Solsticio

Por: Andrés Felipe Castañeda.–
24 de diciembre. Tercer día en el que, desde las perspectiva del hemisferio Norte, el sol ha dejado de moverse hacia el Sur. Un día falta para su renacimiento. Ha llegado el Solsticio, trayendo consigo días más cortos y fríos. Esta noche, las tres estrellas más brillantes del Cinturón de Orión, Los Tres Reyes, se alinean con la estrella más brillante del firmamento, Sirius, la estrella del Este, apuntando al sitio donde nacerá el Sol mañana 25 de diciembre. Así, los Tres Reyes siguen la estrella del Este para el nacimiento del dios Sol.
Ya se cumplió la tradición pagana de cortar un árbol, ponerlo en el interior de las casas y adornarlo con los mejores frutos y flores para agradecer al Universo por las cosechas y los triunfos del año que pasa.
Jesús, dicen, nació el 25 de diciembre. Al igual que Horus, de Egipto, Khrisna, de India, Attis, de Frigia, Mithra de Persia, Dionosio, de Grecia. Todos, en distintas épocas, nacieron el 25 de diciembre. Pero el que nos atañe, como tradición cultural y religiosa es el primero: Jesús. Nació de una Virgen en Belén, que significa “La casa del pan”. El antiguo símbolo de la constelación de Virgo –que significa virgen en latín- es una M modificada y era representada como una virgen cargando un haz de trigo. Por eso el nombre de la madre de Jesús, la virgen María, empieza con M. Al igual que Mirra, madre de Adonis y Maya, madre de Buda. Belén, la casa del pan, es también una analogía de la constelación de virgo: el dios Sol que nace de una virgen.
Ahora bien, tras el Congreso de Nicea, el nacimiento de Jesús empezó a celebrarse en diciembre, en concordancia con todas estas tradiciones que pasaron a ser paganas. Hoy el Árbol de Navidad se adorna con flores artificiales, frutos de plástico, luces, muñecos, estrellas… la ciudad de Belén, desértica, es representada con verdes prados en casi todas las casas. Y están las tres estrellas del Cinturón de Orión, Sirius, el dios Sol, y la constelación de Virgo, representados en Los Tres Reyes Magos, el niño Jesús y la Virgen María en la casa del pan.
Es Navidad, la época triste, fría, hermosa, tierna, calurosa, alegre. Una época de fuertes contrastes, ya que “hay Navidades tristes y Navidades alegres”. Hoy muchos esperarán hasta media noche para el nacimiento de Jesús en un pesebre “para nuestra salud y remedio”. Se entregarán regalos y se comerá. Se celebrarán las fiestas de fin de año con fervor y agradecimiento. Pido, como individuo no creyente y de manera humilde, que en medio de tanta abundancia se levante una plegaria, por pequeña que sea, por todas esas personas que en la noche de la Navidad (natividad) del Señor no tienen comida en abundancia, ni regalos, ni esperanzas. Pido, espero no en vano, que estos días sirvan también de reflexión y fortalecimiento. De agradecimiento. Sin importar las creencias que tenga cada uno, debe trascender el deseo de una “Noche de paz” en lugar de la tan dolorosa tragedia de la “Horrible noche”. El país se lo merece. Lo merecemos todos. Que el nacimiento del dios Sol represente un nuevo inicio para Colombia, para todos. Que traiga consigo en niño Dios un cambio de mentalidad para que no nos sigamos matando por camisetas de fútbol, ni por conducir borrachos, ni por pensar diferente mientras en el monte siguen sonando los disparos y el llanto de las madres se enmudece en medio de la parranda. El mejor regalo que Colombia puede hacerse a sí misma es la paz. Es un regalo para todos. Que así sea.
A todos los lectores de Libretadeapuntes.com y a quienes a lo largo de este año me han honrado con el tiempo dedicado a la lectura de mi columna, de todo corazón les deseo una Feliz Navidad.

@acastanedamunoz

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