Calidad educativa: un asunto urgente

Por: María Victoria Angulo (*)

Bogotá, enero de 2014.– PISA es la mayor prueba internacional educativa que existe hoy en día para medir y comparar los conocimientos y habilidades que los jóvenes de 15 años tienen. Además, permite comparar los resultados de 65 países y economías, a través de la evaluación a una muestra de 510.000 jóvenes que representan alrededor de 28 millones de jóvenes en estos países.

Para el caso de Colombia, como ya se ha compartido por los distintos medios de comunicación, participaron 9.073 estudiantes en representación de 560 mil alumnos de instituciones educativas oficiales y privadas, urbanas y rurales y, además, se cuenta en esta oportunidad con información de Bogotá, Medellín, Cali y Manizales; ciudades que decidieron evaluar sus desempeños. Específicamente, según las pruebas, Colombia ocupó el puesto 63 en matemáticas entre los 65 evaluados, solo superado por Indonesia y Perú, que obtuvieron los resultados más bajos. En lectura se ocupó el puesto 56 y para el área de ciencias, el puesto 60.

Si bien es importante y necesario compararnos con otros países, también es fundamental tratar de ir más allá para preguntarnos qué debemos hacer como sociedad para que los esfuerzos de mejora de la calidad sean sostenibles en el tiempo.

En Colombia durante los últimos años se han reconocido avances importantes en cobertura en los distintos niveles de formación; se cuenta con sistemas de información, evaluación y parámetros para saber cómo avanza la calidad de la educación, lo que permite orientar mejor la política pública.

Por otra parte, revisando los resultados de estas pruebas, en los grados 5 y 9 se observan en general avances sobre todo en algunas regiones del país, pero persisten las brechas entre colegios públicos y privados, así como entre rurales y urbanos, a favor de los últimos.

¿Qué hacer frente a semejantes retos? No hay claramente una única respuesta, ni es solo responsabilidad de las políticas públicas. En primera instancia, hay que tener en cuenta que el impacto del esfuerzo del Ministerio de Educación con el programa Todos a Aprender, que focaliza los establecimientos educativos en situación de desventaja y, dentro de ellos, el desarrollo de competencias matemáticas y de lenguaje en la básica primaria, será visible en el mediano plazo. Es de esperar que, por su concepción y estrategia, contribuya a cerrar brechas en la medida que logre consolidar condiciones institucionales que garanticen la sostenibilidad de las transformaciones iniciadas en básica primaria en la institución educativa como un todo.

En segundo lugar, para acelerar el ritmo hay que investigar, promover e implementar políticas que impacten en las dinámicas de la transformación educativa, el futuro de estos niños, sus familias y la movilidad social que debería generar el acceso a educación están en juego.

Para ello, debe hacerse un esfuerzo colectivo entre el Gobierno Nacional, aportes del sector privado, los gobiernos regionales y la sociedad civil. El tema educativo no es para nada responsabilidad exclusiva del sector educativo, la educación debe estar en la agenda de todos los sectores, todos los ministerios, pues solo así se suman los recursos necesarios y se ofrece una visión renovada del compromiso que deben tener los educadores, del rol de la comunidad, de la necesidad de ambientes de aprendizaje que integren educación, cultura y sociedad, de la atención multisectorial a los niños y jóvenes que atienda la diferencia y les permita recorrer una trayectoria educativa que sea de verdad el paso inicial para apostarle al futuro.

En algunos de estos países como Chile, Brasil y México, que cabe citar pues exhiben los mejores resultados de América Latina en las pruebas Pisa, la sociedad civil ha jugado un papel vital, se respira educación, los medios de verdad hacen que la educación sea un tema de todos los días y, por ello, el menú de conversación ha cambiado, pues han centrado su atención en hacer una mirada crítica pero constructiva al centro del debate.

Respecto a Chile, país mejor calificado en las pruebas, la Fundación 2020 reconoce que entre 2003 y 2009 el país tuvo un progreso sostenido. Por otra parte, que entre 2009 y 2012 se estancó, retrocediendo en el ranking en las tres pruebas. Para ellos, “tocó techo” la política focalizada en cobertura. Como titula el libro de Mario Waissbluth, necesitamos un “Cambio de Rumbo”.

Brasil reconoce que el avance en la prueba es tímido y señala que hay que seguir acelerando el ritmo, sin olvidar que desde el 2000 la educación es el tema prioritario en este país. Priscila Cruz, directora de Todos por la Educación, reconoce avances pero señala que el desafío para Brasil es muy alto, son 50 millones de estudiantes en un amplio territorio donde hay que construir colectivamente.

Es decir, quienes más avanzan en nuestro continente son críticos pero constructivos de cómo debe ser un sector educativo que se reinventa y se impone cada vez retos más altos.

Las pruebas Pisa también señalan que en nuestros estudiantes hay motivación por aprender, altas expectativas de los padres y resultados mejores en los niños que han tenido acceso a programas de educación inicial. A nivel regional, se observa que los resultados de Manizales, Medellín y Bogotá son mejores que los del resto del país, pero aún están por debajo del resultado de la OCDE.

La invitación es a que tomemos los resultados de las evaluaciones como insumos fundamentales para comprender las dinámicas y prioridades de la escuela en relación con los objetivos de aprendizaje del país. Los sistemas de evaluación constituyen herramientas fundamentales para revisar, reorientar y fortalecer políticas, programas y estrategias que tengan como centro la generación de condiciones institucionales que posibilitan el aprendizaje de todos los estudiantes en diálogo con sus contextos. Es necesario que todos asumamos que la Educación lo es TODO y es compromiso de TODOS.

 (*) Directora Ejecutiva
Fundación Empresarios por la Educación

 

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