Conducir con lentes

Por: Ignacio León Pineda

Lo que debo ver y leer cuando estoy conduciendo un vehículo automotor, lo veo y lo leo “divinamente” sin necesidad de lentes. Puedo pasar al milímetro en condiciones difíciles con mi automóvil antiguo de cinco metros de largo sin ningún tropiezo; lo he hecho durante veintiocho años. Puedo ver  animales diminutos en la vía metros adelante de mi carro, ubicar algo del tamaño de un grano de arena en el piso sin agacharme.

Pero me salen con el cuento de un momento para otro, según el examen para renovar la licencia de conducción en el CRC, que debo CONDUCIR CON LENTES. Gozo de una excelente visión de lejos certificada por mi optómetra, 20/20–AO. Este profesional me atiende hace 14 años. El uso de gafas es solo para visión próxima como la letra pequeña del periódico. Con el tablero de instrumentos no tengo ninguna dificultad.

He encontrado conductores  a quienes les ha ocurrido lo mismo y dicen lo mismo que yo: conducir con lentes es una tortura, un fastidio, un estorbo, un castigo, una desmejora en las condiciones de visibilidad; para muchos aumenta el riesgo de accidentes, pues limita la visión periférica y cambia la percepción de distancias. A menudo se ve cómo las personas que caminan con lentes tropiezan frecuentemente.

Además lo he comprobado hasta la saciedad que el uso prolongado de los lentes vuelve al ojo perezoso y avanza la presbicia porque no le exigimos trabajo de enfoque. Verdaderamente yo sí quisiera que mi caso, y el todo el que lo requiera, fuera revisado. Estos exámenes no corresponden a la realidad cuando uno está sentado al volante. Quisiera decir muchas cosas más, pero por el momento termino diciendo: menos mal que no hay leyes que nos obliguen a caminar con lentes.

 

 

 

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