¿Un “eslabón perdido” en el palacio de justicia?

Por: Eduardo Mackenzie.–

El Fiscal General, Eduardo Montealegre, aseguró que la reciente captura en Cali del sargento (r.) del Ejército Bernardo Alfonso Garzón Garzón, desembocará en “nuevas revelaciones” sobre ciertos aspectos no elucidados del ataque terrorista del 6 y 7 de noviembre de 1985. ¿Hasta qué punto ese optimismo es sostenible?

Desde 1991 se sabe que Bernardo Garzón fue miembro del Comando Operativo de Inteligencia y Contrainteligencia (Coici) del Batallón Charry Solano del Ejército, bajo el mando del entonces teniente coronel Iván Ramírez. En esa calidad Garzón infiltró,  durante años, células del M-19 y de las Farc. Pero no se tiene la certidumbre de que él hubiese participado en las acciones del palacio de justicia. Montealegre cree que sí pues señaló que “revisando unos videos que fueron publicados por un noticiero”,  él constató “que este señor sí se encontraba en ese lugar, más exactamente cerca del Palacio”. Falta ver si Garzón confirma y detalla ese punto.

Por el momento, Bernardo Alfonso Garzón, quien estuvo varios años escondido en España,  podría abordar el tema Irma Franco, la guerrillera del M-19 capturada durante la refriega del palacio de justicia. Pues Garzón ya había vagamente aludido a eso en unas declaraciones hechas ante la Procuraduría General en enero de 1991. Lo interesante es que ese testimonio, y el que pueda hacer ahora ante el Fiscal Montealegre, podría contribuir a la absolución definitiva del coronel Alfonso Plazas Vega, condenado a 30 años de prisión en un proceso plagado de enormes irregularidades.

Plazas Vega siempre negó tener responsabilidad en la desaparición de Irma Franco. El abogado de Plazas probó ese aspecto durante la instrucción del proceso. Pero la tozudez de los jueces sobre ese punto ha sido feroz aunque poco razonable.  Si bien la sentencia en segunda instancia del  Tribunal Superior de Bogotá  le retiró a Plazas Vega la acusación acerca de nueve de los once supuestos “desaparecidos”, le atribuyó  la “desaparición” de Carlos Augusto Rodríguez Vera, administrador de la cafetería del Palacio de Justicia,  y la de la guerrillera Irma Franco.

Sobre Rodríguez la situación es clara. El magistrado ponente Hermens Darío Lara, del Tribunal Superior de Bogotá, en su brillante salvamento de voto del 29 de enero de 2012, donde dice que  Plazas Vega es inocente, explica que no hay prueba de la salida con vida de Carlos Rodríguez del palacio. Otros sostienen que Rodríguez se encuentra en Europa por cuenta de un colectivo de abogados. Esa hipótesis no es descartable pues hay precedentes en ese sentido.  Por ejemplo, el falso testigo Gámez Mazuera  huyó del país después de calumniar al Coronel Plazas y  se encuentra en Europa muy campante. Ello es sólo una muestra de las manipulaciones tremendas que hicieron los acusadores de los militares que derrotaron a los asaltantes del Palacio de Justicia.

Sobre el punto Irma Franco el expediente afirma que ella llegó con vida a la Casa del Florero. El Coronel Plazas no era quien manejaba la Casa del Florero. Su labor era combatir a los asaltantes, rescatar a los rehenes y entregarlos a la Casa del Florero. Este museo, durante los acontecimientos, estuvo bajo el control de la Brigada y de la Policía. El coronel Edilberto Sánchez Rubiano, oficial de Inteligencia de la Brigada, manejaba ese puesto. De modo que él es el llamado a responder por quienes llegaron vivos a ese lugar.

Cuando el Tribunal Superior de Bogotá exoneró al Coronel Plazas de responsabilidad por  nueve de los once “desaparecidos” –sobre los cuales los ex militantes del M-19 tejieron, durante cinco años,  mentiras para abusar de las familias de las víctimas y generar odio contra Plazas–, curiosamente cesó la agitación mediática. Pero ahora, como la responsabilidad de los “desaparecidos” recae de nuevo sobre el M-19, algunos tratan de banalizar ese hecho y de ocultarlo tras un manto de silencio.

Antes de la sentencia del Tribunal Superior de Bogotá Plazas fue exonerado de otras acusaciones.  Durante años se le endilgó una frase: “Espero que si aparece la manga no aparezca el chaleco”. Esa frase parece haber sido registrada en las comunicaciones entre los comandantes durante el rescate del palacio, cuando un oficial es informado de que Irma Franco estaba ya  en la Casa del Florero. Esa acusación contra Plazas Vega terminó en 2009 cuando los expertos en fonoaudiometría de la Policía determinaron que la voz que dice esa frase no correspondía a la del coronel Alfonso Plazas. Y  la barahúnda en torno a eso cesó.

