30 años siendo azul

  • Dedicado a mi padre (q.e.p.d.), a mi madre, a mi hermana, sobrino y cuñado, seres que quiero enormemente…

Por: José Pérez (*)

Todo comienza principiando el año de 1984, yo apenas tenía 7 años y cursaba primero de primaria. En el colegio donde estudiaba,  organizaron un torneo de fútbol que agrupaba los grados comprendidos entre primero y quinto de básica elemental. Yo estaba en primero “A” y a ese salón lo dividieron en dos bandos: unos de Millonarios y otros de Nacional, quedando yo en el primer grupo de aproximadamente 20 estudiantes. Recuerdo que el otro grado primero, fue dividido también en dos: unos de América y otros de Medellín y así sucesivamente, los otros grados. A cada uno de los equipos conformados, le entregaron su respectiva indumentaria: camiseta, pantaloneta, medias y guayos. Yo que en esa época, tenía otros intereses como el estudio y el juego, me empecé a entusiasmar con el tema del fútbol y por supuesto, con el color que defendía en las canchas del colegio. Después de la jornada académica, al llegar a mi casa, veía los noticieros y escuchaba que un equipo que jugaba en Bogotá de color azul, era una de las sensaciones de ese año, los periodistas hablaban de Iguarán, Prince, Funes, “El Pibe” Valderrama, Vivalda, Peluffo, Espíndola, entre otros, decían que eran unos jugadores muy buenos y talentosos, que ganaban partidos y recorrían el país, dejando una grata sensación entre los aficionados, no sólo de Millonarios sino también de otros equipos y del fútbol en general. Todo esto me iba animando, sabía que en mi colegio, yo defendía los colores azules y eso me empezaba a llenar de alegría y orgullo. Frases como “Millos ganó”, “Millonarios está peleando el título”, “Este es uno de los mejores equipos del país”, se iban clavando en mi ser y poco a poco ese equipo, se fue metiendo en mi corazón. Finalmente al terminar ese año, Millos logra el subtítulo, pero a pesar de no salir campeones, yo ya me había “inscrito” como hincha embajador (otro compañero de ese grupo, también quedó siendo hincha de Millos).

Ese 1984 fue el año en el que empecé a seguir a Millonarios y a estar atento de lo que acontecía con el Club, pero sabía que el equipo jugaba muy lejos de Envigado (donde vivía para la época) pero a pesar de la distancia y de tener cerca a verdes y rojos, yo tenía la convicción que mi color nada tenía que ver con los equipos paisas que dominicalmente y entre semana, jugaban en El Atanasio Girardot. Mi canal de conexión con Bogotá, eran los noticieros, la prensa y la radio, de esos medios llegaban las noticias que para la época, eran muy buenas. Celebré mis primeros títulos como hincha a la edad de 11 y 12 años respectivamente, correspondientes a los años de 1987 y de 1988. Escuchar desde tan temprana edad la frase “el más veces campeón”, era y sigue siendo un orgullo para mí así como para cualquier otro hincha embajador. Después llegó ese injusto 1989, donde derramé las primeras lágrimas por Millonarios, al quedar mañosamente eliminados de la Copa Libertadores y luego, tras ser suspendido el campeonato profesional, privarnos de la muy segura estrella 14, ya que Millos se perfilaba como el mayor candidato para salir campeón, puesto que le llevaba buena cantidad de puntos al segundo. Recuerdo también de ese año, que al no poder ver en vivo y en directo al Azul y con las ganas de conocer un estadio, asistí con mi papá (quien me hablaba constantemente de la época dorada del Azul y pese a no tener un equipo definido y no haber influido en mi elección, sé que siempre me apoyó) a dos partidos en El Atanasio: Medellín vs Magdalena y Nacional vs Tolima, pero simplemente quedan como anécdota y no trascendieron ni cambiaron mi sentimiento ni pasión azul.

