Encuestas señalan una paradoja en bonanza de Colombia

Por: Andrés Schipani /Financial Times

Bogotá, 15 de Mayo ­_RAM_Debía ser una tarea fácil. La economía de Colombia está creciendo rápido, las conversaciones de paz podrían poner fin a una insurgencia rebelde que existe desde hace 50 años, y se echó a andar un vasto programa de infraestructura. Sin embargo, el intento de reelección del presidente Juan Manuel Santos atraviesa dificultades.

Los ataques de la guerrilla a los oleoductos, las torpezas judiciales, los alegatos de corrupción y una huelga nacional de campesinos ha minado el apoyo para el candidato de centro, Santos, poco antes de las elecciones presidenciales del 25 de mayo, que son vistas como un plebiscito con respecto a las conversaciones de paz.

Los furiosos ataques por parte del expresidente Álvaro Uribe complican el panorama para Santos, pues aquel ha criticado las conversaciones de paz, a pesar de que la mayoría de los colombianos parece estar a favor de terminar con un conflicto que ha cobrado más de 200.000 vidas y ha contribuido al narcotráfico en el hemisferio.

“La paz nos ayudaría mucho a nosotros y a cualquier negocio en Colombia”, dijo Javier Gutiérrez, el director ejecutivo de Ecopetrol, una compañía nacional de energía que ha sufrido por los reiterados ataques de rebeldes a sus oleoductos, pues han representado más de US$300 millones en pérdidas este año.

El tenso ambiente de elecciones, en el que las encuestas arrojan una dura competencia entre Santos y Óscar Iván Zuluaga, el candidato que representa a Uribe, es de muchas maneras una paradoja, a causa de lo bien que está el país en algunos frentes.

“Los indicadores económicos son buenos e, incluso si todavía hay muchos problemas en Colombia, los indicadores sociales apuntan en la dirección correcta”, afirmó José Antonio Ocampo, exministro de Hacienda.

Los rebeldes de izquierda mantienen sus ataques contra la infraestructura en el cuarto productor de petróleo más grande de América Latina, a pesar de los comunicados que lanzan los líderes de las Farc apoyando el proceso de paz de la Habana.

Los analistas dicen que los ataques son una estrategia de las Farc para fortalecer su agenda en las discusiones de paz. Para el ELN, un grupo rebelde más pequeño, son una forma de presionar a favor de iniciar sus propias conversaciones de paz con el gobierno.

La paz “ciertamente le traerá dividendos a Colombia porque la hace más competitiva a nivel mundial”, dijo Daniel Linsker de Control Risks, una consultora, aunque llama la atención sobre el hecho de que la violencia, la inequidad y la corrupción se mantendrían.

El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, considera que la paz le sumaría un punto adicional al crecimiento económico, que está pronosticado actualmente en 4% este año. Además, se encuentra el programa de infraestructura de transporte, de US$50.000 millones, que inició luego de largas demoras en su planeación. Luis Fernando Andrade, el director de la Agencia Nacional de Infraestructura, dijo que le sumará hasta 1,5 puntos porcentuales al crecimiento económico durante su construcción, y 0,7% una vez que las nuevas carreteras comiencen a operar.

Según los críticos, un problema es que la agenda de reformas del presidente ha prometido mucho pero cumplido poco. Es un gobierno de buenos estudios pero poca acción. Además, el origen patricio de Santos no le ha ayudado a establecer un vínculo con los votantes.

“La economía en general va bien, pero está disociada de la política nacional, la política regional, los empresarios, los jueces, los campesinos y las guerrillas, que pelean desde sus propias esquinas”, dijo Carlos Caballero, un ex ministro de Minas y Energía que da clase en la Universidad de los Andes.

“Esto se traduce en una falta de cumplimiento por parte del presidente, que realmente no logra sintonizarse con la gente”. Otro problema son las tradiciones intensamente legalistas de Colombia, que Santos llama “una telaraña” y que a menudo lo han enredado. Este año se vio forzado por las cortes a destituir y luego restituir al alcalde de Bogotá.

  Share: