¿Seguimos contando?

Por: Andrés Felipe Castañeda

El diccionario de la Rae define eufemismo como: Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.”. En Colombia es común esta costumbre. Por alguna extraña razón, persiste la manía de darle nombres “políticamente correctos” a malsanas prácticas para ocultar su naturaleza verdadera. Así, se habla de “mentiras piadosas” para justificar cualquier cosa, o de “tramitadores” para referirse a un lagarto leguleyo que se aprovecha de algún desprevenido ciudadano para terminar robándole tiempo y dinero, o de “paseos millonarios”, “auxilios parlamentarios”, “mermelada”, “ruedas sueltas” o “casos aislados”.

Pero en la cima de todos esos eufemismos que han ido calando poco a poco en la memoria colectiva, por su perversidad y cinismo, se encuentra el de los  “falsos positivos”. Aquellos que no eran otra cosa que civiles asesinados que militares hacía pasar como guerrilleros muertos en combate: una de las caras más miserables de una guerra sin sentido.

Durante el gobierno de Álvaro Uribe, los falsos positivos aumentaron en 154%. Así, con el contraste entre el elaborado eufemismo y la frivolidad de la cifra, podría dar por terminada esta columna.

Lo que dice el informe de Ernesto Cárdenas, profesor de la facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia y Edgar Villa, profesor asociado de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de la Sabana publicado hace pocos días es aterrador: con la “Seguridad Democrática” –otro eufemismo- aumentaron en 154% los falsos positivos, lo cual contrasta con la tasa de guerrilleros dados de baja en combate que aumentó en 52%. Para ponerlo en términos absolutos, mientras en el periodo de 1990 a 2001 se presentaron 175 casos con 414 víctimas, entre 2002 y 2009 (el informe excluye el año 2010) se presentaron 732 casos con 1199 víctimas. El año más dramático fue 2007, con 241 casos y 388 víctimas: en un solo año hubo casi tantos muertos presentados como guerrilleros dados de baja en combate como en el periodo comprendido entre 1990 y 2001.

“Daños colaterales” –un eufemismo más- dirían los férreos defensores de la doctrina militar. Terrorismo de Estado, para no ir más lejos y no poner tantos adornos.

Las cifras –y me atemoriza la idea de reducir vidas humanas a simples números, como si estas no tuvieran más propósito que engrosar las cuentas que se llevan de la tragedia- no serían tan alarmantes si no fuera porque un reporte de la Unidad de Víctimas evidencia que de las más de 6 millones de víctimas en Colombia, más de la mitad (3’503.884, para ser exactos) padecieron los vejámenes del conflicto durante el gobierno de la Uribe.

La Seguridad Democrática se construyó sobre los pilares de la “mano firme” y la guerra sin tregua. Una guerra que no reparaba en los “daños colaterales”. El gobierno ofrecía incentivos –en dinero, en permisos o en reconocimientos y ascensos- a los militares que reportaran guerrilleros muertos durante el combate. Lo dije alguna vez en este espacio: pagar por matar a alguien es sicariato, aunque sea auspiciado por el gobierno. La Seguridad Democrática no buscaba la justicia, buscaba la venganza.

Soacha, que fue epicentro de muchos casos de falsos positivos, hace unas semanas rechazó la presencia del expresidente Álvaro Uribe. Que estuviera  allí era, por decir lo menos, irrespetuoso. Luego, los más acérrimos seguidores del expresidente salieron a desestimar el acto, a decir que esas personas estaban manipuladas por los enemigos de Uribe. Para ellos, cualquier voz disidente de la de su mesías es la voz misma del enemigo a muerte, del terrorismo, de la guerrilla. Una voz que tiene que ser perseguida, exterminada. Ya sabemos en qué terminó todo ello.

Las matrices que dieron lugar en el mundo a las vidas extintas para que militares obtuvieran reconocimientos al tempo de marchas castrenses siguen llorando mientras decimos con tanta facilidad que los falsos positivos aumentaron 154% durante el gobierno de Uribe. La guerra sigue cobrando víctimas, ya van 6 millones. ¿Seguimos contando?

@acastanedamunoz

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