Después de esos primeros seis años, comenzó la década de los 90 y como la mayoría de hinchas, pensé que Millos seguiría de largo ganando títulos y continuaría siendo el amo y dominador del fútbol colombiano, pero producto de sucesos que son de dominio público, comenzó un tortuoso trasegar, quedando en 1990, por fuera de los 8 clasificados (algo que hacía años no sucedía), produciendo nuevamente lágrimas en mí. El equipo pasó de ser protagonista a ser un equipo que ya no levantaba copas (los 90 se convirtieron en la peor década del Club a nivel deportivo, ya que ha sido la única en la que Millos, no celebró ningún título oficial) y que se acostumbró a vivir con los malos resultados. Pero a pesar de eso, seguía pendiente y haciéndole fuerza a mi equipo, como dicen por ahí, “en las buenas y en las malas”. En esa década, sus más encopetados rivales ganaban títulos pero aún así, nada me hacia cambiar la elección que en 1984 había decidido incorporar a mi vida. Los 90 trajeron consigo, entre tantas desilusiones y tristezas, tres paliativos: los subtítulos de 1994, de 1996 (de ese año, recuerdo los 4 partidos en línea que Millos le ganó en 39 días a Nacional, 2 en Bogotá y 2 en Medellín, en todos anotó un brasileño, del que más adelante hablaré. Además, como le sucede a la mayoría de simpatizantes azules, siempre se le quiere ganar a los verdes) y el invicto de 29 partidos consecutivos sin perder de 1999 (aún vigente para el fútbol colombiano). Si bien fueron alegrías pasajeras, muy poco para un equipo de la estirpe y gloriosa historia de Millonarios. A pesar que la década de los 90 no dejó una copa para las vitrinas embajadoras y que fueron más las tristezas que las alegrías, yo seguía amando a mi equipo, parecía que los malos resultados, antes que desanimarme, me motivaban a seguir alentándolo, ese el aguante del que tantos hablan, aguante que no sólo yo sino millones de simpatizantes han sabido tener y que hacen de la hinchada azul, la mejor del país.

Finalizaba el Siglo XX y comenzaba el XXI, con la misma ilusión del arranque de la década de los 90. Las cosas parecían empezar a mejorar, haciendo un buen torneo doméstico en el 2000 y logrando ese año, el primer subtítulo internacional. Para el año siguiente, la felicidad reapareció y las lágrimas (pero ya de alegría) volvieron a derramarse, ya que por fin se volvía a gritar “campeón”, se podía levantar una copa oficial y dar una vuelta olímpica, al obtener el primer título internacional del Club, ganando la Copa Merconorte de 2001 (con este logro se cortó la que es hasta la actualidad, la sequía más larga de Millonarios sin conseguir un título oficial, después de haber ganado la estrella 13 en 1988. Además es la racha más corta de todos los equipos colombianos, entre la consecución de un título oficial de cualquier índole y el siguiente).

Pero esos dos primeros años del nuevo siglo, simplemente fueron un espejismo y a partir de ahí, no sólo los resultados deportivos fueron adversos sino que a esto se le sumó, la peor crisis administrativa y financiera por la que haya atravesado el Club en toda su historia (2004) y que se prolongó por varios años. Llegaron las constantes eliminaciones de los cuadrangulares finales, el estar cerca de la promoción y  del descenso directo; también el estar al borde de la liquidación e incluso de la desaparición (Millos es tan grande que ni las peores crisis lo han acabado), un equipo que ni siquiera se convirtió en uno de mitad de tabla sino que su puesto promedio, era el 11 ó 12. Pese a ello, el hincha que había nacido en 1984, seguía ahí, en firme, alentando cada vez que podía a Millos. De la primera década del nuevo siglo,  recuerdo en particular el año 2002. Cuando se hablaba de crisis, el referente era Millonarios. De ese año, traigo a mi memoria dos instantes puntuales: uno que me hizo llorar, cuando los jugadores a pesar de deberles más de tres meses de salario y estar casi de coleros, salieron a la cancha del Atanasio a jugar contra Nacional, haciendo un buen partido, sacando un punto y estando cerca de la victoria. El otro momento lo viví en el Parque Estadio, cuando Millos  le ganó al Envigado después de casi tres meses sin triunfar en el torneo y más de un año sin ganar en calidad de visitante; ese día la alegría mía y la de otros hinchas  fue enorme, parecía que hubiéramos ganado un campeonato. Mi felicidad fue mayor, ya que el único gol del partido lo convirtió uno de los jugadores que más he admirado de las época recientes: Marcio Rodríguez Cruz (es el brasileño que más ha jugado en Millos y está dentro de los 30 goleadores históricos del Club).

