Verdad y reparación

Por: Javier Contreras.–

La agenda de las negociaciones de paz entre el Gobierno Nacional y las Farc parece haberse quedado estancada en el tercer punto, que parecía más sencillo y que, tras ser evacuado, permitiría meter el acelerador a fondo y firmar defectivamente el acuerdo entre las partes.

El país no sabe a ciencia cierta que ha pasado en La Habana en las ultimas semanas, la información que a veces se antojaba permanente parece haber entrado en el congelador. No se sabe si es que no se ha avanzado en el tema de la política antidrogas, que incluye dos temas sensibles: los cultivos ilícitos y la legalización de la droga o la información interna absorbió la generada desde Cuba.

Y no es para menos. El país hoy está en medio de una avalancha de noticias que parece hacernos olvidar que hay unas negociaciones de paz que pueden definir gran parte de nuestro futuro.

Y es que las “chuzadas” ilegales que, al parecer, no lo fueron (incluyendo a los negociadores de paz tanto del gobierno como de la guerrilla), el escándalo por presuntos actos de corrupción en las FFMM, que ha producido la caída de varios generales y, el aplazamiento de la fecha para votar la revocatoria del Alcalde Petro, entre otros, han copado la agenda informativa en Colombia.

Mientras tanto, no se sabe qué tanto se ha avanzado en el tercer punto de la agenda en La Habana y aunque se han escuchado  algunas propuestas de las dos partes frente a la política antidrogas, no se conoce ningún acuerdo oficial.

Los colombianos estamos esperando que haya decisiones, que se avance y que, ya entrados en gastos, se defina si hay o no un acuerdo de paz, no a cualquier precio, sin concesiones que generen impunidad, pero sobre todo que haya verdad y reparación.

Unas negociaciones que no garanticen a las víctimas de las Farc verdad y reparación, están llamadas al fracaso porque no se trata de una paz sincera en la que se pueda creer y, entonces, la desconfianza será permanente y quedaría la sensación que lo único que buscaba la guerrilla era impunidad, unas cuantas curules en el Congreso de la República y negarle a las víctimas de sus actos terroristas el derecho a ser reparados por 50 años de violencia.

Ojalá las aparentes buenas intensiones no se queden en eso, sino que los colombianos tengamos una paz duradera y que le garantice a nuestros hijos y nietos la posibilidad de vivir sin la permanente amenaza terrorista de las Farc.

 

 

 

 

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