagesAntonio José fue reportero toda su vida. No sabía hacer otra cosa. No quiso ser otra cosa. La reportería era su vida. Le encantaba perseguir las noticias. Ir por ellas. Perseguirlas, cortejarlas, conquistarlas. Y las noticias se dejaban. Siempre se rendían ante su persistencia. Lo mismo la elección de un Papa, que la de un Presidente o un Alcalde. O un golpe de Estado. Lograba que golpistas y depuestos lo respetaran. Le dieran una declaración.  A él. Sólo a él. No porque fueran sus amigos. Porque estaba ahí. Siempre estaba ahí. A veces sólo, a veces con alguna colega, pero siempre estaba ahí. Hugo Chávez decía que Antonio José lo había salvado de un golpe de estado porque estuvo ahí con su micrófono en el momento exacto. En el sitio preciso para transmitir su voz a todo el continente y reportar que estaba vivo, libre y al frente de su despacho cuando todos lo deban por muerto.

Antonio José era feliz en la calle. En el sitio de la noticia. En una vereda, un pueblo, una calle o en una Metrópoli. Las oficinas lo aburrían. Las salas de redacción le fastidiaban. Antonio José necesitaba ver la noticia. Olerla. Saborearla. Tocarla. Acariciarla. Podía pasar horas, días transmitiendo una noticia siempre y cuando estuviera junto a ella.

Antonio José era un reportero. Fue presentador en radio y TV. Nunca aguantó mucho tiempo. Pudo ser un gran director. Varias veces le ofrecieron serlo. No quiso. Se aburría sólo de pensarlo. Prefería ser reportero. Era feliz siendo reportero. Murió en su Ley. Siendo reportero.

Hoy su partida es noticia. La única que Antonio José no pudo cubrir. Ni siquiera él pudo estar en dos partes al mismo tiempo. Aunque en vida a veces, cuando reportaba sus noticias, nos dejara la sensación de que él podía.

Antonio José amaba las noticias. Y las noticias a él. Fueron novios toda su vida. Inseparables hasta hoy. La noticia está de duelo. Su novio ya no está.

 

Fotos: cortesía JetSet

 

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