Mercado persa

Por: Javier Contreras.–

El sistema Transmilenio que debería estar blindado de los problemas que enfrenta el servicio público de transporte tradicional como buses, busetas y colectivos comienza a ser vulnerado.

Desde hace unos meses, los usuarios del sistema comenzamos a ver con preocupación como Transmilenio se está viendo inundado de un mercado persa que incluye la presencia de vendedores de dulces y otros elementos, así como de personas que se suben a los articulados a pedir ayuda económica.

Aunque esporádicamente se hace una invitación a los usuarios a no comprar los productos, ni dar dinero a quienes se suben a los buses, no hay suficiente control de las autoridades ni de la empresa operadora del sistema para evitar que esto suceda.

Hace unas semanas en el recorrido entre la calle 32 y la estación de Mazurén,  se subieron 6 personas para pedir dinero o vender algún producto sin que ninguna autoridad ejerciera algún control y, peor aún, aunque se ha hecho un llamado a los usuarios de los articulados desestimular estas practicas, muchos no han tomado conciencia y las patrocinan.

Nadie está en contra del derecho al trabajo ni desconoce las dificultades de muchas personas, pero se supone que el sistema Transmilenio debe generar un servicio de calidad para que el pasajero viaje con la mejor comodidad posible.

Hay quienes me dirán que existen otros problemas más graves como el sobrecupo, la inseguridad, las deficiencias en la prestación del servicio que generan caos en las estaciones y portales a la hora de ingresar a los articulados o la demora en muchas rutas para recoger pasajeros. Todo eso es cierto y he tenido que soportarlo, pero agregarle otro aspecto negativo al servicio deja mucho que desear.

Tanto Transmilenio como empresa y las autoridades deberían prestarle más atención a todo lo que afecta el sistema porque no sólo lo hace es poco amable para los usuarios sino que cada día se van sumando nuevos elementos para convertirlo en inviable.

Y va camino de serlo por todos los aspectos negativos que se han ido sumando. A las deficiencias en el servicio que vivimos los usuarios diariamente, la inseguridad y el mercado persa se convierten en otros lunares que van minando la confianza ciudadana en un sistema que prometía ser la solución  real al caos del transporte público, pero hoy está en entredicho.

Cada vez Transmilenio se le parece más al servicio público tradicional y si se quiere, en algunos casos está peor y si no se toman las medidas necesarias, definitivamente será inviable.

@jcontrerasa

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