Esa década, a pesar de los malos resultados, casi siempre acompañé al Azul por televisión y cuando venía a jugar a tierras paisas. Así como sucedió en los 90, llegaron algunos paliativos que se convertían en alegrías pasajeras (campañas de 2003 y 2007 por ejemplo, esta última que nos llevó a figurar nuevamente en el plano internacional, llegando hasta semifinales de la Copa Suramericana, después de dejar en el camino a rivales durísimos como Nacional, Colo Colo y Sao Paulo) pero que no servían para salir campeones. A pesar de eso, al comienzo de una nueva temporada, siempre existía la esperanza de obtener una nueva estrella, esperanza que se esfumaba en junio o diciembre al quedar eliminados, pero que aumentaba en mí la pasión y el sentimiento azul. Es como cuando alguien te defrauda, sientes una rabia momentánea y generalmente después, lo perdonas y sigues queriéndolo. Con Millos pasaba tal cual.

Paralelo a los malos resultados y a las crisis continuas, las burlas de amigos y compañeros de trabajo, estaban a la orden del día. Pero ahí salía a flote la defensa por la causa embajadora, aparecía el “escudo”, la defensa “a capa y espada” de mi equipo del alma, salían a relucir las estadísticas (aún vigentes) como por ejemplo: el equipo que más puntos ha realizado en la historia, el que más goles ha convertido, el de mayor número de partidos ganados, el que más ha obtenido el “Botín de Oro”, el de mayor número de minutos sin recibir un gol, pero sobre todo, el de mayor número de títulos, es decir, el más veces campeón. Increíblemente a pesar de la sequía por Liga, ningún equipo lo ha sobrepasado en cuanto a número de títulos se refiere.

Pero como no hay mal que dure 100 años, a partir de 2010, comenzó un resurgir administrativo, financiero y deportivo dentro del Club, lo cual ha permitido regresar a Millonarios a los sitios de honor y prestigio, acordes con su rica historia. Ya las tristezas, se convirtieron en alegrías y lágrimas, otra vez de felicidad. Llegó el título de la Copa Colombia en 2011 y el más esperado de todos, el más anhelado: la codiciada estrella 14. Ese inolvidable 16 de diciembre de 2012, nos colocó en solitario otra vez, como el más veces campeón. En este resurgir, los malos resultados que nos acompañaron por espacio de 20 años, se han cambiado por mejores campañas, ya el equipo se mete a finales, las gana, juega mejor, la confianza entre sus seguidores ha ido creciendo y el acompañamiento es masivo (a tal punto de haber sido el más taquillero durante 2013 y lo que va de este 2014, sólo por citar estos dos años). Además de los dos últimos títulos mencionados, en el plano internacional, Millos volvió a figurar, nuevamente el calificativo de “embajador” volvió a sonar, como en la buena campaña de la Copa Suramericana de 2012, donde el equipo llegó a semifinales, quedando de tercero entre 47 participantes. Poco a poco, el Azul recobra su memoria, esperando que las lágrimas, pero de felicidad, se sigan derramando y el equipo, siga cosechando títulos.

