Guayabo

Por: Andrés Felipe Castañeda.–

Ya pasó la “fiesta de la Democracia” y la primera consecuencia fue, para muchos, una terrible resaca y un sinsabor en la boca. Guayabo, que llaman.

Pareciera que la “renovación” quedó aplazada y que el ímpetu de indignación y de las movilizaciones sociales que se creía habían tomado tanta fuerza el año pasado no se hicieron contar. Puede ser, pero pasados ya unos días de los comicios vale la pena sentarse a reflexionar.

Se dice con frecuencia que los pueblos se parecen a sus dirigentes y que el pueblo –sea lo que sea que signifique “pueblo”- se merece la tragedia si elige mal a sus representantes. Esta afirmación ha tomado mucha fuerza en los últimos días, pero, por lo menos para este momento de la historia, quiero apartarme de ella. Creo que el proceso de renovación y de cambio de la cultura política lleva tiempo y que, aunque no con la determinación que se esperaba, este ha comenzado a gestarse. Siempre estuvo entre mis cuentas, aunque nunca las haya hecho públicamente, que el Centro Democrático del expresidente Uribe obtendría 20 Senadores. Obtuvo 19. Varios de ellos cuestionados por parapolítica, pero hay que contarlos. Algo similar ocurre con La U (que sí es “U” de Uribe, faltaba más), pero no es a eso a lo que quiero referirme.

Al nuevo Congreso llegaron personas valiosas. Jorge Enrique Robledo, por ejemplo, mantuvo su curul. Iván Cepeda pasó de la Cámara al Senado con una votación nada despreciable. Alberto Castilla, líder de movimientos campesinos, también llegó al Congreso por el Polo Democrático y su presencia es importante para dar voz a las organizaciones agropecuarias, sobre todo en momentos en que se ha comprendido que la paz debe construirse desde el campo, que ha sido el más afectado con el conflicto. Ojalá lidere proyectos que beneficien a este sector ampliamente violentado. Antonio Navarro, que es un político ejemplar, regresó al Senado y seguramente liderará debates importantes. Claudia López fue, quizás, la sorpresa de la jornada electoral. Una votación de 81 mil votos la posicionan como la líder natural de la Alianza Verde y además, al obtener su curul por medio del voto de opinión, se convierte en una Congresista libre de politiquería. Aclaro en este punto que mi voto fue por ella. Angélica Lozano (por quien habría votado de haber podido hacerlo en el lugar donde vivo) obtuvo un puesto en la Cámara de Representantes y creo que lo hará bien, como lo hizo en el Concejo. Alirio Uribe (que era mi segunda opción de voto) llegó también a la Cámara al igual que Germán Navas. Todos ellos son personas valiosas y que se comprometerán con una agenda por la paz de cara al posconflicto.

El otro protagonista de la jornada fue el abstencionismo, por el cual muchos analistas han expresado su preocupación. Algunos, como Aura Lucía Mera, en su más reciente columna titulada “¿Democracia en estado terminal?” (El Espectador, 10 de marzo de 2014) afirman que la democracia está agonizando por culpa del abstencionismo. Yo, respetuosamente, disiento de esa premisa. No todos los abstencionistas dejan de votar por apatía. Muchos lo hacen, poniéndolo en términos sencillos, para no dejarse contar y así no legitimar el sistema electoral. Es una manera de protesta que se me antoja más contundente que la vacua del voto en blanco. Es un mensaje contundente si se tiene en cuenta que para estas elecciones el abstencionismo rondó el 60%. La OEA exhortó a Colombia a estudiar el fenómeno y es un buen momento para hacerlo porque la lección que este deja es que el sistema político y electoral está fallando y que muchos no se sienten representados ni incluidos en el actual. Hay movimientos sociales que no tienen representación en el Estado pero que realizan trabajo por sus comunidades y este es, indiscutiblemente, valioso y necesario. Por ello la expresión “Si usted no votó, no se queje” que en principio puede ser cierta, es perfectamente debatible.

Ya pasaron las elecciones y poco a poco irá pasando el guayabo. Solo resta, como dije en este espacio hace una semana, no ser simples espectadores y desligarnos de la idea de que la única obligación con la Democracia es hacerse contar con un voto en las elecciones. No basta con un “Congreso de la Paz”, necesitamos ser una ciudadanía de la paz.

@acastanedamunoz 

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