Democracia, represión y sables.

Por: Andrés Felipe Castañeda.—

Todos los gobiernos defienden la democracia. Eso dicen. Así construyen sus discursos: que defienden la democracia y el derecho de los ciudadanos a vivir en paz. La teoría de la violencia legítima de Estado dice que estos pueden defenderse de las amenazas internas y externas por medio del monopolio legal que tienen del uso de la fuerza y las armas. Siempre he creído que esto es simplemente una forma de dar un nombre políticamente correcto a la represión de la manifestación social.

Eso pasa ahora en Venezuela: el presidente Nicolás Maduro hace uso de la fuerza para reprimir las manifestaciones sociales en contra de su gobierno. Acusa a los manifestantes –a todos- de “golpistas”, de “fascistas”, de “traidores de la patria”. Lo mismo hacía Uribe en su gobierno: reprimía las protestas, las fuerzas del Estado las golpeaban con tenacidad. Con la salvedad del discurso, el fondo es el mismo. Para Uribe los manifestantes eran “terroristas”, ó “aliados del terrorismo”, ó “voceros de las Farc”.

Pero se equivoca Maduro al acusar a todos sus opositores de fascistas. De ser así, hace ya muchos años se habría desatado en Venezuela una guerra civil.

Ahora, esto no significa que Maduro, en medio de su paranoia y su lengua que se enreda graciosamente, no tenga razón en parte. La verdad es que en Venezuela las cosas no son tan sencillas como los medios internacionales quieren hacerlas ver. Claro que el fascismo está interesado en tomarse el poder y que sus cuadros políticos trabajan activamente en tal fin. Lorent Saleh, uno de los promotores de las protestas contra Nicolás Maduro, tiene vínculos con grupos neonazis colombianos, específicamente con la Alianza Nacionalista por la Libertad, un partido al que me he referido en otras ocasiones. Así lo revela un informe publicado en el portal Las2Orillas.co.

Por otra parte, Leopoldo López, el opositor que ha cobrado gran importancia durante estas protestas, aparece mencionado en cables de Wikileaks que lo relacionan con el gobierno de Estados Unidos y una estrategia para sacar al chavismo del poder. Esto no pasaría de ser un cuento de conspiración barato de no ser porque, como la historia lo demuestra, Estados Unidos se ha inmiscuido constantemente en la política latinoamericana. La separación de Panamá, el bloqueo económico a Cuba -que completa más de 50 años-, la operación militar para sacar a Allende del poder en Chile y el Plan Colombia así lo demuestran.

Punto aparte. Es más que claro que Juan Manuel Santos, aunque lo mande la Constitución, no es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Por lo menos, no de su totalidad. Santos –que defendió con toda la contundencia que su voz engolada le permite la legalidad e imperiosa necesidad de la inteligencia militar- fue chuzado también, y más allá del contenido sin mayor importancia de la compra de unos cuadros de Botero (yo no los compraría, francamente no me gustan), lo preocupante es a qué tipo de información tuvieron acceso quienes chuzaron el correo electrónico del presidente. Y los interrogantes que quedan son varios. ¿Quién ordenó las interceptaciones? ¿A quién le llegaba la información? ¿Quién se beneficia de ello? ¿Es tan alto el nivel de desconfianza de las Fuerzas Armadas en el presidente? Finalmente, y me disculpo si parezco paranoico, ¿los recientes acontecimientos conllevarán a que se escuche ruido de sables?

Mucho me temo que en el Acore se encuentran varias de las respuestas.
NOTAS:

1. Dice Shakira que estamos como mal de Concejales. Sí. Y de diputados, gobernadores, congresistas, presidente…

2. Fe de errata: Un error puede hacer que un texto entero pierda todo interés y gracia. En la parte final de uno de los párrafos de la anterior columna escribí: “… el gobierno de la Uribe”. La versión original decía “… el gobierno de la Seguridad Democrática”, pero durante la edición decidí cambiar “Seguridad Democrática” por “Uribe” y olvidé suprimir el artículo “la”. Cosas que suceden con la auto-edición. Si alguien lo notó, me disculpo. Si no fue así, lo hago notar. Y con esto, espero dejar de atormentarme tanto.
@acastanedamunoz

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