Cada año que pasa, ese amor por el equipo ha ido creciendo, el buscar constantemente noticias de Millos, es algo importante (quién no desea saber cosas de algo que quiere?), el escribir sobre el Azul se ha convertido en una pasión, el haber ido conociendo a más hinchas es bueno, ya que se comparten notas e ideas relacionadas con el equipo, la alegría previa cuando viene a jugar a tierras paisas es enorme y más verlo jugar en vivo y en directo, al igual que cuando le trasmiten los partidos por televisión. Algo triste es no poderme volver a poner la camiseta azul, por el tema de la violencia en este deporte, el tener que asistir a algunos partidos “camuflado” y tener que reprimirse por culpa de algunos desadaptados, que sólo quieren empañar esta fiesta que es el fútbol y que se debe vivir en paz.

Algunos me dicen por ejemplo, “cómo se es hincha de un equipo que no ganó un título liguero durante 24 años?”, pero yo les respondo contundentemente: “y cuál equipo ha estado siempre en la cúspide y ganando constantemente?, cuál plantel desde 1948 hasta la fecha, no ha tenido rachas negativas y sequías de títulos?”… La respuesta también es puntual: Ninguno!. El fútbol es de épocas, los que eran buenos en el pasado, tal vez hoy en día, hayan bajado su nivel y viceversa. Se habla de 24 años de sequía, pero otros equipos también supieron que fue eso. Otra respuesta es que no necesariamente se es hincha de un equipo que casi siempre gana (repito, no existe equipo con esta característica y que haya mantenido una hegemonía eterna), lo cual demuestra la magia de la pasión azul, esa que comparten más de siete millones de hinchas que tiene Millos en el país y que lo convierten como el equipo con más seguidores en Colombia. Otros dicen, “viven de historia”, pero, qué equipo no vive de ella? (todos han tenido poca o mucha historia y en algún momento, la recuerdan; además la historia no es sólo el hoy sino todo lo acumulado) pero como dice un coro por ahí: “no me importa lo que digan, lo que digan los demás, yo te sigo a todas partes, cada vez te quiero más!”.

Son 30 años en los cuales como cualquier hincha, he llorado y he celebrado, y pese a haber nacido en Medellín y vivir en Envigado, mi sentimiento es azul. Muchas personas que me conocen, dicen que se acuerdan de mí cuando el equipo juega, otros cariñosamente me dicen “Millos”. Mi mamá (quien pese a no ser hincha, me cuenta que soltera le gustaba el equipo y que guarda un grato recuerdo de varios jugadores) por ejemplo, me ha regalado varios obsequios relacionados con esta pasión, más los que he ido comprando y otras personas me han dado, objetos que guardo con amor y he ido coleccionando durante estas tres décadas, a ellos se les suma, recortes de prensa, notas, estadísticas, afiches, fotos, autógrafos de jugadores, colillas de los partidos, en fin, cosas que guardo con cariño y que me recuerdan constantemente, que soy hincha del mejor equipo, del más grande (en todo el sentido de la palabra) e histórico que ha tenido el fútbol profesional en el país, a lo largo de más de 65 años. Además es un orgullo ser hincha del único equipo colombiano que fue declarado en algún momento, como EL MEJOR EQUIPO DEL MUNDO, en la famosa época de “El Dorado” también conocida como “El Ballet Azul” y que en el año de 1999 fuera reconocido por la Presidencia de la República, la Dimayor (División Mayor del Fútbol Colombiano) y la Federación Colombiana de Fútbol como el MEJOR EQUIPO DE LA HISTORIA DEL FÚTBOL PROFESIONAL COLOMBIANO Y CAMPEÓN DEL SIGLO XX (Mejor equipo del Siglo en Colombia).

