Votar, botar

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

En todas las encuestas sobre intención de voto para las elecciones presidenciales se da como seguro ganador al voto en blanco. A ese ser invisible, sin rostro, sin trayectoria política, sin propuestas, deben enfrentarse todos los contendores y, como van las cosas, saldrán derrotados. El candidato sin rostro se antepone a los demás y llega incluso a triplicarlos en intención de voto. El panorama es, por decir lo menos, turbio.

El creciente inconformismo ha encontrado en el voto en blanco un lugar, uno en el que los defensores de esta acción creen que podrán canalizar su indignación. Así, quienes lo promueven, buscan limpiar su conciencia al no apoyar a esa clase política arrogante que se ha tomado el poder abusivamente desde hace tantos años y se han burlado de la voluntad popular, el voto ciudadano y la democracia. Lástima que se equivoquen. El voto en blanco, aunque triunfe en las urnas, no pasa de ser una intención, y el país seguirá en las mismas manos.

El parágrafo 1º del artículo 258 de la Constitución Política de Colombia se ocupa del tan mencionado voto en blanco: “Deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una Corporación Pública, Gobernador, Alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando del total de votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría. Tratándose de elecciones unipersonales no podrán presentarse los mismos candidatos, mientras en las de Corporaciones Públicas no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral.” Pero claro, lo que importa para sus promotores es tener la conciencia tranquila. El voto en blanco no pasa de ser un acto político insulso, torpe, vacío. Es una “Ola Blanca”, y no creo necesario recordar en qué terminó la aclamada “Ola Verde” hace cuatro años.

Mediante el voto en blanco, los ciudadanos dicen “No me gustan esas caras, muéstreme otras”. Y claro, ¿a quién le pueden gustar esas caras? La mayoría tiene pasados oscuros, clientelistas, politiqueros, oportunistas, leguleyos. La mayoría ha bebido incansablemente de las arcas de Estado, la mayoría pretende colgarse eternamente como bebés de desaforada hambre de la gloriosa e inacabable teta del erario público que debemos pagar todos. La mayoría sonríe para la foto mientras se les resbalan de los labios las mentiras al hablar de “país”, o de “seguridad”, o de “confianza inversionista”, o de “prosperidad”.  Pero las elecciones se repiten una sola vez y vendrán entonces caras peores –suponiendo que puede haberlas- y finalmente cesará la ola para terminar en obediente silencio. Todo esto sin mencionar que los movimientos políticos que no superen el umbral electoral no podrán participar de nuevo, lo cual terminará fortaleciendo las mismas maquinarias políticas que han manejado al país desde siempre. Poco les importará a los honorables señores y señoras de la patria ese fenómeno mudo, ellos saben que no representan a nadie más que a sí mismos. Pero lo que les importa a quienes votarán en blanco es sentar un precedente.

Sin embargo el país no se cambia con precedentes y el discurso de la clase política corrupta lo sabemos de memoria. Por lo menos a mí me resulta muy curioso que uno de los principales promotores de la iniciativa sea Gustavo Bolívar, que ha trabajado toda su vida para la oligarquía, esa misma que quiere derrotar con el voto en blanco.

“Nadie nos representa, vote por Nadie”, dice la campaña. Y puedo entenderlo: en este momento, pareciera que votar y botar fueran la misma cosa, pero el voto en blanco no servirá de nada, no va a desarticular esa clase pedante que ha tomado para sí lo que debería ser de todos ni les va a quitar la vergüenza. No lo hará porque quienes saldrán a votar en blanco no quieren cambiar el país, y, finalmente, porque un país nuevo no cabe entre las urnas.

@acastanedamunoz

 

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