La chiva del doctor Clímaco

Por: Orlando Cadavid Correa.–

Bogotá, 27 de Abril ­_RAM_El constitucionalista paisa Clímaco Giraldo Gómez no comparte aquella vieja frase alzatista, según la cual, “la virginidad y la modestia son virtudes negativas”.

Para la muestra, este episodio de la vida nacional: Un reducido grupo de sus amigos más cercanos le reconoce hace 33 años la paternidad de la chiva sobre el fallido propósito de la justicia penal militar de poner preso, a finales de marzo de 1981, en Bogotá, al periodista Gabriel García Marquez, por supuesta complicidad con el M-19, la organización subversiva que acababa de apoderarse de un gran arsenal del Cantón de Usaquen, en cinematográfica acción subterránea.

El abortado procedimiento judicial se iba a efectuar en cuestión de horas con base en el polémico Estatuto de Seguridad puesto en vigencia durante el gobierno del Presidente Turbay para enfrentar la arremetida de la insurgencia guerrillera que ponía contra la pared al régimen de turno.

La espectacular primicia –que fue la cuota inicial del dilatado exilio del notable escritor en Méjico– la obtuvo el entonces decano de la Facultad de Derecho de la Universidad la Gran Colombia mientras compartía un café, en un establecimiento del centro de la metrópli capitalina, en la carrera séptima con la calle 13, con el magistrado caldense Heriberto Serna Botero, miembro de la sala civil del Tribunal Superior de Bogotá.

Serna le comentó a Giraldo que sabía de buena fuente que la justicia penal militar tenía todo listo para echarle al guante a Gabo, uno de los dueños de la revista izquierdista Alternativa, como presunto auxiliador de los grupos terroristas.

El jurista oriundo de Marinilla entró en contacto con Bernardo García Guerrero, el pastuso que oficiaba como gerente de la Editorial “Oveja Negra”, que publicaba los libros del fabulador de Aracataca, para ponerlo al corriente de asunto tan delicado. El poseedor de la información advirtió que prefería no figurar por ningún motivo en el manejo de la situación. La reserva que exigía era producto de su reconocida modestia, invencible a todas luces.

García Guerrero contactó rápidamente al periodista Iáder Giraldo Dávila, ex cronista político de El Espectador y amigo personal de García Márquez, y lo alertó sobre la inminencia de la detención de Gabito, quien podría ser confinado en una guarnición militar.

Puesto en conocimiento del problema, el escritor cataqueño buscó refugio en la embajada mejicana y obtuvo asilo político en ese país centro-norteamericano, hecho que le causó un gran daño a la imagen del gobierno turbayista en Colombia y en el exterior.

El Nobel de Literatura se reconcilió con su país en el gobierno del Presidente Belisario Betancur y reanudó sus esporádicos desplazamientos a su Colombia natal, sin renunciar al asilo mejicano, nación en la que vivió por espacio de media centuria y expiró a los 87 años de edad, el pasado jueves santo.

La apostilla: El doctor Clímaco Giraldo prefirió que no se le mencionara como fuente principalísima de semejante noticia, ocurrida en marzo del 1981, porque de haber sido identificado como tal, habría terminado sometido a torturas en las caballerizas de Usaquen, y ya tenía como antecedente anti-turbayista el haber tumbado en los altos estrados judiciales la Reforma Constitucional de 1979.

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