Algunos estimaron que el coronel Luis Carlos Sadovnik le había dado la orden al coronel Edilberto Sánchez de “desaparecer” a Irma Franco. Pero Sánchez, según el expediente, no lo hizo. Lo que sí hizo fue someterla a un violento interrogatorio en la Casa del Florero  realizado por agentes de la Policía. De ese “interrogatorio” salió la dirección de la casa del barrio Calvo Sur de Bogotá donde se reunieron los asaltantes antes de su criminal acción. La casa fue allanada.  La Policía encontró fotografías de los asaltantes, armas dañadas y municiones, propaganda comunista y el plan del asalto. Ese hecho confirmaba la importancia de Irma Franco en la organización del ataque al palacio. De hecho, el proceso comprobó su actuación en la toma de rehenes y en el enfrentamiento con la fuerza pública. Por eso, en el año 2013, Irma Franco fue condenada como reo ausente a 28 años de cárcel por el juez que lleva el proceso contra los asaltantes.

Según la instrucción, Irma Franco salió a las nueve de la noche de la Casa del Florero bajo la custodia de “unos detectives”. Hoy no se sabe si éstos eran del DAS, de la Policía o del Ejército.  Es aquí donde el testimonio del sargento (r.) Bernardo Garzón podría ser clave. ¿Garzón participó en ese asunto?

El 22 y 23 de enero de 1991, el sargento Garzón, temiendo por su vida, declaró ante la Procuraduría que él había “oído comentarios” de que miembros de la Brigada 20 habían ultimado a Irma Franco y que el comandante de esa Brigada conocía ese hecho. También relató los asesinatos de otros guerrilleros del M-19, del Epl y de las Farc, luego de que fueran sometidos a duros interrogatorios, en vez de cumplir la obligación de entregarlos con las pruebas a los jueces. Fue el caso de Amparo Tordecilla, Nidia Erika Bautista  y del jefe del Epl Oscar William Calvo. Sin olvidar el increíble episodio de dos sospechosos que fueron metidos en unos costales, ultimados con ráfagas de ametralladora y botados en un parque de Bogotá. Alguien descubrió los costales con su aterrador contenido, percibió que uno de los encostalados aún vivía y avisó a la Policía. El herido, Guillermo Marín, no murió y contó la historia.

Garzón indicó el por qué de esas revelaciones. Admitió que en abril de 1989 había sido detenido por el robo de un carro. Estimando que  el general Iván Ramírez Quintero no lo había “protegido”, pidió ser escuchado por la Procuraduría y fue allí donde habló de esos crímenes, sin acusarse él, pero acusando a varios oficiales, entre esos a  Iván Ramírez. En noviembre de 1994, Garzón declaró de nuevo los mismos macabros episodios ante un juez,  bajo reserva de identidad. Después le fue levantada esa reserva y él salió de la cárcel en marzo de 1997.

Empero, en 1996, Bernardo Garzón se desdijo. Se presentó ante la justicia penal militar y se retractó.  En el año 2008, el general Iván Ramírez fue vinculado al proceso del Palacio de Justicia por las declaraciones de Garzón de 1994. Detenido, fue sometido a juicio. Pero en diciembre del 2011, extrañamente, fue absuelto. La sentencia de la juez 55, María Cristina Trejos, pese a haber descartado la retractación, por considerarla inducida, fue absolutoria. Sin embargo, la argumentación de la juez había comenzado señalando la grave responsabilidad penal de Iván Ramírez en la tortura y  asesinato de Irma Franco. De repente, antes de concluir, cambió de curso e invocó la duda insuperable. Y sobre esa base absolvió a Ramírez. ¿Qué explica ese brusco giro? Hubo la intervención de un tercero en ese fallo?  Ese es uno de los grandes misterios que la Fiscalía tendrá que resolver.

En todo caso, la absolución de Ramírez afectó de manera brutal al coronel Plazas. El 9 de junio de 2010, el coronel Plazas fue condenado por la desaparición de Irma Franco, entre otros cargos, sin que los sabuesos hubieran reunido una sola prueba para sustentara tales cargos. En su expediente no existió una acusación grave y precisa como la del sargento Garzón contra Iván Ramírez. Empero, Ramírez terminó beneficiado por la duda y Plazas fue, por el contrario, condenado sin ningún escrúpulo. Las supuestas acusaciones contra Plazas, del misterioso “testigo” Edgar Villamizar (en realidad de un tercero hasta ahora no identificado que se hizo pasar por Villamizar),  no precisó el nombre de ningún desaparecido. El falso Villamizar habló de “desaparecidos” pero no dió nombres. En cambio, la acusación contra Iván Ramírez fue directa y bien circunstanciada, e incluyó los nombres de los otros oficiales y suboficiales involucrados.

Por eso, el testimonio de Bernardo Garzón, si es sincero, podría  reforzar lo dicho por el magistrado Hermens Darío Lara y ayudar a retirar la infundada acusación contra el coronel Plazas. La película de suspenso tan tenebrosa que  él y su familia han tenido que vivir en los últimos seis años, tiene que terminar. El juego miserable y diabólico de sus acusadores ha durado mucho y ha fracasado y la Fiscalía General lo sabe muy bien.

  Share: