El periodismo colombiano entre dos fuegos

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez.–

BOGOTA, 04 de Mayo_ RAM_ Alguien decía que el periodismo es escribir lo que algunos no quieren escuchar y que lo demás son simples y llanas relaciones públicas.

El periodismo colombiano ha sido calificado en más de una oportunidad como uno de los mejores del mundo, porque ha tenido gente dedicada y que se ha dedicado a investigar, pero en estos momentos estamos cayendo en una pereza profesional y no porque no hayan talentos, sino que muchas veces por el asunto comercial, solo se dicen las noticias que la gente quiere escuchar y no las que son verdaderas noticias y lo peor de todo, no estamos educando, nos estamos dedicando a un periodismo plástico, en donde interesa es los errores que las personas cometan y no los logros que éstas alcancen y lo peor de todo es que se está presentando una situación bastante difícil y es que se está dejando de hacer el buen periodismo para hacer periodismo de intereses y es por eso que ese ha comenzado a perder respeto en muchos sectores a esa bella profesión que es el periodismo y que lo vemos en más de una oportunidad manipulado por diferentes sectores.

Digo en el título que el periodismo colombiano está entre dos fuegos y eso es verdad, hace algunos años se dijo que Colombia era uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo y se hablaba por el conflicto fratricida que vive el país desde hace más de 6 décadas, primero por asuntos políticos y partidistas y segundo, por el nacimiento de grupos al margen de la ley como las FARC, los paramilitares y ahora las mal llamadas Bacrim.

Son muchos los periodistas que por defender sus ideas, decir la verdad de lo que está sucediendo especialmente en las regiones han perdido su vida o se han visto obligados a salir del país, sin rumbo conocido. Las investigaciones sobre estas muertes han quedado en la impunidad y la justicia da vueltas y vueltas y vueltas, primero se hacen los consabidos escándalos y golpes de pecho por lo sucedido y se anuncian las exhaustivas investigaciones, pero a la hora de la verdad no pasa nada y la vida sigue igual, como la canción de Julio Iglesias.

Da lástima como en algunos sectores del Gobierno y en sectores políticos se da una imagen totalmente errónea del periodista, una imagen de un personaje molesto, que solo sirve para cuando habla bien de los personajes y cuando dicen las cosas por las faltas que estos nefastos seres comente son malos y en más de una oportunidad el periodista no pasa a ser más que un convidado de piedra.

En algunos eventos, se les encierra en lugares en donde no se les deja salir, porque no deben acercarse a los personajes y que no decir de la policía que parece que las instrucciones que les dan es de hacer la vida dura al Reportero que está detrás de la noticia, al que si no se le ve una cámara de televisión no pasa de ser un don nadie, porque la creencia es que solo son periodistas los que llevan cámara de televisión o logotipos de empresas de reconocidos nombres, olvidándose que ese incognito que va muchas veces sin una grabadora, que se mete e investiga lo que está pasando en contra de los que no tienen voz, que por lo general es la población desprotegida es el verdadero periodista.

Son muchas cosas las que suceden en contra de un gremio sin protección, que muchas veces no cuenta con los medios económicos para tener una vida digna, porque existe aquello de las clases sociales, unos jefes que ganan mucho y figuran otro tanto y otros que trabajan y trabajan y no figuran y mucho menos ganan.

Decía el fallecido Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez que la base del periodismo son los reporteros, pero aquí no se respetan y hay una imagen muy diferente y es por eso que pasas sin pena ni gloria y son pocos los reconocimientos que se les dan, cuando de entregar premios en cualquiera de las categorías se trata.

En dos fuegos Si, y lo digo con toda la autoridad, porque he ejercido esta bella profesión por más de cuarenta años y he sido testigo de cómo muchos de mis colegas han caído bajo las balas de los grupos alzados en armas y otros maltratados por el propio Estado, sin que las cosas pasen a mas, he sido testigo también que en más de una oportunidad se haya tenido que recoger limosna para dar cristiana sepultura a uno de los buenos periodistas, que quede claro, no a uno de los reconocidos periodistas.

Son el trompo de poner, los que ponen el pecho a las balas, los que hacen un buen periodismo y a los que no se les reconoce, muchas veces, vuelvo y repito, quedando impunes sus muertes.

Me sentí muy orgulloso este 3 de mayo cuando un grupo de periodistas en la ciudad de Medellín salieron a la calle a protestar, contra la detención de un fotógrafo del periódico El Colombiano, no simplemente por el respaldo que se le daba al colega, sino por ese grito lastimero lanzado a los cuatro vientos de una Colombia indolente con el gremio, en donde el día de la libertad de expresión, una o dos agremiaciones dieron a conocer lacónicos comunicados, el Gobierno habló de respetar la libertad de expresión, pero una cosa es hablarlo y otra cosa es cumplirlo y tanto para los políticos como para otros sectores este día pasó sin pena ni gloria.

Hay que respetar el llamado Quinto Poder, que parece que esa lucha de unos cuantos sea cada día más dura, porque a otros tantos no les importa lo que está pasando.

Soy feliz de ejercer la profesión más bella del mundo y a lo largo de los años haber podido contar tantas historias importantes sobre lo que hacen los colombianos buenos, como son los campesinos, los deportistas, los trabajadores de las ciudades y los que los Grandes ignoran.

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