Quedan muchas anécdotas e historias durante este tiempo. Por ejemplo, la primera vez que vi jugar a Millos en vivo contra los cuatro equipos paisas, no perdió. La primera vez que asistí al Campín a verlo jugar, ganó. El primer clásico capitalino en el que estuve, se triunfó. También vi el primer partido que Millos jugó en Envigado (1992), tuve la fortuna de ver jugar a Iguarán (segundo goleador histórico del Club) y hasta verlo convertir un gol, vi la primera anotación que Robayo hizo como profesional (ante Nacional), lo vi ganarle al Medellín en El Atanasio después de 15 años sin triunfar en esta plaza, disfruté el triunfo 3-2 sobre Nacional acá en Medellín en la Copa Suramericana 2007 (debut de  Vanemerack como técnico). También he tenido el privilegio de ver a Bonner Mosquera jugando (tiene el récord de ser el que más se vistió con la camiseta azul), a Héctor Búrguez (arquero que más veces tapó en Millos), al igual que a Carlos Rendón, Freddy León, Ricardo “El Gato” Pérez  y Carlos Castro (estos 4 jugadores, están dentro de los 20 goleadores históricos del Club). He visto dirigir a técnicos ganadores y que han sacado campeón a Millos como “El Chiqui” García, Richard Páez y Hernán Torres, además al “Nano” Prince (defensa azul que más goles ha convertido con el Azul). En 2012 (año que devolvió la gloria perdida) lo acompañé a todos los partidos que jugó en Antioquia, incluida la primera final contra el DIM (nunca olvidaré a Delgado, Román, Franco, Candelo, Otálvaro, Robayo, Cosme, Rentería, entre otros, jugadores que nos llevaron otra vez a un título, gracias muchachos!).  También justo este año que cumplo 30 años de ser azul, es la primera vez que lo veo en un arranque de torneo (25 de enero de 2014, en el triunfo a domicilio 2 a 1 sobre Envigado).

Quedan igualmente recuerdos en mi mente como el penal que Ciciliano tapó en un partido (primer jugador en la historia del fútbol colombiano que no siendo arquero, realiza esta hazaña), el golazo (sí, golazo) que “La Gambeta” Estrada hizo en un partido en El Atanasio contra Nacional (de los goles más hermosos que he visto en mi vida) y los goles recientes que han convertido arqueros como Delgado y Ramos, sólo por citar algunos instantes gloriosos, los cuales es difícil condensarlos todos en este escrito: Millos es tan grande, que no cabe en un artículo ni en un libro.

Pero así como me ha tocado ver momentos agradables, también quedan algunos recuerdos amargos durante estas tres décadas, como el 3 – 6 en contra frente al Envigado en el Parque Estadio (2001), ante las burlas de un grupo de niños simpatizantes del “Naranja”, que me gritaban de todo, me gritaban “fuera, fuera!” y hasta me tiraron una bolsa con agua. Otros momentos como algunos goles recibidos en el último minuto, por ejemplo, el que nos costó la eliminación en la última fecha del torneo apertura 2008 contra Envigado o el de la derrota contra Nacional en el apertura de 2013, en un partido accidentado, el cual se empataba con 8 jugadores. Además el perder la final de la Copa Colombia ante los verdes, fue otro momento triste. Otro instante amargo fue el 8 -0 en contra frente al Real Madrid en un partido amistoso, el cual fue objeto de burlas por muchos días (claro está que ahí, si nadie recuerda que en los 6 partidos previos jugados entre ambos, Millos nunca perdió, ganando 3 y empatando 3; además la memoria también le falla a muchos, ya que otros equipos colombianos, ya habían recibido goleadas e incluso también 8 goles y en partidos oficiales). Igualmente así como he visto jugadores gloriosos, también he estado cerca de verdaderos “paquetes chilenos”, los cuales no menciono por respeto.

Para terminar, ser hincha de Millos es una pasión, es un sentimiento, hace parte importante de la vida de la mayoría de hinchas, es como tener una novia, hay momentos malos, de rabia momentánea, de decepciones (y aún así, lo seguimos queriendo) pero también los hay de alegría y satisfacción. Este 2014 cumplo un año más de llevar en mi corazón al equipo, por eso celebro y digo con orgullo, 30 años siendo azul!!!

(*)Hincha de Millos

“Millonarios, el embajador, el más veces”.

 

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