Osorio, el éxito, la prudencia, la humildad

Por: Esteban Jaramillo Osorio.–

Bogotá, 16 de Diciembre ­_RAM_ Osorio, la razón del cambio. La confianza en su idea, compartida por su grupo, apoyado en el trabajo, en silencio y en humildad, y con la evidencia de los números, construyó, sin discusión, al campeón de todos los torneos, Nacional. Con la paciencia de Mandela, supo aguantar torrentes críticos, de los doctos del fútbol empeñados en resistirse al cambio, a las nuevas tendencias de entrenamiento y dirección.

Supo Osorio escoger una nómina cualificada, aportando soluciones, sin conflicto, en funciones y no posiciones. Dinamizó el juego colectivo, para darle solidez a sus líneas, las que, con versatilidad extrema, supieron adaptarse a las exigencias de partidos y torneos. Logró, con sus jugadores inteligentes, automatismos con el balón y sin él, con interacción de los factores en la competencia, integrando los componentes técnicos, físicos, tácticos y fisiológicos.

Nunca subordinó el juego a la táctica a pesar de sus mensajes cifrados, en papelitos, para reacomodar sus líneas. Recuperó la pasión del hincha, tan obstinado en rechazarlo, por la influencia negativa de los viudos del poder enquistados en los medios.

Nacional fue a lo largo del semestre un equipo imaginativo, práctico y directo, con equilibrio en sus líneas y amplio margen de maniobras colectivas, con el sello de su entrenador. Supo resolver trances adversos y críticas situaciones de juego, sin restarle la identidad a su estilo y sin separar a futbolista alguno del contexto de la colectividad. Eligio con su equipo, Osorio, su modelo y supo perfeccionarlo a lo largo de la competencia, para ganarlo todo.

El Cali jugó herido de muerte por las carencias de su nómina, sus temores y la falta de opciones y de gol. Construyó su ilusión a través de individualidades, sobresaliendo en ellas Mondragón, guardián lujoso de su pórtico, en la etapa otoñal de su brillante carrera.

Fue aguerrido Cali hasta el final, pero maquilló sus deficiencias técnicas y tácticas, en la voluntad de sus filas, al mejor estilo de Leonel jugador. Pero incapaz para encontrarle variantes al partido neutralizado por su rival, campeón.

Se entienden entonces los puños al aire de los hinchas que sin taquicardia vivieron la coronación. Los llantos de victoria, las explosiones emotivas, los desfiles triunfales, las congratulaciones de los directivos y el reconocimiento unánime para un año inolvidable por lo triunfal. Los números no mienten. Nacional Campeón en todo, con todo, en fútbol y estadísticas, en inigualable dinámica ganadora.

Osorio, el hombre que no se aferra las viejas formas, el innovador, el analista, sin duda entre los estrategas colombianos, el mejor.

 

 

 

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